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este rincón

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HE VISTO ÁGORA
CÉSAR ROLLÁN, eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 15/10/09.- He visto Ágora. Fui a ver la última película de Amenábar. Impresionante, minuciosa, espectacular. Excelente interpretación de Rachel Weisz en el papel de Hipatia. Una ambientación genial…

Se está escribiendo mucho sobre Ágora. He tratado de leer de todo y buscar, sobre todo, el contraste con la historia de los hechos narrados. Salí del cine inquieto y revuelto.

¿Qué pasó con los descubrimientos cosmológicos de la filosofía clásica? Que se rechazaron aquellos que no concordaban con la literalidad de la Biblia.

¿Es cierto que el sobrino del obispo Teófilo tenía “mano firme”? Tanto como que el papa Benedicto XVI dice que Cirilo gobernó la sede de Alejandría “con gran energía durante 32 años, buscando afirmar siempre el primado en todo Oriente”.

¿Se impuso el cristianismo como religión única del imperio? En el edicto de Tesalónica del 380 el emperador afirma: “Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la administración de nuestra clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los romanos”.

¿Murió Hipatia a manos de los cristianos? Parece que el carácter exaltado de los alejandrinos era tal que llegaron a matar cruelmente a dos obispos impuestos por la corte imperial de Constantinopla.

La muerte de la filósofa alejandrina no fue tanto una cuestión religiosa como política. Unos gobernantes “convertidos” a la religión impuesta. Unos pastores con ansia por afirmarse como poder civil. Una mujer que con su sabiduría participó de forma activa en la vida pública de su ciudad.

Ágora no es una película en la que se coloque una cosmovisión, una religión, una cultura por encima de otra. Después del 415 la historia continuó imparable hasta nuestros días. Los historiadores pueden hablar detenidamente sobre cada momento.

Ágora subraya lo que pasa cuando no se piensa, cuando no se cuestiona nada, cuando se deja la conciencia personal en manos de otros, cuando los que mandan imponen, cuando el afán de controlar se salta los principios que se predican, cuando la vida vale en función de los intereses de unos pocos.

Ágora me preocupa si esta historia de cine se repite hoy. Con otros personajes, con otros manipuladores, con otras persecuciones. Quizá no aparezca la violencia como en aquella historia. Quizá no muera nadie a manos de otros. Quizá no sea ya la religión, cualquier religión, la excusa. O quizá sí. No me cabe duda de que sigue habiendo seres humanos a los que no les causa ningún problema pisotear a sus semejantes.

Ágora me deja una gran inquietud pero me anima a pensar, a reflexionar sobre lo que me dicen que es bueno, a cuestionar lo que me dan como válido, a buscar constantemente la verdad de mi fe, de mis actos, de mi vida, de mis esperanzas.

La cámara, siempre que puede, se escapa de Alejandría. Llega más allá de las nubes para tomar un plano general de la ciudad. Se aleja tanto que alcanza a ofrecer una imagen panorámica de nuestro planeta. Una sugerente perspectiva para vernos pequeños, insignificantes, ocultos… invitados a compartir este rincón del universo en paz. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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