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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

moral de lo cotidiano

JOSÉ IGNACIO CALLEJA, Profesor de Moral Social Cristiana

VITORIA.

ECLESALIA, 11/04/05.- Tiempos difíciles éstos para valorar los comportamientos sociales más repetidos. Recuerdo haber leído que, cuando sólo lo extraordinario y catastrófico es noticia, lo cotidiano es irrelevante. Y es cierto. Entre el miedo a pecar de elitismo moral, esa forma tan insoportable de aparición de la ética, y el sabio aprendizaje del “¿a mí qué me importa?”, un cierto silencio se adueña de la vida pública española, en aras de un falso respeto democrático. ¿Cómo se explica, si no, la programación matutina y vespertina de la inmensa mayoría de las televisiones, por más que se recurra al consabido, “la gente lo quiere”? Esas mesas de trabajo en los platós televisivos, con discusiones interminables y ridículas, cuando no agresivas e indignas, sobre la vida de los “famosos” y demás “personajes”, son intrínsecamente inmorales. Que la guerra lo es más, como se suele argumentar, o que muchos negocios económicos y políticos no lo son menos, apenas vale para identificar males de la misma especie, pero no para exculpar a nadie. Esos programas, tertulias, concursos, noticiarios y reportajes, son una montaña rusa, sin posible parada, de lo que debemos llamar “violencia moral”. Lo quieran sus protagonistas y beneficiarios, o no, son violencia moral y a ella inducen sin tapujos ni miramientos. Que hay que analizar caso por caso, como también se dice, de acuerdo, pero para clasificar la liga de las indignidades, necedades y, al cabo, violencias.

Y si de la televisión pasamos a otro fenómeno de masas, el fútbol, a ver qué está pasando con los mínimos debidos a la dignidad de las personas. ¿O es que los hinchas quedan exonerados de su condición de personas al entrar en un campo de fútbol? Que si los negros son insultados como “monos”, que si los latinoamericanos como “sudacas”, que si a los otros se les insulta por su condición sexual, real o supuesta, que si a los de más allá por su procedencia nacional... y, así, una casuística sin final. Y otra vez la misma cantinela, que “es el fútbol y ya se sabe... que es la pasión, la ilusión, el desbordamiento irrefrenable...”. Sí, cierto, pero todo tiene un punto, y el de la dignidad de las personas, de todas las personas, es un punto y aparte, y el que lo traspasa en el fútbol, es incívico e inmoral, y, además, lo traspasará fácilmente en el trabajo, en el coche y en casa. Y otra vez, no me vale, que todos tenemos zonas morales frágiles y fallos personales serios, porque esto es emborronarlo todo para ocultar lo inaceptable: cuando el racismo aparece en el fútbol, hay que identificarlo y atajarlo con la ejemplaridad que un deporte tan querido requiere. ¿O es que la conciencia democrática no está especialmente extendida entre quienes viven del fútbol o lo dirigen? ¿O es que la ética de la dignidad igual de todos no es, precisamente, el valor mejor asimilado por la gente del fútbol y por la gente de los medios? Tenemos tarea.
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