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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

otra clase

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OTRA CLASE DE RELIGIÓN ES POSIBLE
No podemos seguir así
CÉSAR ROLLÁN
MADRID.

Parece claro que así no podemos seguir. Es necesario clarificar de una vez por todas esta situación. Hay muchas sensibilidades y animadversiones a flor de piel, por no hablar del poder y dinero que hay de por medio. No podemos seguir así con “lo de la clase de religión”.

¿Qué hacer con la clase de religión? La religión es un hecho en nuestra sociedad, en nuestras culturas, en el interior de millones de seres humanos; es un hecho cierto, palpable a diario, liberador o condicionante para multitud de conciencias. La escuela es el lugar en el que se imparten las enseñanzas necesarias que capacitan a la persona en una formación integral. Desde la escuela, su estructura y organización de materias se debe justificar la integración o no de los saberes humanos. La educación religiosa tiene sentido desde la escuela, como un saber más que capacita en una formación integral. No es difícil de justificar.

¿Qué educación religiosa para la clase de religión? Teniendo en cuenta lo anterior, parece que la enseñanza de la religión más adecuada sería la educación en el hecho religioso y las religiones como materia obligatoria y evaluable en todos los cursos y con un profesorado cualificado. No sería difícil diseñar un programa de estudios de infantil, primaria, secundaria y bachillerato, sistemático, atractivo, motivador, multicultural en el que se conserven las tradiciones propias que hagan comprensible nuestra cultura, abierto a las nuevas “incorporaciones” y, en cualquier caso, con sentido de trascendencia. Es urgente dignificar al profesorado de religión en la escuela pública, su acceso al puesto de trabajo como el resto de docentes, valorar su salario y condiciones laborales.

¿Y el derecho de los padres a la una formación para sus hijos acorde con sus propias creencias y convicciones? El estado español es aconfesional, “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, pero de acuerdo con las convicciones de la familia se podría organizar en el ámbito escolar una formación religiosa específica como actividad voluntaria, con los mismos derechos y ayudas que el resto de actividades que se propongan los padres y madres en cada centro escolar. No sería difícil organizar la catequesis en coordinación con la parroquia, o cualquier otro tipo de formación religiosa en las escuelas, al igual que se organizan clases extras de “guitarra” o de “predeporte”. Además, cada proyecto de centro (público, concertado o privado) podría establecer las adaptaciones que se crean oportunas según su capacidad.

Lo que está claro es que no podemos seguir así. No vale ni el odio visceral a la religión en todas sus formas ni el empeño en mantener privilegios como si fueran derechos. No vale desterrar la educación religiosa a materia sin peso académico, ni mantener el discurso único en una sociedad multiconfesional.

Es necesario clarificar de una vez por todas esta situación. Basta ver el diseño curricular de la educación religiosa en Gran Bretaña para darse cuenta de que sí es posible.

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