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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

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OTRA VEZ SOBRE PAGOLA Y SU LIBRO SOBRE JESÚS
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, experto en Moral Social Cristiana, igcalleja@euskalnet.net
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 02/03/10.- Si Pagola no ha aportado “nada”, -como dicen sus críticos y no comparto-, a nivel de investigación histórica, lo tiene que debatir “la universidad”, y con todo, si lo hubiera hecho bien, ¡y “todos” dicen que “como aproximación histórica” lo ha hecho bien!, seguiría siendo una síntesis valiosísima de lo que "los mejores" han aportado. Y si cae en la elucubración teológica por sus “supuestos aprioris”, como dicen sus críticos, otra vez es “la universidad” la que tiene que debatir sobre esos “supuestos”: si los hay; si son aprioris; si son antecedentes de la teología, cómo se formulan; y por supuesto, si las tesis teológicas y “dogmáticas” más discutidas están ahí, en el texto, o es que sus censores las deducen porque ellos fundamentan la misma fe en distinta “aproximación histórica”, ¡a veces ninguna!, distinta teología, ¡a veces más metafísica griega que teología cristiana!, y distinta eclesiología, ¡a veces, las más, cuerpo místico de Cristo, sin Encarnación, vida terrena, bienaventuranzas y pobreza de vida!

Pagola, su libro y él mismo, es honesto en su “aproximación histórica”. Algunos teólogos-obispos, en su valoración, no lo reconocen compatible con la fe de la Iglesia; otros teólogos-obispos sí lo reconocen propio en su propósito “histórico-critico”, y coherente con una teología católica que integra esos datos. La Iglesia tiene un problema y no es justo zanjarlo en la “obscuridad”. La teología hace tiempo que debate sobre cómo integrar esos logros de la “jesulogía”. No los convierte en dogmas históricos, sabe de su provisionalidad en muchos de ellos, y de la diversidad de corrientes hermenéuticas; respeta ese debate y asume lo que parece más seguro. Pero no toma el molde de la dogmática escolástica y menos sale a la caza de lo que no cabe en su horma. Todo es mucho más dialógico y argumentativo, y al cabo, objetivo; históricamente objetivo, como todo lo humano al gustar de la Verdad. Es la teología la que tiene que acoger las verdades de la historia, y hacerlo con sabiduría fiel a los datos inapelables de las ciencias humanas y a las fuentes de la revelación cristiana. Ha de ser muy beneficioso en esta mezcla mirar desde muy abajo y muy adentro en los anhelos de los hombres y mujeres más pobres; a veces, en la Iglesia; a veces fuera de ella; pocas veces muy arriba en su ministerio ordenado. Qué le vamos a hacer, cuánto más nos reconocen en el ministerio de gobierno, más nos alejamos por lo común de la ortodoxia de Mateo 25, y nos aproximamos a la "institucional". En caso de duda, "es mejor la muerte de uno solo, que no que perezca todo el pueblo". "Perspicacia" eterna, ¡no sabiduría!, de las instituciones que sobreviven.

Los vigilantes de la ortodoxia teológica, llamémoslo amablemente, y tal como lo conocemos, “servicio a la fe”, tienen que desarrollar la tarea con mucha inteligencia sobre sus propios “aprioris” teológicos y creyentes, más aún, sobre su “propio modo de hacer teología”, y, según creo, leyéndose mil veces la Primera de Corintios, 13. Si todo el mundo tuviera la visión del Jesús de Pagola, ¡yo me alegraría!, pero el resultado teológico podría ser monocorde; pero impedirlo es un indicativo insuperable de cómo nos cuesta asumir el Jesucristo entero. Por el bien de la Iglesia y de la fe de los sencillos, se dice, pero, objetivamente, no es así; es la exaltación del Cristo de Dios, sin el Jesús, también de Dios. La ortodoxia de las bienaventuranzas es como un espejo de dos caras. Pone en su sitio al observado y al observador. Paz y bien. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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