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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

volcado

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Solemnidad de Cristo Rey Mateo 25, 31 – 46
UN JUICIO EXTRAÑO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 19/11/08.- Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino…

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

esconder

esconder

33 Tiempo Ordinario (A) Mateo 25, 14 – 30
NO ENTERRAR NUESTRA RESPONSABILIDAD
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 12/11/08.- La parábola de los talentos es un relato abierto que se presta a lecturas diversas. De hecho, comentaristas y predicadores la han interpretado con frecuencia en un sentido alegórico orientado en diferentes direcciones. Es importante que nos centremos en la actuación del tercer siervo, pues ocupa la mayor atención y espacio en la parábola.

Su conducta es extraña. Mientras los otros siervos se dedican a hacer fructificar los bienes que les ha confiado su señor, al tercero no se le ocurre otra cosa que «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro. Cuando el señor llega, lo condena como siervo «negligente y holgazán» que no ha entendido nada. ¿Cómo se explica su comportamiento?

Este siervo no se siente identificado con su señor ni con sus intereses. En ningún momento actúa movido por el amor. No ama a su señor, le tiene miedo. Y es precisamente ese miedo el que lo lleva a actuar buscando su propia seguridad. Él mismo lo explica todo: «Tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra».

Este siervo no entiende en qué consiste su verdadera responsabilidad. Piensa que está respondiendo a las expectativas de su señor, conservando su talento seguro, aunque improductivo. No conoce lo que es una fidelidad activa y creativa. No se implica en los proyectos de su señor. Cuando éste llega, se lo dice claramente: «Aquí tienes lo tuyo».

Cuando se piensa que el cristianismo ha llegado a un punto en el que lo único o lo primordial es «conservar» y, no tanto, buscar con coraje y confianza en el Señor, caminos nuevos para acoger, vivir, y anunciar su proyecto del reino de Dios, estamos olvidando cuál es nuestra verdadera responsabilidad.

Si nunca nos sentimos llamados a seguir las exigencias de Cristo más allá de lo enseñado y mandado siempre; si no arriesgamos nada por hacer una Iglesia más fiel a Jesús; si nos mantenemos ajenos a cualquier conversión que nos pueda complicar la vida; si no asumimos la responsabilidad del reino como lo hizo Jesús, buscando «vino nuevo en odres nuevos», es que necesitamos aprender la fidelidad activa, creativa y arriesgada a la que nos invita su parábola.

insensatez

insensatez

32 Tiempo Ordinario (A) Mateo 25, 1 – 13
ENCENDER LAS LÁMPARAS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 29/10/08.- Entre los primeros cristianos había, sin duda, discípulos «buenos» y discípulos «malos». Sin embargo, al escribir su evangelio, Mateo se preocupa sobre todo de recordar que, dentro de la comunidad cristiana, hay discípulos «sensatos» que están actuando de manera responsable e inteligente, y hay discípulos «necios» que actúan de manera frívola y descuidada. ¿Qué quiere decir esto?

Mateo lo explica al recoger dos parábolas de Jesús. La primera es muy clara. Hay algunos que «escuchan las palabras de Jesús», y «las ponen en práctica». Toman en serio el Evangelio y lo traducen en vida. Son como el «hombre sensato» que construye su casa sobre roca. Es el sector más responsable: los que van construyendo su vida y la de la Iglesia sobre la autenticidad y la verdad de Jesús.

Pero hay también quienes escuchan las palabras de Jesús, y «no las ponen en práctica». Son tan «necios» como el hombre que «edifica su casa sobre arena». Su vida es un disparate. Construyen sobre el vacío. Si fuera sólo por ellos, el cristianismo sería pura fachada, sin fundamento real en Jesús.

Esta parábola nos ayuda a captar el mensaje fundamental de otro relato en el que un grupo de jóvenes salen, llenas de alegría, a esperar al esposo, para acompañarlo a la fiesta de su boda. Desde el comienzo se nos advierte que unas son «sensatas» y otras «necias».

