Blogia

ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

proclamación

proclamación

QUINTINA, LA EVANGELIZADORA…
GENARO SÁENZ DE UGARTE, religioso de La Salle, genarofsc@yahoo.com.ar
SAN SALVADOR DE JUJUY (ARGENTINA).

ECLESALIA, 29/06/09.- Quintina Peñalva tiene 53 años. Nació en San Bernardo, a 7 horas a caballo de Ocloya. Allí se crió y se quedó hasta los 16 años. Luego vino a San Salvador, al barrio Azopardo, uno de los barrios más pobres, cercanos al río. Allí pronto comenzó a trabajar como empleada, cama adentro. Quintina es mujer trabajadora.

En San Bernardo se dejaba invadir por el silencio de la soledad, por la majestuosidad de los cerros, por la fecundidad de los valles. Todo era signo de vida para ella. Todo parecía un llamado a vivir, a darle a la vida una plenitud nunca alcanzada. Quintina es mujer de contemplación.

Desde chica, Quintina interiorizaba lo que observaba y lo que escuchaba. Todo lo vivía en una religiosidad primitiva y natural, cercana a la tierra, a la “madre tierra”, a la Pachamama que lo fecunda todo, a los Santos, los ‘Santitos’ que invadían todo el territorio con sus capillitas y sus altarcitos desparramados por cerros y valles…

Quintina no conocía la Palabra de Dios. Muchos de sus vecinos, en Azopardo, conservaban y repetían los ritos de fe tan ligados a la tierra y a los ciclos de la vida. Habitualmente son ‘ritos de protección’. La Pachamama es generosa. El Dios de los cristianos conduce a la salvación a través del dolor y del sufrir, de la negación y del temor. La vida que tanto se quiere, la ‘vida eterna’, es siempre para más luego… Se la conocerá y se la disfrutará en el más allá. “Es cierto que los Santitos ayudaban”. Dice Quintina. “Uno les rezaba para tener su ayuda! Las novenas se multiplicaban. Todo el año era una sucesión de rezos y de novenas a los Santitos. De novena a novena, la vida de la gente no se tocaba. Parecía detenida, como si se hubiera quedado”…

En el corazón de Quintina la vida es lo primero porque es todo. Es la misma vida. Son sus mismas raíces. Entonces, ¿por qué distinguir?, ¿por qué temer? La vida que nos acompaña en el crecer; nos va a ir acogiendo en el morir…

Quintina no podía sacarse los miedos de encima, de adentro. Todavía no se había encontrado con la Palabra de Dios…

Desde su llegada a Azopardo le hablan de la Comunidad de Hermanos: Jorge, Juan, Roque, Agustín… Cuando logra tener unos días de descanso, Quintina se suma al grupo de vecinos que se reúne con los Hermanos para leer la Palabra de Dios. ¡Qué revelación para su corazón creyente y contemplativo! Quintina tiene un corazón enamoradizo: “Tu Palabra es querendona, suave y dulce como miel!”, cantan en los grupos y Quintina se siente feliz, muy identificada con lo que se dice y se vive.

Los Hermanos estaban en Azopardo desde 1971 En 1979 se abrió la Escuela La Salle en el barrio “El Arenal”, hoy Malvinas. Escuela y barrio crecen juntos y la Palabra de Dios da forma y fortalece a esa unión. Poco a poco van surgiendo los ‘grupos de la Palabra’. La Comunidad se instala definitivamente en Malvinas, a dos cuadras de la Escuela. Los Hermanos ocupan una de las casitas del nuevo plan de viviendas populares. Los ‘grupos’ van creciendo. Poco a poco toman la forma de ‘comunidad’. La Palabra es el centro. La Palabra lo ilumina todo. Es una hermosa novedad para estas poblaciones de creyentes, iniciadas en los ritos y en las novenas pero ‘hambrientas’ de una palabra más viva y más cercana a lo que viven. “En las Comunidades la Palabra compartida nos acercaba al Dios de la Vida. Sentíamos que estábamos palpando a Dios presente en el corazón de nosotros mismos y de lo que vivíamos. Ese fue un gran cambio en nuestra manera de entender la Fe en Jesús y de vivirla. Los santitos nos iban interesando cada vez menos. Pero si descubríamos en ellos la presencia y la fuerza de la Palabra, entonces eran nuestros aliados. No para seguir con las novenas y los ritos, sino para entrar, más y mejor en la Palabra del Dios Vivo!”… Y Quintina no termina de agradecer su encuentro con la Palabra, con las Comunidades de la Palabra.

Esta opción por educar la Fe a la luz de la Palabra y por crear ‘grupos de la Palabra’ fue toda una conversión en el barrio. ¡Cómo se iba transformando la vida de fe y la mentalidad creyente de esa gente sencilla, sufrida y abierta al Dios de la Vida! ¡Cómo crecían en libertad interior! ¡Cómo se fortalecían entre ellos!

Las Comunidades se iban multiplicando. Los Hermanos promovían y cuidaban los tiempos de formación. Primero, una vez al mes. Luego, todas las semanas. Los Hermanos también fueron dado protagonismo a las mujeres más comprometidas, dinámicas y creativas. Entre ellas estaba Quintina.

Con su profundo sentido de la vida, ese grupo de mujeres tan abiertas a la Palabra, se fue transformando en ‘semilla’ de vida nueva, en ‘motor’ que empuja y sostiene, en ‘bálsamo’ que serena y cura… La vida de fe se afianzaba desde lo cotidiano y lo pequeño. La vida de fe le fue dando cada vez más importancia a la vida del barrio y a sus problemas.

Pero la devoción a los ‘santitos’ seguía presente en el corazón religioso de muchos. Parecía imposible revitalizar con la Palabra el culto a las novenas y a ciertas tradiciones religiosas. Además, se iban sumando nuevos elementos que jugaban en contra como: la sucesión de las crisis sociales y económicas y su impacto en estas poblaciones empobrecidas; el empuje de los cambios culturales, especialmente entre los jóvenes; la atracción de otros predicadores… Mucha gente del barrio tardaba en descubrir y experimentar la fuerza de la Palabra de Dios. A pesar de todo el camino recorrido, las Comunidades seguían siendo minoría… Esto golpeaba fuerte a Quintina. ¿Qué hacer?

En los últimos días de Marzo vino Quintina a la Comunidad. Estaba preocupada. “Hermano, me piden que anime una novena de rosarios por el finado Santos Primitivo. No puedo decir que no. Santos era familiar mío. Pero, ¿qué hacer? Yo no quiero que la gente siga con las ‘novenas’. ¿Me podría ayudar para poner la Palabra de Dios en el corazón de esas noches de oración?

Comenzamos haciéndonos una serie de preguntas: ¿quiénes vienen a la novena? ¿Por qué vienen? ¿Qué experiencia religiosa viven habitualmente? ¿Cómo será su vida de fe? ¿Qué les hará mejor? ¿Cómo ofrecérselo? Recogiendo la experiencia de las ‘novenas’ del barrio vividas por Quintina nos pareció que el corazón religioso de estas personas está, todavía, muy marcado por aspectos negativos: la mala vida que, sin duda, ha llevado el finado; el miedo a lo que debe estar sufriendo, ahora, en el Purgatorio… Son todos sentimientos y pensamientos negativos, excepto el cariño por el finado. ¿Cómo poner un poco de esperanza en el Dios de la Vida que es, ante todo, un Padre?

Con gran convicción dijo Quintina: “No vamos a reunirnos nueve noches. Es excesivo. Tampoco vamos a rezar el rosario. La gente se queda dormida con la monotonía de los rezos. Vamos a utilizar palabras positivas, optimistas, que den esperanza. La mayoría de estas personas no ha experimentado que Dios es Padre. Quizás desde chicos les han llenado la cabeza de temor y el corazón de inseguridad y de miedo…”

Entonces decidimos poner a la persona y a la vida de Santos Primitivo en el centro de la oración de cada una de las tres noches. Nos pareció bien orar estas tres ‘ideas’ (más que ideas son realidades…): * La vida de Santos Primitivo y la presencia de Dios Padre en esa vida (Santos Primitivo vuelve al Padre). * La vida de Santos Primitivo no fue una vida perdida (Santos Primitivo: una vida plena). * Podemos aprender de toda vida (Con Santos Primitivo aprendemos a vivir mejor).

Una vez señalados los tres centros de la oración, pensamos en cómo desarrollarlos. Coincidimos en estos cuatro elementos: * Comentar la vida de Santos Primitivo y nuestra propia vida * Interiorizar lo que hemos compartido * Iluminar nuestras vidas con la Palabra de Dios * Orar un Salmo.

Estábamos contentos. Quintina daba ejemplos de cómo es la gente que habitualmente viene a las ‘novenas’ y decía convencida: “Les va a hacer bien esta nueva presentación. Van a descubrir la Palabra. No van a extrañar los rezos monótonos. Les va a gustar este mensaje de esperanza…”

Estas son las tres presentaciones que fue haciendo Quintina.

Primera noche: SANTOS PRIMITIVO PEÑALBA VUELVE AL PADRE. Nos hemos reunido para recordar a nuestro hermano, Santos Primitivo, unirnos a su vida para mejorar y profundizar nuestra fe. Como Jesús, Santos Primitivo ‘salió del Padre y volvió al Padre’. Jesús dijo: ‘Yo salí del Padre y ahora vuelvo al Padre’ Entre salir y volver, está la vida. Esa vida es lo que es; es la vida que Dios nos regaló. Todos salimos del Padre y todos volvemos al Padre. Toda vida, se viva como se viva, salió del Padre Dios. El Padre respeta la manera de nacer y de vivir…

Reacción de los presentes: “¡Cómo cuesta todavía entender que la vida no es nuestra!”. “¡No somos dueños de la vida!” “Mi vida no ha sido tan buna. Tuve otro hombre. Entonces yo pienso que estoy lejos de Dios, por eso casi no rezo, no me acuerdo de de Dios. Mi vida es así!”…

Quintina ayuda a los presentes a entender que Dios, por ser el Padre, respeta la manera de nacer y de morir, sea cual sea la vida- Sí, es el Padre Misericordioso. Que nos quiere y nos ama. Así como salimos del Padre, así también volvemos al Padre. Y Quintina pidió a los presentes que hicieran un momento de silencio. Y cada uno, en su corazón, agradecía a Dios por estar presente en su vida y en su historia. Algunos se expresaban en voz alta: “Gracias, Padre, por la vida recibida!”. “Gracias, Padre, por el regalo de mi vida”. Gracias, Padre, por llenarnos esta noche de alegría y de esperanza”. “Gracias, Padre, porque nos respetas y nos esperas en nuestra manera de vivir”… Luego cantamos “Coplas de Yaravhí”, que gusta mucho.

Luego se leyó la Palabra de Dios: Lucas 15,20 y Juan 16,28 y se aplicó la lectura de la Palabra a Santos Primitivo. Quintina agregó: “Jesús hace una descripción de lo que es la muerte de toda persona. Un día, todos vamos a morir. No sabemos cuándo. Para muchos la muerte es una tragedia. La muerte es ‘volver al Padre’. Esto nos hace pensar que tenemos que preparar nuestros corazones para cuando llegue la hora de la muerte: volvemos a la casa de nuestro Padre, así como Santos Primitivo partió y volvió a la casa de su Padre. Y el Padre, seguro que lo estaba esperando con los brazos abiertos y le dio un gran beso.

Salmo 130(129). Al rezar este Salmo sentimos la confianza en Dios Padre. Confiamos en su Palabra. El nos libera de todo. A lo largo de nuestra vida hemos recibido y gozado de todo; a veces hemos podido descuidarlo, abandonarlo. Gracias a la Fe, nosotros tenemos que esperar el regreso a la Casa del Padre, así como el centinela espera la aurora…

Segunda noche: “SANTOS PRIMITIVO, UNA VIDA QUE NO SE PERDIÓ. Vamos a seguir recordando a Santos Primitivo. Como toda persona, él tuvo su vida. Toda vida es un valor. Toda vida tiene su propia medida. Y Quintina hizo pasar adelante a tres personas: una más alta; otra más mediana; otra más bajita. ¿Son iguales estas personas? Claro que no!... La persona alta dijo: “Yo siempre renegué de mi persona. Soy muy flaco y largo”. La persona bajita decía: ”Soy muy petiza y no me gusta como soy”. La persona mediana se aceptaba tal cual era y estaba contenta… Dios Padre pone vida, su vida, en todos y cada uno, según su medida y a los ojos del Padre, todos somos iguales, tanto el grande como el mediano y el chico”.

