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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

nueva orleans

NUEVA ORLEANS
Joaquín José Martínez Sánchez
MADRID.

ECLESALIA, 07/09/05.- Acabo de leer un mensaje de Bernabé, un compañero keniata de teología, ya ordenado con los misioneros del Espíritu Santo, que está sirviendo a una comunidad en Houston, Texas. Nos cuenta que la ciudad se está llenando de refugiados/as como resultado del huracán y las inundaciones en los estados del Atlántico sur de USA, especialmente en Nueva Orleans.

Perdonad que este desastre humanitario sea motivo para hacernos recordar las causas de las catástrofes que están afectando a la humanidad más vulnerable desde hace décadas.

Las sequías prolongadas en el África subsahariana, actualmente en Mali, no sólo han hecho muy difícil sobrevivir sino que han forzado todavía más el ciclo de la emigración. Precisamente en Mali se reunieron miles de ONGs en un Foro alternativo durante el acontecimiento mediático del G-8, aunque no nos enterásemos. Es bastante probable que esta representación terrena de la sociedad civil sea más eficaz que las nebulosas celestes del G-8.

Los monzones en el Sudeste asiático son asoladores, cada año con más fiereza. En el Caribe y en Centroamérica los huracanes; en el Pacífico latinoamericano, los ciclones relacionados con el Niño; las inundaciones en Centroeuropa; la sequía en España. Algunos de estos fenómenos son explicables por las contingencias del clima local durante centenares de años; en tal medida eran previsibles y de hecho previstos en muchas culturas. Pero sus efectos se han multiplicado a causa del cambio climático, tanto por el calentamiento de la atmósfera, el deshielo de los polos y la subida del nivel del mar, como por el oscurecimiento terrestre, provocado por la contaminación. Todavía son más graves debido a la acción directa de un sistema económico olvidado de la humanidad a quien debería servir: en vez de fortalecer a los más pobres, los hace aún más vulnerables. La prueba de que podría ser de otro modo es que la catástrofe no afecta a todos/as por igual. Los medios para prevenirla y afrontarla deberían estar al alcance de todos/as.

Sorprende que en USA el huracán Katrina (amigas, qué pesadez al calificar con nombre femenino de "mujer fatal" un fenómeno natural que podría llamarse George) haya provocado un desastre de ese tamaño. Supongo que no se pondrán a perder el tiempo y el sentido con ideas estúpidas sobre la condena de Dios y el castigo de los arcángeles, en boca de Pat Robinson o similares. Quizás decidan tomar en serio la constatación de que ni la administración ni las grandes empresas petroleras o turísticas, ni la pena de muerte en el Sur de USA les protegen de un peligro que es resultado directo del cambio climático: las mareas han desbordado los diques de una ciudad centenaria, como otras muchas en todo el planeta. La miseria mueve a la gente a tomar lo que necesitan para subsistir, aunque lo llamen rapiña y, eso sí, a veces se produzca con violencia. Me parece más grave que la policía mate a diestro y siniestro: ayer, a cinco subcontratistas del cuerpo de ingenieros del ejército.

Si la ingente cantidad de recursos que se han empleado en la 4a. guerra mundial (la tercera fue "fría", ésta sólo recalienta el medio ambiente y las relaciones entre los pueblos) se dirigiera en el futuro a aceptar el protocolo de Kioto y trabajar para que descendieran las emisiones de CO2, junto con otras formas de contaminación, además de colaborar en el desarrollo y la prevención en otros países, seguramente se evitarían otras catástrofes en el futuro. Por ahora, se pueden mitigar sus efectos desastrosos si la solidaridad global es efectiva por medio de la sociedad civil globalizada y se deja coordinar por las Naciones Unidas.

Las iglesias tienen mucho que decir y hacer como miembros activos de la sociedad civil y como testigos insustituibles del amor de Dios Madre-Padre, para que no nos dominen los demonios de la violencia y el miedo, la injusticia sacralizada de cualquier forma. Será más fácil cuando las mujeres sean ministras y cuando la participación esté organizada de modo que los/as laicos/as también seamos "visibles" en la estructura: ya véis que la cooperación y la ayuda humanitaria no depende de partidos ni de una democracia basada en la cooptación y la competencia, sino de una toma de conciencia global que bebe y mana en gran medida de la esperanza creyente. La conciencia viva y la democracia efectiva se orientan a facilitar que todos/as participen de hecho según sus capacidades, que puedan dialogar pacíficamente y llegar a acuerdos realizables sobre los medios y sobre los fines.

¿Tiene la humanidad futuro? ¿Puede la Iglesia reducirse a un club de selectos puritanos seguros de su salvación (o de la condenación de los otros, que es peor), otra casta más que ocupe su lugar junto a quienes predicen el declive de la humanidad y el fin de los días, tomando el sol o la sombra en su cueva dorada?

Incluso los Rolling, a sus sesenta años, se atreven a poner en riesgo los privilegios obtenidos en el Olimpo para denunciar el horror de la era Bush: "You call yourself a Christian I think that you're a hypocrite"

A mí me gustaban más los Beatles y los hyppies que sus "satánicas majestades". Pero habrá que admitir que la edad no es impedimento para denunciar con veracidad profética cómo nos están hundiendo en la miseria en medio de una abundancia verificable, escatológica.

Un abrazo y mucho ánimo a Kileu Barnabás (Bernabé).
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