Las «sensatas» llevan consigo aceite para mantener encendidas sus lámparas; las «necias» no piensan en nada de esto. El esposo tarda, pero llega a medianoche. Las «sensatas» salen con sus lámparas a iluminar el camino, acompañan al esposo y «entran con él» en la fiesta. Las «necias», por su parte, no saben cómo resolver su problema: «se les apagan las lámparas». Así no pueden acompañar al esposo. Cuando llegan es tarde. La puerta está cerrada.

El mensaje es claro y urgente. Es una insensatez seguir escuchando el Evangelio, sin hacer un esfuerzo mayor para convertirlo en vida: es construir un cristianismo sobre arena. Y es una necedad confesar a Jesucristo con una vida apagada, vacía de su espíritu y su verdad: es esperar a Jesús con las «lámparas apagadas». Jesús puede tardar, pero no podemos retrasar más nuestra conversión.

patear

patear

G-20, LA CUMBRE DEL DIOS MAMÓN
PEPE LAGUNA, pepe.laguna@yahoo.es
PARLA (MADRID).

ECLESALIA, 30/10/08.- El presidente español Rodríguez Zapatero anda estos días pateándose medio mundo, en busca de apoyos que avalen su presencia en la cumbre que reunirá el 15 de Noviembre en Washington a los líderes de las 20 principales economías del mundo (G-20). ¡Cómo no va a estar España, octava potencia mundial, en ese encuentro! Yo echo de menos una actividad diplomática similar por parte de Benedicto XVI, no porque el Papa deba reivindicar para el Vaticano una posición privilegiada en el ranking de los países ricos, sino porque alguien debería exigir la presencia en esa cumbre de los millones de empobrecidos que constituyen la mayoría numérica del planeta. Una exigencia que la Iglesia podría/debería asumir como propia.

Si en la cumbre se van a decidir los fundamentos de un nuevo orden económico mundial, esto no puede hacerse de espaldas al sufrimiento de las tres cuartas partes de la población. No es verdad que los principales problemas de la humanidad sean el endeudamiento del Leaman Brother, el desplome de Wall Street o la bajada del IBEX. Los verdaderos problemas son la sangría de muertos en las pateras del Estrecho, el genocidio inminente en la república Democrática del Congo, o la hambruna endémica del continente africano. Aunque los informativos nos lo presenten con sordinas eufemísticas: “muertos por hipotermia”, “fallecidos por inanición”, la realidad que golpea el estómago y la conciencia es que, en el siglo XXI, hay seres humanos –especialmente niños y niñas- que mueren de hambre y frío. El problema del mundo no es que el banco Santander Central Hispano gane algo menos de los 10.000 millones de euros previstos para el 2008, sino los 13 millones de africanos amenazados por el hambre, los 200 mil niños de la calle de Brasil, los 25 millones de desplazados internos o los 10 millones de refugiados a causa de los conflictos armados.

Desde su cercanía compasiva al dolor de los excluidos, la Iglesia samaritana debería gritar su indignación a la cumbre de adoradores del becerro de oro. Alguien debería recordarles a los sumos sacerdotes del mercado, que la alteridad radical de la realidad son los pobres de este mundo por delante de cualquier otro interés.

Si la erradicación de la pobreza no es el asunto prioritario de la cacareada cumbre mundial, asistiremos a una ceremonia del culto al dios Mamón que exigirá la sangre de víctimas inocentes para seguir alimentando los graneros del rico Epulón. Ojalá la Iglesia se sienta urgida por el sufrimiento de tantos hombres y mujeres y exija su presencia profética en esa cumbre. Benedicto XVI debería comenzar ya a patearse el mundo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


en sus manos

en sus manos

Conmemoración de todos los difuntos (A) Juan 14, 1 – 6
LLORAR Y REZAR
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 29/10/08.- Podemos ignorarla. No hablar de ella. Vivir intensamente cada día y olvidarnos de todo lo demás. Pero no lo podemos evitar. Tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrebatándonos a nuestros seres más queridos.

¿Cómo reaccionar ante ese accidente que se nos lleva para siempre a nuestro hijo? ¿Qué actitud adoptar ante la agonía del esposo que nos dice su último adiós? ¿Qué hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y personas queridas?

La muerte es como una puerta que traspasa cada persona a solas. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio. ¿Cómo vivir esa experiencia de impotencia, desconcierto y pena inmensa?

No es fácil. Durante estos años hemos ido cambiando mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más vulnerables. Más escépticos, pero también más necesitados. Sabemos mejor que nunca que no podemos darnos a nosotros mismos todo lo que en el fondo anhela el ser humano.

Por eso quiero recordar, precisamente en esta sociedad, unas palabras de Jesús que sólo pueden resonar en nosotros, si somos capaces de abrirnos con humildad al misterio último que nos envuelve a todos: «No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios. Creed también en mí».

Creo que casi todos, creyentes, poco creyentes, menos creyentes o malos creyentes, podemos hacer dos cosas ante la muerte: llorar y rezar. Cada uno y cada una, desde su pequeña fe. Una fe convencida o una fe vacilante y casi apagada. Nosotros tenemos muchos problemas con nuestra fe, pero Dios no tiene problema alguno para entender nuestra impotencia y conocer lo que hay en el fondo de nuestro corazón.

Cuando tomo parte en un funeral, suelo pensar que, seguramente, los que nos reunimos allí, convocados por la muerte de un ser querido, podemos decirle así: «Estamos aquí porque te seguimos queriendo, pero ahora no sabemos qué hacer por ti. Nuestra fe es pequeña y débil. Te confiamos al misterio de la Bondad de Dios. Él es para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Sé feliz. Dios te quiere como nosotros no hemos sabido quererte. Te dejamos en sus manos». (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

corresponsabilidad

corresponsabilidad

NUESTRA CORRESPONSABILIDAD ECLESIAL
Carta abierta al obispo de Barcelona y a los otros obispos de la Tarraconense
COMUNITAT CRISTIANA JOAN N. GARCÍA-NIETO
CORNELLÀ DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 28/10/08.- Queridos hermanos en Cristo, Lluís Martínez Sistach y obispos de la Iglesia Tarraconense: Al acabar un curso de reflexión sobre la Iglesia, sentimos el deseo de compartir con nuestro Obispo de Barcelona algunos de nuestros puntos de vista e inquietudes con ocasión de su visita pastoral a Cornellá. Como no hubo ocasión de hacerlo, ahora os queremos hacer llegar estas inquietudes a vosotros, obispo de Barcelona, pero también a los otros obispos de la Tarraconense, con la voluntad de colaborar en aquella renovación constante que es propia de la Iglesia, según nos recordó el Vaticano II. En primer lugar tenemos el gusto de presentarnos y a continuación compartiremos nuestras reflexiones.

La comunidad Joan N. García-Nieto

Somos la comunidad cristiana popular Joan N. García-Nieto, de Cornellà. Hace más de cuarenta años iniciamos nuestra experiencia eclesial y hoy, después de un largo y difícil camino, somos más de cincuenta personas, la mayoría de las cuales procedemos de los movimientos laicos del tardo franquismo: HOAC, ACO y JOC. Con la gracia de Dios hemos vivido grandes transformaciones y adaptaciones de acuerdo con los signos de los tiempos.

El perfil de nuestra vida comunitaria ha sido, sin duda fruto del Concilio Vaticano II. Nuestra juventud quedó impregnada e iluminada por las novedades eclesiales que surgieron de la inspiración del Papa bueno, Juan XXIII, y de las conclusiones que el episcopado mundial, guiado por el Espíritu Santo, supieron traducir en constituciones y documentos aprobados por mayoría. Para nosotros, en el momento actual, todavía constituyen guías y referentes básicos de nuestra concepción de Iglesia.

Durante nuestros inicios nos acompañó sobretodo Joan N. García-Nieto París, s.j. y también el laico Alfonso Carlos Comín, cristianos de valor reconocido, que fueron determinantes para impulsar el espíritu comunitario en todos y cada uno de nosotros. A pesar de ello, fueron acusados de comunistas y herejes por determinados sacerdotes que dirigían algunas parroquias de Cornellá. Pero siguiendo el ejemplo de Joan N. García-Nieto hemos tenido prudencia y audacia para hacer frente a las descalificaciones y distanciamientos. La jerarquía lo consideró siempre un político y un líder obrero y despreció su obra “pastoral”. Hicimos un largo camino juntos y en su intenso recorrido sufrió mucho – en buena parte su sufrimiento procedía de ver una Iglesia poco enraizada en los problemas del mundo – hasta que su delicado corazón se paró la mañana del 23 de julio de 1994, catorce años exactos después de la muerte de Alfonso Carlos Comín. No murió como muchos hubiesen deseado, participando en algún miting político o encabezando una manifestación obrera en el Baix Llobregat. Joan moría mientras celebraba la habitual eucaristía de las 8 de la mañana, acompañado de una quincena de viejitas. Acabada la consagración del pan y del vino, de repente se desplomó sobre el altar y de la herida que se produjo su sangre se mezcló con la del cáliz recién consagrado. ¡Qué regalo que Dios le concedió!

La comunidad siempre ha sido un grupo abierto y promotor de comunión eclesial en Cornellá y en toda nuestra zona, aunque reconocemos que hemos tenido ciertas dificultades para relacionarnos con la jerarquía, excepto con los vicarios episcopales de aquellos tiempos, Mn. Batlles y Josep Vidal Aunós, con los cuales colaboramos a través del consejo pastoral de la zona sur. Después de aquella muerte de Joan, todos sus detractores de iglesia se quedaron sin palabras. A nosotros la ausencia de Joan N. García-Nieto nos dejó anonadados y con cierto temor por el futuro de nuestra comunidad. Pero la obra de Joan había de tener continuidad y pronto su ausencia la vivimos como una forma de presencia entre nosotros, dándonos ánimos para continuar adelante, tal como Jesús hizo con sus seguidores, aun reconociendo, como es obvio, nuestra pobreza ante la Buena Nueva de Cristo y las exigencias de su seguimiento.

Sobre nuestra vida actual, hicimos llegar un resumen a través del Arcipreste de Cornellá al Arzobispo de Barcelona con ocasión de su visita pastoral.

Nuestra visión de la Iglesia actual

Queremos ahora comunicaros nuestra visión de la Iglesia, teniendo en cuenta vuestra gran responsabilidad en su guía. Nuestra dinámica comunitaria nos lleva a hacer reflexiones sobre muchos temas que nos interesan, con la voluntad de afrontarlos desde una actitud profética a ejemplo de Jesús. Desde el mes de septiembre del 2007, hemos reflexionado sobre la situación actual y futura de la Iglesia a través del estudio de documentos, reflexiones personales, encuentros de discernimiento en grupos y finalmente haciendo una puesta en común entre todos los miembros de la comunidad. A lo largo de la reflexión, hemos tomado conciencia de la importancia del tema y hemos sentido la necesidad de haceros llegar nuestras conclusiones como exigencia de nuestra corresponsabilidad eclesial y de la caridad fraterna.

En primer lugar, creemos que la Iglesia no hace autocrítica de los errores históricos y desviaciones del Evangelio. Acostumbra a usar apologéticas y actitudes defensivas que la gente ya no acepta. Tuvo lugar el Concilio Vaticano II, que fue un verdadero brote primaveral. Hoy, después de cuarenta años, tenemos la sensación de que, sin pasar por un verano de frutos maduros y abundantes, desde las instancias superiores del Vaticano y con la colaboración de determinadas conferencias episcopales, la han puesto en un invernadero permanente. ¡Cuántos grupos y personas intentamos un verdadero “aggiornamento”! Pero finalmente, desmotivados e incomprendidos, muchos se han ido quedando por el camino de la historia.

Mucho más cerca de nosotros, preparamos y celebramos la Asamblea Diocesana de Barcelona, donde muchos nos implicamos con gran entusiasmo. ¿Y qué queda? Una de las conclusiones principales era la de potenciar las pequeñas comunidades, sin embargo nunca nos hemos sentido apoyados ni nos ha llegado ninguna iniciativa para recoger nuestras aportaciones. Más tarde tuvo lugar el Sínodo de la Iglesia Catalana. Parece que todas las conclusiones y esperanzas han sido engullidas por la Conferencia Episcopal Española. Podríamos aludir a otros hechos y acontecimientos, pero creemos que los ejemplos mencionados son suficientemente claros.

