Blogia
ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

tras la tormenta

DESPUÉS DE LA TORMENTA
Mª CARMEN y FERNANDO, misioneros
SAN MARCOS (GUATEMALA).

ECLESALIA, 28/10/05.- Amigos y amigas: Desde San Marcos, Guatemala, reciban un fraternal saludo de esperanza. ¿Qué consecuencias ha dejado el huracán Stan? A nivel nacional: 280.396 damnificados. 24.212 viviendas destruídas o dañadas. 1,507 muertos y desaparecidos. 847 kilometros de carreteras afectadas. Concretamente en el departamento de San Marcos: 256 comunidades afectadas; 412 muertos y desaparecidos; 3,741 viviendas arrasadas; 13,175 viviendas dañadas; 145 escuelas destruídas o dañadas; 23 puentes arrastrados por las corrientes; 56 acueductos y sistemas de agua destruídos. En la comunidad en donde vivimos, aldea Champollap, se destruyó totalmente el sistema de agua y estamos sin el vital líquido desde el 5 de octubre. El 80 % de la agricultura del sudoccidente del país se ha perdido, con un costo aproximado de 3 mil millones de pérdidas lo que equivale a 400 millones de dólares, lo que significa que el año entrante va a ser de hambruna.

El huracán ha generado mucha destrucción y muerte, pero también ha despertado mucha solidaridad entre los pueblos, a nivel nacional e internacional. Nos hacemos eco del Comunidado de la Conferencia Episcopal: “En esta hora hemos podido admirar los gestos de heroísmo de quienes han salido en busca del hermano necesitado de ayuda. Hemos experimentado la solidaridad de personas, familias, instituciones y grupos que se han volcado de corazón en ayuda de sus hermanos. Muchas parroquias de todas nuestras diócesis se han entregado en gestos de solidaridad y ayuda. Lo mejor del pueblo guatemalteco es términos de generosidad ha salido a relucir en este tiempo de dolor. Y hemos visto también sus frutos: han conseguido salvar muchas vidas y han llevado alivio al que sufría hambre o sed y padecía enfermedad; han distribuído agua y vestidos. Y, sobre todo, han hecho posible que no se perdiera la esperanza. En cada gesto de amor, podemos leer la bondad de Dios en medio de la adversidad”.

Agradecemos a todos los amigos y amigas su solidaridad con el pueblo de Guatemala y concretamente con el departamento de San Marcos, que ha sido el más afectado del país. Han venido ayudas de España, Panamá, Estados Unidos, Venezuela... Hemos recibido la visita de la reina Sofía y del embajador de España. Mención especial merece la ayuda de Cuba, que ha enviado a San Marcos más de cien médicos que, con mucha generosidad y dedicación, están prestando sus servicios en los pueblos y aldeas más apartados. Todo esto es un signo de esperanza, porque son pasos hacia la globalización de la solidaridad frente a un mundo neoliberal cada vez más inhumano.

Cuando ocurren las grandes tragedias “naturales” los más golpeados son siempre los pobres, los que viven en las laderas de las montañas, en los barrancos, en las orillas de los ríos o en los tugurios de miseria de las áreas marginales suburbanas. Esta catástrofe ha sacado a flote la cruel desigualdad que tenemos, la abismal diferencia entre la oligarquía y el pueblo empobrecido, en su mayoría campesino e indígena. Los damnificados son las víctimas de un sistema estructuralmente injusto e inhumano. Por eso podemos decir que más que una catástrofe natural es una catástrofe social, fruto del “pecado del mundo” del que habla el Evangelio.

En medio del dolor estamos aprendiendo mucho del pueblo, un pueblo sufrido que no pierde la esperanza. El caserío Independencia del municipio de Ayutla, fue completamente arrasado por las aguas del río Suchiate que hace frontera con México. Un señora pobre, vecina de este caserío y madre de cinco niños, nos llevó al lugar donde había estado su casita. Lo perdió todo, absolutamente todo, pero con una extraordinaria paz y, casi bromeando, dijo: lo importante es que hemos salvado la vida. Otro señor, Ricardo, campesino, originario de la aldea Piedra Grande, municipio de San Pedro Sacatepéquez, perdió a su esposa y a sus hijos menos a una hija de dieciséis años que fue rescatada de las aguas torrenciales que arrasó su casa. En medio del dolor por la pérdida de su familia, de su casa y de sus tierras, expresó con serenidad: sólo nos queda confiar en Dios y seguir adelante.

La Diócesis de San Marcos, con su obispo Alvaro Ramazzini al frente, ha asumido desde el primer momento de la tragedia, un papel de servicio a los damnificados, llevando comida a los albergues, participando en el Comité Departamental de Emergencia (COE); en la Comisión de Transparencia para que las ayudas sean distribuídas con equidad (donde participa Fernando); apoyando a nivel psicosocial a los damnificados (donde participa Maricarmen); colaborando en la elaboración de un diagnóstico de cara a la reconstrucción... Nuestra Diócesis contempla en los damnificados el rostro sufriente de Cristo y hace un llamado para que la solidaridad no se limite sólo en dar de comer sino también en ayudar a cambiar las estructuras injustas. La solidaridad nos exige a todos ayudar a “bajar de la cruz a los crucificados”, para que tengan una vida plena, una vida digna, porque para eso vino Cristo al mundo “para que todos tengamos vida y vida en abundancia” (Jn 10,10).

En algunos ambientes se escucha que estas catástrofes son “voluntad de Dios”, “que así está escrito en la Biblia”. Nosotros decimos que Dios no envía catástrofes para castigar a los seres humanos en las que los pobres son siempre los damnificados. No podemos responsabilizar a Dios de nuestras irresponsabilidades. La desigualdad social, las condiciones inhumanas en que viven muchos hombres y mujeres, el deterioro del medio ambiente con el calentamiento del planeta que provoca huracanes y tormentas tropicales cada vez más frecuentes y más intensas… son responsabilidades humanas, particularmente de los poderosos de este mundo y de los países industrializados.

Desde este rincón de Centroamérica nos solidarizamos con el pueblo salvadoreño, que también ha sufrido los estragos del huracán, con los pobres (negros e hispanos) de Estados Unidos, con el pueblo de Chiapas y Yucatán en México, con los pueblos de Pakistán y Cachemira y con los migrantes saharianos y subsaharianos. Lo que acontezca en cualquier parte del mundo afecta al corazón de todo hombre y mujer solidario, señalaba Ernesto Che Guevara. Estamos convencidos de que sólo los hombres y mujeres con profundidad ética y espiritual, con corazón solidario y conciencia universal serán capaces de aportar a un desarrollo sostenible y a la construcción de un mundo nuevo más humano. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Amigos y amigas, esto es lo que hemos querido compartir con ustedes.

Unidos en la esperanza y en la solidaridad,

San Marcos, 26 de octubre de 2005
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres