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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Biblia

alegría y paz

alegría y paz

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Paz y bien

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ALEGRÍA Y PAZ
Juan, segundo domingo de Pascua
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 19/04/06.- No les resultaba fácil a los discípulos y discípulas expresar lo que estaban viviendo. Se les ve acudir a toda clase de recursos narrativos. El núcleo, sin embargo, siempre es el mismo: Jesús vive y está de nuevo con ellos. Esto es lo decisivo. Recuperan a Jesús lleno de vida.

Los discípulos se encuentran con el que los había llamado y al que habían dejado solo. Las mujeres abrazan al que había defendido su dignidad y las había acogido como amigas. Pedro llora al verlo: ya no sabe si lo quiere más que los demás, sólo sabe que lo ama. María de Magdala abre su corazón a quien la había seducido para siempre. Los pobres, las prostitutas y los indeseables lo sienten de nuevo cerca, como en aquellas inolvidables comidas junto a él.

Ya no será como en Galilea. Tendrán que aprender a vivir de la fe. Deberán llenarse de su Espíritu. Tendrán que recordar sus palabras y actualizar sus gestos. Pero, Jesús, el Señor, está con ellos lleno de vida para siempre.

Todos experimentan lo mismo: una paz honda y una alegría incontenible. Las fuentes evangélicas, tan sobrias siempre para hablar de sentimientos, lo subrayan una y otra vez: el resucitado despierta en ellos alegría y paz. Es tan central esta experiencia que se puede decir, sin exagerar, que de esta paz y esta alegría nació la fuerza evangelizadora de los seguidores de Jesús.

¿Dónde está hoy esa alegría en una Iglesia, a veces tan cansada, tan seria, tan poco dada a la sonrisa, con tan poco humor y humildad para reconocer, sin problemas, sus errores y limitaciones? ¿Dónde está esa paz en una Iglesia tan llena de miedos, tan obsesionada por sus propios problemas, buscando casi siempre su propia defensa antes que la felicidad de la gente?

¿Hasta cuándo podremos seguir defendiendo nuestras doctrinas de manera tan monótona y aburrida, si, al mismo tiempo, no experimentamos la alegría de «vivir en Cristo»? ¿A quién atraerá nuestra fe si, a veces, no podemos ya ni aparentar que vivimos de ella?

Y, si no vivimos del Resucitado, ¿quién va a llenar nuestro corazón, dónde se va a alimentar nuestra alegría? Y, si falta la alegría que brota de él, ¿quién va a comunicar algo «nuevo y bueno» a quienes dudan, quién va a enseñar a creer de manera más viva, quién va a contagiar esperanza a los que sufren? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

23 de abril de 2006
2 de Pascua (B)
Juan 20, 19 – 31

nuevo rostro

EL NUEVO ROSTRO DE DIOS
Juan, Domingo de Resurrección
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 12/04/06.- Ya no volvieron a ser los mismos. El encuentro con Jesús, lleno de vida después de su ejecución, transformó totalmente a sus discípulos. Lo empezaron a ver todo de manera nueva. Dios era el resucitador de Jesús. Pronto sacaron las consecuencias.

Dios es amigo de la vida. No había ahora ninguna duda. Lo que había dicho Jesús era verdad: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos». Los hombres podrán destruir la vida de mil maneras, pero si Dios ha resucitado a Jesús, esto significa que sólo quiere la vida para sus hijos. No estamos solos ni perdidos ante la muerte. Podemos contar con un Padre que, por encima de todo, incluso por encima de la muerte, quiere vernos llenos de vida. En adelante, sólo hay una manera cristiana de vivir. Se resume así: poner vida donde otros ponen muerte.

Dios es de los pobres. Lo había dicho Jesús de muchas maneras, pero no era fácil creerle. Ahora es distinto. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que es verdad: «felices los pobres porque le tienen a Dios». La última palabra no la tiene Tiberio ni Pilato, la última decisión no es de Caifás ni de Anás. Dios es el último defensor de los que no interesan a nadie. Sólo hay una manera de parecerse a él: defender a los pequeños e indefensos.

Dios resucita a los crucificados. Dios ha reaccionado frente a la injusticia criminal de quienes han crucificado a Jesús. Si lo ha resucitado es porque quiere introducir justicia por encima de tanto abuso y crueldad como se comete en el mundo. Dios no está del lado de los que crucifican, está con los crucificados. Sólo hay una manera de imitarlo: estar siempre junto a los que sufren, luchar siempre contra los que hacen sufrir.