En segundo lugar, queremos manifestar nuestra preocupación por el progresivo alejamiento de la Iglesia por parte de diversos sectores de la sociedad. Históricamente se dice que la Iglesia empezó por perder los sectores intelectuales, a continuación s desentendió del ámbito obrero, de lo cual tenemos una experiencia muy cercana. En las últimas décadas se alejan los jóvenes, a pesar del esfuerzo que habéis hecho para catequizarlos. Y hoy serán las mujeres las que, de forma masiva, se alejen de la Iglesia por el injustificado grado de marginación que todavía se les impone. Desde nuestra modesta opinión, la Iglesia representada por los estamentos superiores pierde credibilidad y autoridad.

Lo mismo sucede con otros aspectos eclesiales como la atribución personal del Papa para escoger a todos los obispos del mundo. Aceptamos que el Papa tenga la responsabilidad de confirmar en la fe a sus hermanos, pero no se tendría que atribuir la autoridad de reservarse el nombramiento de todos los obispos. Creemos que en los lugares donde la Iglesia está establecida, el nuevo obispo se tendría que escoger en su propia diócesis y ser aceptado por la mayoría de los fieles y el nombramiento, como mucho, debería ser competencia de la Conferencia Episcopal, o todavía más adecuado del ámbito regional.

En tercer lugar, desde mucho tiempo atrás los obispos son un colectivo silencioso y sumiso a las indicaciones y deseos del Papa. A la mayoría no se les ve con el carisma del liderazgo y tienen poca capacidad para adaptarse a las nuevas exigencias pastorales de los fieles.

En concreto, continua pendiente una asignatura del Magisterio que es una decidida colaboración en el crecimiento adulto de la fe, para que se pueda actuar libre y responsablemente, sin coartar la libertad y la conciencia de las personas. De esta manera nos ahorraríamos tantos listados moralistas, confeccionados a menudo por personas alejadas de los problemas de la gente y no caeríamos en fundamentalismos ya pasados de moda. Como esto todavía está por hacer, el orden moral está estratificado con capas de decisión-poder y capas de obediencia. Así se explica el sufrimiento de muchos cristianos cuando nos desviamos de los dictámenes del Magisterio.

Las declaraciones de la CEE, desde hace mucho tiempo, más que declaraciones para dar ánimos a los creyentes resultan “regañizas constantes” contra el gobierno español o contra leyes aprobadas democráticamente por el Parlamento español o contra todos aquellos que no son fácilmente sumisos ni de derechas. La gente estamos bastante cansados de ser guiados por unas autoridades que dicen gobernar en nombre de Jesucristo.

En Cataluña todavía sufrimos los ataques, descalificaciones y mentiras por parte de la COPE, que desprecian nuestra cultura, nuestra historia y nuestra gente. Nos consta que los obispos de Cataluña hacen alguna cosa para enmendar esta situación totalmente inaceptable, pero resulta del todo insuficiente. Es necesaria una denuncia decidida para evitar que un medio de comunicación avalado por la jerarquía española actúe de forma tan partidista y tan alejada del mensaje evangélico, expandiendo odio y menosprecio.

Para acabar, queremos manifestar que es necesario recuperar la Iglesia como comunidad, como pueblo de Dios, con mecanismos para el diálogo fraternal, con dedicación preferente hacia los más pobres y desvalidos (a menudo desconcertados y ofendidos por el fasto y los signos pomposos de la cúpula eclesial). Una Iglesia donde todos nos podamos sentir corresponsables y con reconocimiento de todos los carismas como aportaciones valiosas para completar el cuerpo místico de Cristo.

Hemos querido hacer uso de nuestra libertad cristiana y de nuestra corresponsabilidad eclesial, con afecto y respeto y muy conscientes de que también nosotros formamos parte de esta Iglesia necesitada de reforma. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Atentamente: Comunidad Cristiana Joan N. García-Nieto

al suelo

al suelo

MIRANDO AL SUELO
Lucas 13, 10-17
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@wanadoo.es

ECLESALIA, 27/10/08.- Jesús acudía el centro religioso para compartir su mensaje y no parecía preocupado por la estructura, la forma, la puesta en escena del momento pues se daba cuenta de quienes estaban entre el auditorio. Su mirada era panorámica al tiempo que particular, humana y llena de compasión.

