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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

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SINGAPUR, LONDRES, EL G-8 Y EL DIVINO SALVADOR
JON SOBRINO
SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA. 20/07/05.- Para ver cómo anda nuestro planeta no hay más que recordar lo que ha pasado del 6 al 8 de julio: Singapur, Londres y el G-8. Muchas son las reflexiones que provienen normalmente desde el Occidente que se llama democrático, y que ahora ya no se atreve a llamarse cristiano. No por ello dejan de ser, a veces, reflexiones sensatas, pero por lo general son más encubridoras que iluminadoras, más al servicio del Occidente de abundancia que de los pobres de este mundo. Nosotros queremos hacer otro tipo de reflexiones que se suelen silenciar o que se descalifican como idealistas y utópicas -y quizás no les falta algo de razón a los críticos. Son reflexiones utópicas e idealistas, y son sobre todo indefensas ante el poder con que se difunden las reflexiones “políticamente correctas”. Al final haremos una breve memoria del Divino Salvador.

Londres. 7 de julio. La injusticia, la barbarie y el horror son evidentes. Es evidente que el dolor de las víctimas y de los supervivientes debe llegar al fondo del corazón. Y es también evidente que hay que buscar -con justicia y razón- seguridad para que no se repita esta barbarie que pone al planeta entero en vías de mayor deshumanización. Desde El Salvador, desde la represión y guerra en el pasado, los diez homicidios diarios en la actualidad, lo comprendemos bien. Dicho esto, he aquí las reflexiones indefensas.

a) Nada de lo anterior exime preguntarse el “por qué” de esta barbarie. El que sea aberrante no excluye razones que la expliquen en algo, y no hacer esas preguntas es comenzar con falta grave de honradez con lo real, mantener la hybris, la arrogancia, que tanto combatió Pablo: la visión de la realidad que tiene Occidente es la única visión o al menos la más verdadera. Así habló Bush el 11 de septiembre, Aznar el 11 de marzo...

b) Siguiendo con reflexiones utópicas, ¿por qué no releer nuestra historia de Occidente, sus gruesos y duraderos pecados, con ocasión de estas tragedias? ¿Por qué -para garantizar la seguridad- intentar sólo la vía de la tecnología, de la inteligencia policial y del potencial bélico, y no intentar la vía de la conversión, dar pasos de pedir perdón y perdonar, de reconciliarnos? Si sólo se sigue las primera vía habrá más Afganistán, más Iraq, y también más Londres.

c) Lo hemos dicho varias veces. Occidente sabe muy bien que hubo un 11-S y un 11-M, ahora recordará el 7-J, pero no le interesa en absoluto recordar un 7-O (7 de octubre de 2001 cuando la comunidad internacional democrática bombardeó Afganistán) ni el 30-M (30 de marzo de 2003 cuando un grupo de países demócratas bombardearon a Iraq). Recordar esto no es utópico ni idealista. Es el mínimo de honradez con lo real. Y mientras ignoremos el calendario de los pobres -su existencia- no habrá solución.

d) Sí se han expresado algunas razones para lo de Londres: los terroristas islámicos en definitiva no aceptan “el modo de vida” de Occidente. Indudablemente esto no justifica lo que hicieron. Pero sí remite a una pregunta más honda: ¿no habrá otras personas y grupos humanos, nada terroristas, nada fanáticas religiosamente, a quienes no les gusta el modo de vida de Occidente? Sobre eso volveremos al hablar de Singapur. Pero digamos ya que es un dogma fundamentalista occidental que a todos les tiene que gustar el mundo de abundancia de Occidente.

e) Recordemos una cita de obispos, brasileños y mexicanos, después del bombardeo contra Afganistán. No hacen política, y no les asusta la verdad.

“Lo que se está gastando en la operación militar contra Afganistán sería suficiente para liberar a esa nación y a muchas otras del hambre, la miseria y la destrucción a que están sometidas, inaugurando relaciones de respeto y cooperación, de ayuda y solidaridad, y no agravando sufrimientos e implantando nuevas semillas de odio e incomprensiones...