Dios secará nuestras lágrimas. Dios ha resucitado a Jesús. El rechazado por todos ha sido acogido por Dios. El despreciado ha sido glorificado. El muerto está más vivo que nunca. Ahora sabemos cómo es Dios. Un día él «enjugará todas nuestras lágrimas, y no habrá ya muerte, no habrá gritos ni fatigas. Todo eso habrá pasado». (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

16 de abril de 2006
Domingo de Resurrección (B)
Juan 20, 1 – 9

crucificados

crucificados

CON LOS CRUCIFICADOS
Marcos, Domingo de Ramos
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 05/04/06.- El mundo está lleno de iglesias cristianas presididas por la imagen del Crucificado y está lleno también de personas que sufren, crucificadas por la desgracia, las injusticias y el olvido: enfermos privados de cuidado, mujeres maltratadas, ancianos ignorados, niños y niñas violados, emigrantes sin papeles ni futuro. Y gente, mucha gente hundida en el hambre y la miseria.
Es difícil imaginar un símbolo más cargado de esperanza que esa cruz plantada por los cristianos en todas partes: «memoria» conmovedora de un Dios crucificado y recuerdo permanente de su identificación con todos los inocentes que sufren de manera injusta en nuestro mundo.
Esa cruz, levantada entre nuestras cruces, nos recuerda que Dios sufre con nosotros. A Dios le duele el hambre de los niños de Calcuta, sufre con los asesinados y torturados de Irak, llora con las mujeres maltratadas día a día en su hogar. No sabemos explicarnos la raíz última de tanto mal. Y, aunque lo supiéramos, no nos serviría de mucho. Sólo sabemos que Dios sufre con nosotros y esto lo cambia todo.
Pero los símbolos más sublimes pueden quedar pervertidos si no sabemos redescubrir una y otra vez su verdadero contenido. ¿Qué significa la imagen del Crucificado, tan presente entre nosotros, si no sabemos ver marcados en su rostro el sufrimiento, la soledad, el dolor, la tortura y desolación de tantos hijos e hijas de Dios?
¿Qué sentido tiene llevar una cruz sobre nuestro pecho, si no sabemos cargar con la más pequeña cruz de tantas personas que sufren junto a nosotros? ¿Qué significan nuestros besos al Crucificado, si no despiertan en nosotros el cariño, la acogida y el acercamiento a quienes viven crucificados?
El Crucificado desenmascara como nadie nuestras mentiras y cobardías. Desde el silencio de la cruz, él es el juez más firme y manso del aburguesamiento de nuestra fe, de nuestra acomodación al bienestar y nuestra indiferencia ante los crucificados. Para adorar el misterio de un «Dios crucificado», no basta celebrar la semana santa; es necesario, además, acercarnos un poco más a los crucificados, semana tras semana. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

9 de abril de 2006
Domingo de Ramos (B)
Marcos 14, 1 – 15,47

paradójica

paradójica

UNA LEY PARADÓJICA
Juan, quinto domingo de cuaresma
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 29/03/06.- Pocas frases encontramos en el evangelio tan desafiantes como estas palabras que recogen una convicción muy de Jesús: «Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto».

La idea de Jesús es clara. Con la vida sucede lo mismo que con el grano de trigo, que tiene que morir para liberar toda su energía y producir un día fruto. Si «no muere», se queda sólo encima del terreno. Por el contrario, si «muere» vuelve a levantarse trayendo consigo nuevos granos y nueva vida.

Con este lenguaje tan gráfico y lleno de fuerza, Jesús deja entrever que su muerte, lejos de ser un fracaso, será precisamente lo que dará fecundidad a su vida. Pero, al mismo tiempo, invita a sus seguidores a vivir según esta misma ley paradójica: para dar vida es necesario «morir».

No se puede engendrar vida sin dar la propia. No es posible ayudar a vivir si uno no está dispuesto a «desvivirse» por los demás. Nadie contribuye a un mundo más justo y humano viviendo apegado a su propio bienestar. Nadie trabaja seriamente por el reino de Dios y su justicia, si no está dispuesto a asumir los riesgos y rechazos, la conflictividad y persecución que sufrió Jesús.

Nos pasamos la vida tratando de evitar sufrimientos y problemas. La cultura del bienestar nos empuja a organizarnos de la manera más cómoda y placentera posible. Es el ideal supremo. Sin embargo, hay sufrimientos y renuncias que es necesario asumir si queremos que nuestra vida sea fecunda y creativa. El hedonismo no es una fuerza movilizadora; la obsesión por el propio bienestar empequeñece a las personas.

Nos estamos acostumbrando a vivirlo todo cerrando los ojos al sufrimiento de los demás. Parece lo más inteligente y sensato para ser felices. Es un error. Seguramente, lograremos evitarnos algunos problemas y sinsabores, pero nuestro bienestar será cada vez más vacío, aburrido y estéril, nuestra religión cada vez más triste y egoísta. Mientras tanto, los oprimidos y afligidos quieren saber si le importa a alguien su dolor. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

2 de abril de 2006
5 Cuaresma (B)
Juan 12 20 - 33

Dios así

DIOS ES DE TODOS
Juan, cuarto domingo de cuaresma
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 22/03/06.- Pocas frases habrán sido tan citadas como ésta que el evangelio de Juan pone en boca de Jesús. Los autores ven en ella un resumen del núcleo esencial de la fe, tal como se vivía entre no pocos cristianos a comienzos del siglo segundo: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único».

Dios ama al mundo entero, no sólo a aquellas comunidades cristianas a las que ha llegado el mensaje de Jesús. Ama a todo el género humano, no sólo a la Iglesia. Dios no es propiedad de los cristianos. No ha de ser acaparado por ninguna religión. No cabe en ninguna catedral, mezquita o sinagoga.

Dios habita en todo ser humano acompañando a cada persona en sus gozos y desgracias. A nadie deja abandonado, pues tiene sus caminos para encontrarse con cada uno, sin que tenga que seguir necesariamente los que nosotros le marcamos. Jesús le veía cada mañana «haciendo salir su sol sobre buenos y malos».

Dios no sabe ni quiere ni puede hacer otra cosa sino amar, pues en lo más íntimo de su ser es amor. Por eso dice el evangelio que ha enviado a su Hijo, no para «condenar al mundo», sino para que «el mundo se salve por medio de él». Ama el cuerpo tanto como el alma, y el sexo tanto como la inteligencia. Lo único que desea es ver ya, desde ahora y para siempre, a la Humanidad entera disfrutando de su creación.

Este Dios sufre en la carne de los hambrientos y humillados de la Tierra; está en los oprimidos defendiendo su dignidad, y con los que luchan contra la opresión alentando su esfuerzo. Está siempre en nosotros para «buscar y salvar» lo que nosotros estropeamos y echamos a perder.

Dios es así. Nuestro mayor error sería olvidarlo. Más aún. Encerrarnos en nuestros prejuicios, condenas y mediocridad religiosa, impidiendo a las gentes cultivar esta fe primera y esencial. ¿Para qué sirven los discursos de los teólogos, moralistas, predicadores y catequistas si no hacen la vida más bella y luminosa recordando que el mundo está envuelto por los cuatro costados por el amor de Dios? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

26 de marzo de 2006
4 Cuaresma (B)
Juan 3 14 - 21

evangelio aquí

evangelio aquí

EL EVANGELIO, AQUÍ Y AHORA
‘Jesús al que habéis mandado matar, hoy ha resucitado, pues Jesús somos todos’
JOSÉ VIDAL TEJERO
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 21/03/06.- Cuando estaba realizando los ejercicios de la vida diaria, se me ocurrió el traducir unos pasajes del evangelio a nuestro tiempo, y allí me recomendaron que los terminase.

La posibilidad de traducir la vida de Jesús a nuestros días es, pienso yo, imposible puesto que Jesús vivió en un momento concreto de la historia, y nuestro momento es diferente, pero lo que quiero hacer es un ensayo de lo que me imagino que pasaría hoy si Jesús viniera al mundo y le ocurrieran los mismos hechos que en su vida le ocurrieron.

No obstante con lo anterior, y teniendo en cuenta esa dificultad, me lance a traducir un evangelio, tomé como base el de Marcos, aunque en aquellos pasajes que consideré importantes y que no están en el evangelio de Marcos, los busqué de los otros evangelios.

Lc. 2, 1-21

Sucedió que estando María, encinta para dar a luz, se embarcó en una patera junto con su marido José, para ir a España. En la travesía se puso de parto y dio a luz un niño, que allí mismo le puso por nombre Jesús, recibió los primeros obsequios de la gente que le acompañaba en dicha patera, uno le limpió con la manga de su jersey, otro le dejó su chaqueta para taparlo, y todos le dieron ánimos y felicitaciones a María por el alumbramiento, y las olas al chocar con la patera producirán una sinfonía, como si fuera un canto de alabanza por el nacimiento.