Descubre entre la gente a una mujer encorvada que no puede enderezarse. La persona es mujer y además está enferma, recalco. Ni corto ni perezoso la llama. En este caso no es ella la que se acerca sino él quien reclama su atención. El estado de la mujer debía ser penoso y Jesús, sin mediar palabra para recabar información, le dice: “Mujer, queda libre de tu enfermedad”. Imponiéndoles las manos “enseguida se puso derecha”. Si sumamos compasión más palabra más gesto, el resultado es milagro.

Pero, naturalmente, el hecho tuvo repercusión oficial: “El jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado dijo a la gente: seis días tenéis para trabajar, venid esos días a que os curen, y no los sábados”. Tiene muchos matices la actuación de la autoridad oficial religiosa.

Por un lado, estaba indignado porque Jesús no había cumplido la ley de no trabajar el sábado pero, curiosamente, no se dirige a él. Quizás porque descubre una autoridad que supera la suya propia; así que arremete con los sencillos, los que estaban en la sinagoga. Tampoco se dirige a la mujer que es la beneficiaria de la curación. Ella no ha trasgredido la ley, no se ha movido solicitando nada. El único trasgresor es Jesús movido por la compasión.

De su boca salió como un torrente una palabra: “Hipócritas” resonando en la sinagoga. “Cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea en sábado? Y a esta que es hija de Abrahán y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?”.

El jefe de la sinagoga debió quedarse desconcertado, sin comprender que su actuación que era absolutamente legal, que cualquier persona de bien podría entender y aceptar, era tirada por el suelo dejándole en una situación de vergüenza ante la asamblea. Hay que entender también a este hombre: la mujer en su tiempo no contaba nada, y además estando enferma, mucho menos. El buey o el burro podía ser salvados en sábado porque de ellos dependían muchos trabajos para la vida. Pero, la mujer podía esperar, nada dependía de si estaba derecha o encorvada.

Para Jesús, sin embargo, era prioridad sacarla de la esclavitud, es decir, de todo lo que la tenía encorvada, y prepararla para una vida de libertad de hija de Dios. Ella al experimentar lo que se le regalaba, “glorificaba a Dios”.

“Toda la gente se alegraba de los milagros que hacia”, pero algunos “quedaron abochornados” y encorvados mirando al suelo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

lo esencial

lo esencial

30 Tiempo Ordinario (A) Mateo 22, 34 – 40
PASIÓN POR DIOS, COMPASIÓN POR EL SER HUMANO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 22/10/08.- Cuando olvidan lo esencial, fácilmente se adentran las religiones por caminos de mediocridad piadosa o de casuística moral, que no sólo incapacitan para una relación sana con Dios, sino que pueden desfigurar y destruir gravemente a las personas. Ninguna religión escapa a este riesgo.

La escena que se narra en los evangelios tiene como trasfondo una atmósfera religiosa en que maestros religiosos y letrados clasifican cientos de mandatos de la Ley divina en «fáciles» y «difíciles», «graves» y «leves», «pequeños» y «grandes». Imposible moverse con un corazón sano en esta red.

La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el «espíritu perdido»: ¿cuál es el mandato principal?, ¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo? La respuesta de Jesús, como la de Hillel y otros maestros judíos, recoge la fe básica de Israel: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser».

Que nadie piense que se está hablando aquí de emociones o sentimientos hacia un Ser Imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones. «Amar a Dios con todo el corazón» es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como fuerza creadora y salvadora, que es buena y nos quiere bien.

Todo esto marca decisivamente la vida pues significa alabar la existencia desde su raíz; tomar parte en la vida con gratitud; optar siempre por lo bueno y lo bello; vivir con corazón de carne y no de piedra; resistirnos a todo lo que traiciona la voluntad de Dios negando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas.

Por eso el amor a Dios es inseparable del amor del amor a los hermanos. Así lo recuerda Jesús: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No es posible el amor real a Dios sin descubrir el sufrimiento de sus hijos e hijas. ¿Qué religión sería aquella en la que el hambre de los desnutridos o el exceso de los satisfechos no planteara pregunta ni inquietud alguna a los creyentes? No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como «pasión por Dios y compasión por la humanidad». (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).