Guerra y venganza contra otra nación soberana, prácticamente indefensa, de manera unilateral e imperialista, por uno o más países, que son al mismo tiempo parte y juez, destruyen las bases de la convivencia internacional e instauran la ley de la selva y del más fuerte, destruyendo las salvaguardas del derecho...

La prolongada indiferencia internacional ante las situaciones de inhumana miseria que afectan a una parte mayoritaria y creciente de la población mundial está dejando una huella de sufrimiento y de muerte por todo el mundo, y también está generando resentimientos y protestas contra un reducido número de países que imponen este nuevo orden internacional, del que ellos disfrutan con el apoyo de organismos internacionales y de sus políticas de ajuste económico...”.

Lloremos a las víctimas de Londres y trabajemos para que no se repita. Y pongamos al Occidente de abundancia en el camino del que hablan estos obispos.

G-8. En otro lugar de este número se analiza en más detalle lo ocurrido. Aquí sólo queremos hacer unas breves reflexiones, de las idealistas y utópicas.

a) No sorprende que se junten los países más ricos, ahora son siete más uno que quiere serlo, para decidir sobre todo el planeta, sobre su vida y su muerte. ¿No está aquí la raíz de la perversión de la democracia? ¿Qué palabra tienen los pobres de este mundo? ¿A qué tribunal pueden acudir, democráticamente, a pedir justicia?

b) Un analista llama al G-8 “circo”, con algunas oportunidades que hay que aprovechar. Pero las cosas no están para reír. Que a Bush le guste o no el calentamiento de la tierra, es una cosa. Pero que un país sea eficazmente amo y señor hasta del frío y del calor, es para llorar. Y dicen que la próxima guerra será por el dominio del agua.

c) No sé si lo repetiría hoy, pero en 1989 el Padre Ellacuría terminó una conferencia hablando de “otros continentes” -se refería al primer mundo- “que no tienen esperanza y que lo único que realmente tienen es miedo”. A los grandes, miedo produce el terrorismo, evidentemente, pero miedo produce también el que miles de gentes se junten durante las reuniones del G-8, y se gastan muchos millones de dólares en autodefenderse. Y viene la pregunta: si los siete o los ocho realmente tienen la voluntad de resolver los graves problemas de este mundo, ¿por que será que las manifestaciones, grandes, numerosas, recurrentes, se perciben como amenazantes? ¿Será que todos los manifestantes son desagradecidos y se han vuelto locos? ¿O será que los siete o los ocho -dejados a su libre voluntad- no están decididos a salvar a este mundo?

d) Una reflexión muy personal. Ojalá los grandes ayuden, pero que lo hagan de puntillas y con la máxima humildad. Este año, 2005, hablan de Africa casi como si fuesen sus salvadores. ¿No llevan hablando de Africa y su tragedia, durante 30 ó 40 años, voluntarios, médicos y enfermeras, sencillas religiosas, modestos comités de solidaridad? Y sobre todo ¿no son los propios africanos y africanas, el pueblo pobre organizado desde las iglesias o la sociedad civil, quienes dan nombre, dignidad y existencia a Africa? Los grandes podrán dar dólares a Africa -y ojalá lo hagan con eficacia. Pero en el mundo occidental, quien ha dado nombre, dignidad y existencia a Africa no son ellos. Son la buena gente de siempre, que, estén lejos o estén cerca físicamente, se asocian a los africanos y africanas, se dan las manos y el corazón para que salga fuera de sus fronteras la verdad de su realidad, tanto sufriente como esperanzadora. Suerte es para estos solidarios haberles conocido. Han servido en silencio. Y cuando hablan, no es para hablar de ellos y sus grandezas, sino de sus hermanos y hermanos africanas.