Mt. 2, 13-23

Cuando desembarcaron, y se pusieron a andar por una tierra desconocida y con mucho miedo, trataron de esconderse de la policía, y desde unas rocas vieron como detenían a unos compañeros de la patera, a esos se les acabó la esperanza, los devolverían a su tierra otra vez, pero ellos tuvieron mas suerte, consiguieron esconderse y cuando el peligro pasó, fueron a una ciudad y allí como pudo y de lo que encontró, José fue trabajando y sacando algún dinerillo para subsistir.

Al paso de los años, pudieron conseguir papeles, y así José podía trabajar con seguros, y Jesús fue creciendo junto a sus padres, lleno de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

Mc. 1, 4-13

Sucedió que Juan estaba trabajando en una asociación en el barrio, de la que era un líder, y desde ella reclamaba justicia para sus vecinos, había mucha gente trabajando con él, y Jesús decidió ir a ver que era aquello, y después de varias reuniones, tuvo su “bautismo” al ir a colocar carteles reclamando mas colegios para la zona, y estando en esa labor, Jesús tuvo una experiencia de Dios, y se dio cuenta que aquello no era suficiente, que no solo de colegios vive el hombre, sino que había que cambiar al hombre en todas sus facetas.

Mt. 4, 1-11

Se fue a meditar al desierto de todo aquello, y empezó pensando, si realmente Dios me ha elegido, que me dé el poder de transformar estas piedras en pan y así podré solucionar el hambre que padece mucha gente, pero a continuación se dio cuenta que no solo pan necesitan los hombres, sino su transformación y conversión.

Después pensó, si Dios hace un gran milagro conmigo, que lo vean mucha gente, por ejemplo que me tire de una torre muy alta y que sus ángeles me recojan en el aire, seguro que me sigue y me escuchan y así podría adelantar el proceso del Reino, pero después razonó, ¿quién soy yo para tentar a Dios?, dejemos a Dios hacer de Dios y que no sea yo quien interfiera en el proceso aunque a mí me parezca lento.

A continuación se dijo: si tengo la protección de Dios, pues me apunto en un partido político, y con su ayuda puedo conseguir puestos claves en la política y de gran poder, y eso sí, yo emplearía mi poder para ayudar a los mas necesitados, no había terminado con su planteamiento cuando pensó: no se puede servir a dos señores a Dios y al poder del dinero.

Mc. 1, 14-15

Cuando regresó del desierto, y se enteró que habían detenido a Juan, empezó a predicar su mensaje: “Se ha cumplido el tiempo, y el Reino de Dios esta cerca, arrepentíos y trabajar por El”.

Mc. 1, 16-20

Se encontró con Simón y tres mas, a los que conocía de la asociación y les dijo que le siguieran, que los haría hombres nuevos transformadores de la historia, y le siguieron.

Mc. 1, 23-28

Estaba, Jesús enseñando en una plaza, cuando un hombre le increpa, “Mira lo más importante es trabajar poco, ganar mucho, echarse de vez en cuando un lingotazo de vino y un buen polvo con una mujer que esté muy buena, todo lo demás son monserg... ”, al oír esto, Jesús le gritó: “Cállate, sal de ahí, y mira a tu alrededor”, el hombre se retorció por el sobresalto del grito, se giró y vio a una mujer andrajosa, con un niño con los ojos muy grandes y abiertos, pidiendo para comer, y este hombre que siempre miraba hacia arriba, al bajar la vista y ver aquello se le rompieron los esquemas, se acercó a ellos, les dio dinero y les dijo: Vamos al bar de enfrente para que el niño se tome un vaso de leche y tu un bocadillo”

Mc. 1, 29-31

Después se fue Jesús a casa de Pedro, al llegar le dijeron que la suegra de Simón estaba pachucha, pero cuando vió a Jesús, y por las ganas que tenía de escucharle, se sintió mejor se levantó y dijo”: Voy a preparar un café”.

Mc. 1, 40-45

Iba andando Jesús, cuando se le acercó un hombre y se le puso de rodillas y le dijo: “Si quieres puedes ayudarme”, era un “chulo”, o una persona que vivía de la explotación de varias mujeres, Jesús viendo su arrepentimiento le dijo: Reparte el dinero que has ganado en este “oficio” entre los necesitados, deja en paz a las mujeres que explotas, trabaja en algo honrado y luego dedicas tu tiempo a alguna labor humanitaria, y no hagas público esto de momento”, pero el hombre que era tan grande el deseo de dejar aquella vida, y las palabras de Jesús le hicieron tanto bien, que no pudo callarse, y la fama de Jesús se iba extendiendo por la zona.

