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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

al suelo

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MIRANDO AL SUELO
Lucas 13, 10-17
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@wanadoo.es

ECLESALIA, 27/10/08.- Jesús acudía el centro religioso para compartir su mensaje y no parecía preocupado por la estructura, la forma, la puesta en escena del momento pues se daba cuenta de quienes estaban entre el auditorio. Su mirada era panorámica al tiempo que particular, humana y llena de compasión.

Descubre entre la gente a una mujer encorvada que no puede enderezarse. La persona es mujer y además está enferma, recalco. Ni corto ni perezoso la llama. En este caso no es ella la que se acerca sino él quien reclama su atención. El estado de la mujer debía ser penoso y Jesús, sin mediar palabra para recabar información, le dice: “Mujer, queda libre de tu enfermedad”. Imponiéndoles las manos “enseguida se puso derecha”. Si sumamos compasión más palabra más gesto, el resultado es milagro.

Pero, naturalmente, el hecho tuvo repercusión oficial: “El jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado dijo a la gente: seis días tenéis para trabajar, venid esos días a que os curen, y no los sábados”. Tiene muchos matices la actuación de la autoridad oficial religiosa.

Por un lado, estaba indignado porque Jesús no había cumplido la ley de no trabajar el sábado pero, curiosamente, no se dirige a él. Quizás porque descubre una autoridad que supera la suya propia; así que arremete con los sencillos, los que estaban en la sinagoga. Tampoco se dirige a la mujer que es la beneficiaria de la curación. Ella no ha trasgredido la ley, no se ha movido solicitando nada. El único trasgresor es Jesús movido por la compasión.

De su boca salió como un torrente una palabra: “Hipócritas” resonando en la sinagoga. “Cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea en sábado? Y a esta que es hija de Abrahán y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?”.

El jefe de la sinagoga debió quedarse desconcertado, sin comprender que su actuación que era absolutamente legal, que cualquier persona de bien podría entender y aceptar, era tirada por el suelo dejándole en una situación de vergüenza ante la asamblea. Hay que entender también a este hombre: la mujer en su tiempo no contaba nada, y además estando enferma, mucho menos. El buey o el burro podía ser salvados en sábado porque de ellos dependían muchos trabajos para la vida. Pero, la mujer podía esperar, nada dependía de si estaba derecha o encorvada.

Para Jesús, sin embargo, era prioridad sacarla de la esclavitud, es decir, de todo lo que la tenía encorvada, y prepararla para una vida de libertad de hija de Dios. Ella al experimentar lo que se le regalaba, “glorificaba a Dios”.

“Toda la gente se alegraba de los milagros que hacia”, pero algunos “quedaron abochornados” y encorvados mirando al suelo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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