Singapur. Extrañará mezclar a Singapur con Londres y el G-8. Pero no están del todo desconectados.

a) En Singapur se efectuó la elección de los juegos olímpicos del 2012. Y se convirtió en un símbolo de la apoteosis del mundo de abundancia. Parece que éste ya no sabe hacer nada sin pompa deslumbrante y faraonismo, aunque según los casos se supere estéticamente el síndrome de Hollywood. En otras palabras, Singapur no sólo ha costado una millonada, sino que es un símbolo de la “civilización de la riqueza”, ante la que hay que rendirse y agradecer sus beneficios.

b) A esto responderán que Singapur -como los mundiales, y otros acontecimientos faraónicos, como bodas reales, inauguraciones presidenciales...- genera empleo, pero siempre queda la pregunta de por qué la humanidad no puede generar empleo en formas más austeras y normales. Se dirá que ofrece un espectáculo relajante y un entretenimiento merecido, y que les encanta a los pobres, pero queda la pregunta de por qué la humanidad no inventa otras formas de entretenimiento y gozo más sencillas, más al alcance de todos, que reproduzcan menos la parábola del ricachón y el pobre Lázaro. Se dirá que promueve la unidad de los pueblos, pero queda la pregunta de por qué esa unidad gira alrededor de Londres, París, Madrid y Nueva York, y no alrededor de Kabul, La Habana y Kinshasa.

c) Y los grandes de este mundo estaban ahí. Siempre en primera fila, siempre protagonistas, siempre con aires de benefactores de la humanidad. ¿No será posible volver al sentido común, a la austeridad, al gozo de ser familia humana, sin dejarse deslumbrar por todo lo que sea poder?

d) En resumidas cuentas Singapur es una poderosa expresión -junto a otras-, de la “civilización de la riqueza”. Para proclamar sus bondades a Occidente quizás le gustaría más que se hablara de la “civilización de la democracia”. En otros ámbitos, como el eclesial y religioso, se suele hablar de la “civilización del amor”. Ellacuría, analítico y utópico a la vez, hablaba de la “civilización de la pobreza”. Con ello no quería repartir pobreza obviamente, sino denunciar a una civilización de la riqueza que no ha generado bienes suficientes para las mayorías y que no ha civilizado. Y no veía otra forma de hacer real históricamente la “civilización del amor”.

El Divino Salvador. El 6 de agosto celebraremos la fiesta del Divino Salvador, modesta, popular, sin grandes pretensiones. No se compara en nada a lo que hemos dicho hasta ahora. Y sin embargo puede traer cosas muy buenas a nuestro mundo si recordamos que el Divino Salvador no es otro que Jesús de Nazaret.

En medio de Singapur, Londres y G-8, nos propondría la humanización como tarea primaria, y nos exigiría que pongamos a los pobres del mundo en el centro de la sociedad. Bueno es que estos pobres lleguen algún día -Dios sabe cuándo- a ser “ciudadanos” de democracias, pero más urgente es ponerlos en el centro. Y quizás nos diría Jesús de Nazaret que Ellacuría tenía razón, que hay que trabajar por una “civilización de la pobreza”.

“La civilización de la pobreza rechaza la acumulación del capital como el motor de la historia y la posesión-disfrute de la riqueza como principio de humanización, y hace de la satisfacción universal de las necesidades básicas el principio del desarrollo y del acrecentamiento de la solidaridad compartida el fundamento de la humanización”.

“Esa civilización de la pobreza es la que realmente da espacio al espíritu, que ya no se verá ahogado por el ansia de tener más que el otro, por el ansia concupiscente de tener toda suerte de superfluidades, cuando a la mayor parte de la humanidad le falta lo necesario. Podrá entonces florecer el espíritu, la inmensa riqueza espiritual y humana de los pobres y los pueblos del tercer mundo, hoy ahogada por la miseria y por la imposición de modelos culturales más desarrollados en algunos aspectos, pero no por eso más plenamente humanos”.

Sirvan estas reflexiones idealistas y utópicas para recordar al Divino Salvador.
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