Mc. 2, 1-12

Estaba Jesús en casa, y como se enteraron la gente del pueblo acudió en masa para escucharle, en esto un hombre de vida licenciosa y que nunca se había movido para hacer algo por nadie, intentaba entrar, pero la gente se lo impedía, por lo que arrastrándose por el suelo pudo llegar hasta donde Jesús estaba, al ver Jesús la fe de este hombre le dijo: “Hijo tus pecados te son perdonados”, algunos de los que estaban allí se dijeron”: ¿Cómo habla este así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonarle a este hombre?. Jesús adivinando sus pensamientos, les dijo: ¿Por qué pensáis así? ¿Qué es más fácil perdonarle sus pecados o integrarlo en la comunidad?, Por eso le digo: “¡Levántate del suelo y busca a tu hermano!”. El hombre, y como ante las palabras de Jesús le habían hecho un corro, se pudo levantar, y agradecido por las palabras de Jesús, se marcho hacia su casa, y al poco rato encontró una asociación que pedían voluntarios para trabajar en acciones solidarias y entró.

Mc. 2, 13-14

Iba andando Jesús, cuando vio en una orilla a Mateo, que era conocido por sus vecinos por “facha”, y que le había estado observando en silencio las ultimas acciones de Jesús, acercándosele Jesús le dijo: “Sígueme”. El se levanto y le siguió.

Mc. 2, 15-17

Los sacerdotes y la burguesía, al ver a Jesús comiendo con las prostitutas y los chulos, los emigrantes y los fachas, se decían: “¿Por que come con los pecadores y los ilegales?”. Jesús los oyó y les dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos”.

Mc. 2, 23-28

La gente religiosa, y los de una situación económica media, ante la actuación de Jesús y sus acompañantes, se decían: “¡Mira!, Estos no van a la iglesia los domingos con regularidad, admiten entre sus miembros a emigrantes sin papeles, compran discos u otros materiales a los emigrantes en la calle, materiales que son ilegales porque no pagan derechos de autor. Al oír esto les dijo Jesús: “Dios creó al hombre libre, y le dio la tierra para que la poblase, sin limites ni fronteras, fue el hombre el que para defender privilegios adquiridos el que inventó las fronteras, e hizo las normas para conservar dichos privilegios”. Y añadió: “Es que las normas no deben ser hechas para controlar al hombre, sino que el hombre debe hacer las normas para garantizar la justicia”.

Mt. 5, 1-12

Una gran multitud siguió a Jesús, por escucharle, entonces, Jesús se pone a enseñarles así:

-Bienaventurados los pobre de espíritu, los que nada tienen, pero que tampoco ambicionan tener, los que no tienen al dinero como un fin sino como un medio, porque de ellos es el Reino de Dios.

-Bienaventurados los mansos, los que no se alteran ante las vicisitudes, los que siempre ofrecen al otro una sonrisa con cariño, porque ellos heredarán la tierra.

-Bienaventurados los que lloran, porque sufren en su interior un gran dolor al ver la injusticia con que se trata a las personas o a ellos mismos, porque ellos serán consolados.

-Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, al ver la contraposición que soportan los que menos tienen: Los parados, los emigrantes y todos los marginados ante la opulencia, el lujo y el despilfarro de los que más tienen, porque ellos serán saciados.

-Bienaventurados los misericordiosos, que siempre están abiertos a los demás, ofrecen ayuda a todo el que lo necesita, trabajan por la solidaridad, etc. Porque ellos alcanzarán la misericordia.

-Bienaventurados los limpios de corazón, que siempre van con la verdad, sin dobleces ni dobles intenciones, que aman y cuidan la naturaleza, como parte de la creación, porque ellos verán a Dios.

-Bienaventurados los que padecen persecución por enfrentarse al poder público en defensa de la justicia y de los derechos humanos, porque de ellos es el Reino de Dios.

-Bienaventurados los que tienen la paz como único lema en su vida, que se oponen a cualquier injusticia con su palabra y la verdad y que son capaces de ofrecer su vida, antes de atentar contra nadie, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Mc. 6, 35-44

Se hizo muy tarde, y los discípulos, pidieron a Jesús que despidiera a la gente para que pudiese ir a los pueblos cercanos a comprar comida, pero Jesús les dijo: démosles nosotros de comer. Ellos le respondieron: no tenemos comida para tanta gente. Entonces Jesús les dijo: Mirad entre la gente y recoged la comida que lleven. Así lo hicieron, y encontraron alguna tortilla de patata, algo de pan y unos chorizos, entonces Jesús mando sentar a la gente en la hierba, partir la comida que tenían en trozos y distribuirla entre los que allí estaban, después de que comieran todos sobró comida, porque cuando se comparte lo que se tiene entre todos, suele haber suficiente e incluso sobra.

