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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

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JESUS, REBELDE
JOSÉ MARÍA GARCÍA-MAURIÑO, Cristianos por el Socialismo

ECLESALIA, 08/01/07.- El Mensaje de Jesús es revolucionario. En el Evangelio de Lucas, en el interrogatorio ante Pilatos, las masas le gritan tratando de acusarle: “Este solivianta al pueblo enseñando por todo el país empezando en Galilea” (Lc.23,5). Jesús está por el cambio, no puede dejar las cosas como están, porque el mundo que él vivía era injusto: unos vivían muy bien a costa de otros que lo estaban pasando mal. Lo cómodo es seguir como siempre sin cambiar nada. Jesús no puede quedarse impasible, mirando para otro lado, al ver las masas arrastrándose por la pobreza y la miseria. “Se me conmueven las entraña al ver a esta gente” (Mc. 8,2). La indiferencia se queda con los brazos cruzados, no hace nada ante el dolor ajeno. Y esto hace más daño que la violencia que causa el sufrimiento humano.

Soliviantar significa mover el ánimo de la gente para inducirle a adoptar una actitud rebelde u hostil en orden a cambiar el orden público y moral, dice el Diccionario de Lengua. La manera de soliviantar no es violenta, es “enseñando”. La enseñanza es una forma de subvertir el orden establecido: poner las cosas patas arriba. Jesús no estaba de acuerdo con la escala de valores de aquella sociedad que no es muy distinta de la nuestra de ahora Lo de arriba lo pone abajo. Lo que consideramos como perdido es lo que vale, lo que todo el mundo estima que es bueno, no es tan bueno. Lo que se tiene por poder es debilidad. Siempre prevalece la vida sobre la muerte, la verdad sobre la mentira, la libertad sobre la dependencia. Y siempre el amor por encima de todo.

Las parábolas son un ejemplo claro de la rebeldía de Jesús ante el orden establecido. Aparecen dos grupos de personas: la gente respetable y la gente insignificante, los don nadie, los inmigrantes, los trabajadores, los enfermos, las mujeres, los que no figuran en esta sociedad. Hacen patente que lo que tendría que ser lo normal en la vida, es lo “raro”. Presentan la vida tal y como es y por otra parte la vida tal y como tendría que ser o como podría ser. ¿Es normal que el hijo que dilapidó toda la fortuna de su padre y viviendo desenfrenadamente le organicen una fiesta por todo lo alto cuando vuelve a casa? Este es el hijo perdido. Jesús pone la vida al revés. Tiene preferencia por los perdidos. Jesús hace fiesta, se alegra, por la vuelta de su hijo que “estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y se le ha encontrado” (Lc. 15.24). Igual le pasa con la oveja perdida: “dadme la enhorabuena he encontrado la oveja que se me había perdido” (Lc.15,6) que con la moneda que había perdido la mujer. Tiene menos valor el hijo mayor que se queda en casa, las 99 ovejas que se quedan en el redil, o el resto del dinero de la mujer. Lo que para la mayoría no tiene valor, está perdido, eso es lo que prefiere Jesús. Porque Zaqueo devuelve la mitad de sus bienes dice Jesús que la salvación ha entrado en su casa. Jesús “ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo” (Lc.19,9) ¿Quiénes son los que pierden y quienes los que ganan? Jesús vino buscando los “balas perdidas” para salvarlos.

“Los últimos serán los primeros” (Mc 10,31). Los más necesitados de todo, de comida, de aprecio social y humano, a los que no se les reconoce sus derechos, los analfabetos, los que no tienen dignidad, esos, los pobres, los que tienen hambre, los que desprecia casi todo el mundo, los últimos, esos son los primeros para Jesús, es una inversión radical de los valores y de la situación establecida. Jesús corta por lo sano y lo dice sin rodeos “El que quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35). Jesús es un raro, un hombre extraño, todo lo saca de quicio.

Su predicación fue en Galilea. (Mc.1,14). Jesús, para realizar su misión docente, no se fue a la capital, Jerusalén, ni siquiera a la importante provincia de Judea. Todo lo contrario. Jesús se fue enseguida a una región lejana, habitada por humildes campesinos y pescadores pobres. Gentes que además resultaban sospechosas. Esto significa que la primera decisión importante que tomó Jesús, fue irse a vivir y a desarrollar su actividad, a predicar su mensaje, en la región de los pobres y de las gentes que, en aquel tiempo, eran consideradas como una población que carecía de influencia, que no vivía en la abundancia y que, para colmo, tenía mala fama.

¿A quien se le ocurre decir que para ser feliz es necesario ser pobre? “Felices los que eligen ser pobres, porque van a tener a Dios por rey” No es más feliz el que tiene más, no es más valorado el que tiene ‘tanto vales cuanto tienes’ sino, según Jesús, el que es capaz de compartir y no acumular. Para los ricos hay una maldición: “Ay de vosotros los ricos”. Acá, en este sistema, parece ser lo contrario: es feliz y se le da la enhorabuena el que hace dinero, al que le toca la lotería, el que tiene muchos bienes, mucho dinero en el banco, el que tiene varias casas, y magníficos coches. Ese es el que puede “fardar”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


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