Jn. 8, 1-11

Estaba Jesús sentado a la sombra de un árbol, cuando un grupo le llevó a un joven, con cara de muy asustado, era un joven de los grupos skin, lo dejaron en el suelo, y le dijeron: “Maestro este joven ha sido pillado, asustando a unos pordioseros con este palo, habría que darle una paliza para que escarmentara”, Jesús, haciendo unos dibujos indefinidos con el dedo en el suelo, dijo: “El que de vosotros no tenga pecado, que le dé el primer golpe”, y agachándose otra vez siguió haciendo en el suelo sus dibujos, al oír esto la gente se fue marchando uno detrás de otro, hasta que se quedó solo el muchacho con Jesús, y este le dijo “Muchacho, ¿dónde están?. ¿ninguno te ha condenado?”, Él contestó: “ninguno Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y no lo hagas más”.

Mc. 10, 17-27

Al salir Jesús al camino, un hombre corrió, se puso delante de El, y le dijo: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?”, Jesús le dijo: “Guarda los mandamientos”, él le contestó: “Maestro, eso ya lo hago”, Jesús le miró con amor y le dijo: “Té queda una cosa por hacer, dedica tu tiempo libre a la gente que lo necesita”. Al oír esto, el joven se fue muy triste, y es que después de su trabajo, iba unos días a un gimnasio, otros a un centro deportivo del que era socio y cuando no, se iba a cenar con sus amigos, por lo que no disponía, según su plan de vida, de nada de tiempo libre.

Jesús miró alrededor y dijo a sus discípulos: “Que difícilmente tiene la entrada en el Reino de Dios, los que se dejan dominar por la sociedad de consumo”.

Lc. 10, 13-15

Un día Jesús increpó a la gente de los barrios ricos, diciéndoles: “¡Ay de vosotros!, que vivís con lujo, y gastáis vuestro dinero en cuidar vuestro cuerpo, mientras en pueblos enteros no tienen el que comer, tiráis la comida sobrante a la basura, y en las esquinas hay gente que no tiene el que llevarse a la boca, yo os digo, que cualquiera de estos pobres está mas cerca del Reino que vosotros”.

Mc.4, 1-20

Y Jesús para poder explicar el proceso de construcción del Reino, lo hizo a través de parábolas, y les contó la del sembrador, la que unas semillas caen en un lugar u otro, y se la explico diciendo:

El sembrador siembra el proyecto, los de junto al camino, son los que han oído el proyecto de Dios, pero que están tan involucrados en la sociedad de consumo, que no hacen nada y siguen con su vida desentendiéndose del trabajo por el Reino; los del pedregal, son los que oyen la invitación, se ilusionan, pero son inconstantes y en cuanto tienen él más mínimo contratiempo lo abandonan; los de las zarzas, son los que escuchan la palabra, pero en ellos les predominan el sistema de vida de lujo y riquezas que llevan y pronto abandonan porque son incapaces de dejar su status para trabajar en el proyecto del Reino, y por último los de tierra fértil, son los que oyendo mi mensaje, dedican su vida a trabajar en el proyecto del Reino y cada cual da su fruto, unos treinta, otros sesenta o el ciento por uno.

Lc. 15, 11-32

Después les contó la parábola del hijo que pidió su parte de herencia y la dilapidó rápidamente, pero que dándose cuenta de su situación fue a pedir perdón a su padre y este hizo una fiesta para celebrar el regreso. Jesús a continuación les dijo: Toda persona por muy grande que sean sus errores, puede si, se arrepiente, volver al Reino, la decisión siempre será de cada uno, pero os aseguro que cuando hay un arrepentido habrá una gran fiesta y el Padre lo acogerá con los brazos abiertos, porque al Reino todos estamos invitados.

Mt. 20, 1-16

A continuación les contó una parábola en la que el dueño de una viña contrató obreros por la mañana, al medio día y por la tarde y a todos les pagó lo mismo. Jesús concluyó diciendo: En el Reino todos cobrarán lo mismo, no habrá diferencias entre jefes y empleados, ni entre técnicos y peones, o entre los que trabajen toda la jornada o parte de ella, porque el pago es la satisfacción del deber cumplido, unos darán diez, otros treinta y otros cien, pero todos darán toda su capacidad y por lo tanto recibirán la paga completa.

Mc. 19, 13-16

Iba Jesús paseando por la calle, cuando al llegar a una plaza, vio a un grupo de niños jugando con una pelota, eran los niños del barrio que junto con niños de color, gitanos, hijos de emigrantes, etc. jugaban sin ningún recelo, al verlos Jesús dijo: “Os aseguro que de los niños es el Reino de Dios y que el no se comporte como ellos no entrará en Él”.

Mc. 11, 1-11

En su camino por los diversos pueblos, se fue acercando a la ciudad, allí visitó los barrios de los trabajadores, con sus aledaños llenos de chabolas, y la gente cuando se enteró quien venía, era tal la fama entre la gente humilde que tenía Jesús, que salió de sus casas y se puso a vitorearlo, ofreciéndole a sus paso vino, frutas y otros alimentos, de los que generalmente a ellos no les sobraban, eran trabajadores, parados, prostitutas, emigrantes tanto con papeles como sin ellos, personas indigentes, etc.

Mc. 11, 15-19

Una vez dentro de la ciudad, y junto con sus discípulos, fue a visitar la catedral, un edificio gótico precioso, al llegar vio en la puerta un tenderete vendiendo velas para las ofrendas, postales y otros objetos como recuerdos de un santo del lugar, etc. y un poco mas adelante una taquilla vendiendo las entradas para visitar el edificio y el claustro, Jesús se altero al ver el negocio montado, y dando una patada a uno de los tenderetes, exclamó: ¿No está escrito que la casa de Dios es una casa de oración para todos los pueblos? Pero vosotros la habéis convertido en un negocio de compraventa. El obispo y los sacerdotes, al enterarse buscaron el medio de acabar con él, pues le tenían miedo por la cantidad de gente que le seguía y que estaba asombrada de su doctrina.

Mc. 14, 12-25

Previendo Jesús que su vida podía terminar, y tratando de buscar una continuidad a su mensaje, se reunió a cenar con sus amigos mas allegados, una vez en la mesa, tomó un trozo de pan y les invitó a sus amigos a que lo comieran, diciéndoles que era su cuerpo, después tomo una jarra de vino y les dijo que era su sangre y se la repartió a sus discípulos y añadió: si el pan es mi cuerpo y el vino mi sangre, lo que habéis tomado es mi vida, y es lo que trato de deciros que retoméis el testigo a mi muerte y continuéis mi mensaje por los tiempos y a través de todo el mundo.

Mc. 14, 37-42

Después de la cena se fue con los más cercanos a un monte a orar, allí sintió miedo y dudas de sí lo que había hecho tenía o no tenía sentido, pero a pesar de todo dijo: Padre hágase tu voluntad, no la mía, sus amigos se había dormido y los despertó el paso de un grupo de policías que vino a detener a Jesús.

Mc. 15, 1-20

Y Jesús fue llevado ante el jefe de la policía y el gobernador de la provincia, le acusaban de alborotador, de levantar al pueblo con falsas promesas mesiánicas que rompían el orden establecido, en el interrogatorio la policía lo abofeteó, y le golpeó sin piedad al mismo tiempo que se reían de el, diciéndole: donde está tu ejercito de pordioseros que no te defiende, después el gobernador no encontrando ninguna prueba sólida con la que acusarlo ante un tribunal dijo que lo soltaran.

Mc15, 33-41

Pero al mismo tiempo que soltaba a Jesús, el gobernador llamó a unos sicarios y les dijo: No quiero que este hombre vea amanecer mañana. Al día siguiente unos hombres que paseaban por la orilla del río, se encontraron el cuerpo sin vida de Jesús, le habían acribillado a balazos.

Hc. 2 1-13

Llenos de miedo sus discípulos se encerraron en una casa, y allí empezaron a hablar y a darse ánimos de unos a otros, y estando en esas conversaciones se les encendió la “lucecita”, y empezaron a entender todo lo que había pasado, y entendieron y hablaron todas las “lenguas” en las que se había manifestado Dios a través de los tiempos, e hicieron correr la voz a todos los simpatizantes convocándolos para el día siguiente.

Mc. 16, 1-8

Era el amanecer del tercer día desde la muerte de Jesús, y la gente se congregó en la plaza mayor, junto al palacio del gobernador, eran los seguidores y simpatizantes de Jesús: trabajadores, hombres en paro, emigrantes, prostitutas, indigentes, etc., iban en silencio portando unos cuantos una pancarta doblada, cuando llegaron a la puerta del palacio del gobernador, la desplegaron, decía: Jesús al que habéis mandado matar, hoy ha resucitado, pues Jesús somos todos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

religión nuestra

LO PRIMERO NO ES LA RELIGIÓN
Juan, tercer domingo de cuaresma
JOSÉ ANTONIO PAGOLA.
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 15/03/06.- Todos los evangelios se hacen eco de un gesto audaz y provocativo de Jesús dentro del recinto del templo de Jerusalén. Probablemente no fue muy espectacular. Atropelló a un grupo de vendedores de palomas, volcó las mesas de algunos cambistas y trató de interrumpir la actividad durante algunos momentos. No pudo hacer mucho más.

Sin embargo, aquel gesto cargado de fuerza profética fue lo que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y política. El Templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. ¿Qué sería del pueblo sin su presencia entre ellos? ¿cómo podrían sobrevivir sin el Templo?

Para Jesús, sin embargo, era el gran obstáculo para acoger el reino de Dios tal como él lo entendía y proclamaba. Su gesto ponía en cuestión el sistema económico, político y religioso sustentado desde aquel «lugar santo». ¿Qué era aquel templo?, ¿signo del reino de Dios y su justicia o símbolo de colaboración con Roma?, ¿casa de oración o almacén de los diezmos y primicias de los campesinos?, ¿santuario del perdón de Dios o justificación de toda clase de injusticias?

Aquello era una «cueva de ladrones». Mientras en el entorno de la «casa de Dios» se acumulaba la riqueza, en las aldeas crecía la miseria de sus hijos. No. Dios no legitimaría jamás una religión como aquella. El Dios de los pobres no podía reinar desde aquel Templo. Con la llegada de su reinado, perdía su razón de ser.

La actuación de Jesús nos pone en guardia a todos sus seguidores y nos obliga a preguntarnos por la religión que estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera «santa» de cerrarnos al proyecto de Dios que Jesús quería impulsar en el mundo. Lo primero no es la religión, sino el reino de Dios.

¿Qué religión es la nuestra?, ¿hace crecer nuestra compasión por los que sufren o nos permite vivir tranquilos en nuestro bienestar?, ¿alimenta sólo nuestros propios intereses o nos pone a trabajar por un mundo más humano y habitable? Si se parece a la del Templo judío, Jesús no la bendeciría. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

19 de marzo de 2006
3 Cuaresma (B)
Juan 2 13 - 25

escuchar

¿A QUIÉN ESCUCHAR?
Marcos, segundo domingo de cuaresma
JOSÉ ANTONIO PAGOLA.
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 08/03/06.- Los cristianos han oído hablar desde niños de una escena evangélica llamada tradicionalmente «la transfiguración de Jesús». Ya no es posible saber con seguridad cómo se originó el relato. Quedó recogida en la tradición cristiana sobre todo por dos motivos: les ayudaba a recordar la «realidad oculta» encerrada en Jesús y les invitaba a «escucharle» sólo a él.

En la cumbre de una «montaña alta» los discípulos más cercanos ven a Jesús con el rostro «transfigurado». Le acompañan dos personajes legendarios de la historia de Israel: Moisés, el gran legislador del pueblo, y Elías, el profeta de fuego, que defendió a Dios con celo abrasador.

La escena es sugerente. Los dos personajes, representantes de la Ley y los Profetas, tienen el rostro apagado: sólo Jesús irradia luz. Por otra parte, no proclaman mensaje alguno, vienen a «conversar» con Jesús: sólo éste tiene la última palabra. Sólo él es la clave para leer cualquier otro mensaje.

Pedro no parece haberlo entendido. Propone hacer «tres chozas», una para cada uno. Pone a los tres en el mismo plano. La Ley y los Profetas siguen ocupando el sitio de siempre. No ha captado la novedad de Jesús. La voz salida de la nube va a aclarar las cosas: «Éste es mi Hijo amado. Escuchadle». No hay que escuchar a Moisés o Elías sino a Jesús, el «Hijo amado». Sólo sus palabras y su vida nos descubren la verdad de Dios.

Vivir escuchando a Jesús es una experiencia única. Por fin, estás escuchando a alguien que dice la verdad. Alguien que sabe por qué y para qué hay que vivir. Alguien que ofrece las claves para construir un mundo más justo y más digno del ser humano.

Entre los seguidores de Jesús no se vive de cualquier creencia, norma o rito. Una comunidad se va haciendo cristiana cuando va poniendo en su centro el evangelio y sólo el evangelio. Ahí se juega nuestra identidad. No es fácil imaginar un hecho colectivo más humanizador que un grupo de creyentes escuchando juntos el «relato de Jesús». Cada domingo podrán escuchar su llamada a mirar la vida con ojos diferentes y a vivirla con más sentido y responsabilidad, construyendo un mundo más habilitable. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

12 de marzo de 2006

2 Cuaresma (B)

Marcos 9, 1-9