Vamos a pensar un momento en nuestro corazón: ¿Qué espacio le hemos dado a la vida, a nuestra vida? La vida siempre es buena. Algunos de los presentes comenzaron a expresarse: “¡Sí que es buena cuando encontramos que tiene un sentido!” “A mí me hace bien que mi vida es importante para mi familia!”. Yo, a veces, no tenía fe en nadie. Luego he visto que mi vida es útil para muchos, y no sólo para mi familia”. “Yo , que vivo sola, trato de cuidar siempre mi vida y cada mañana me digo: ¿a quién le hará bien mi vida, hoy?”… Quintina escucha con atención y ayuda a los presentes a reflexionar sobre su vida. La vida es buena, pero no siempre la experimentamos así. Por ejemplo, cuando alguien no tiene la posibilidad de trabajo. O Cuando no han podido estudiar, como la gente que vino del campo. Una señora dijo que su familia estaba destruida porque algunos miembros son alcohólicos. Otra dijo que está enferma y sola y que así hay mucha gente en el barrio… A todo esto, ¿cómo hacer para poner el oído a lo que vive la gente y decirles que tenemos un Dios que es Padre Misericordioso, un Dios Amor, un Dios Papá?

Luego se leyó la Palabra de Dios en Apocalipsis 14, 13. Santos Primitivo oyó la voz. Era la voz del Padre. “Felices desde ahora los muertos. Felices los que mueren en el Seño, dice el Espíritu. Que descansen de sus fatigas, de las penas de la vida y de sus equivocaciones, porque sus obras los acompañan”. Dios habrá visto en Santos Primitivo sus pequeñas obras…

Terminamos rezando el Salmo 34(33). En este Salmo nos hace descubrir la presencia de Dios en los pobres y los humildes. Es la experiencia de Dios Padre cercano a todo lo que vivimos, porque el Padre está siempre metido en nuestra vida…,

Tercera noche: CON SANTOS PRIMITIVO, NOSOTROS QUEREMOS VIVIR MEJOR. Cada uno tiene su vida. A veces la entiende. A veces, no. A veces renegamos de nuestra vida. A veces la valoramos… Dios está en todos los momentos de la vida. Porque no podemos se personas sin la presencia de Dios. Vivimos mejor si reconocemos que Dios está presente en todos los momentos de nuestra vida. Y dejamos que El nos salve, que El arregle nuestra vida, la levante, la ordene, la una, la cuide… Cuando estamos bajoneados, le pedimos a Dios que nos levante, que nos dé su fuerza. Porque necesitamos tener fe en Dios que cuida nuestras vidas y la vida de nuestras familias”.

Ahora nos preguntamos: ¿Qué le hizo mal a la vida de Santos Primitivo? ¿Qué le hizo bien a la vida de Santos Primitivo?... Las personas presentes se fueron expresando: “A mí me parece que Santos no cuidó su vida”. “Yo creo que estuvo mucho tiempo enfermo y no hizo el tratamiento que le aconsejaron”. “Es que no tenía plata”. “Sí, pero ¡él renegaba mucho!” “Además vivía tensionado, nervioso”… Lo que le hizo bien es su familia. “Tuvo una linda familia”. “Sus hijos ya son mayores; todos están bien”. “Todos estudiaron y tienen un buen trabajo”. “A mí me parece que se sentía satisfecho como padre”…

Luego se proclamó la Palaba de Dios: Colosenses 3, 9-15. Se pusieron, escritos en carteles, algunos ejemplos sobre el ‘hombre viejo’ y el ‘hombre nuevo’. ¿Cuándo somos hombres nuevos?: servicio, paciencia, esperanza, comprensión, justicia, alegría… ¿Cuándo somos hombres viejos?: egoísmo, mentira, envidia, vicios, orgullo, pereza, ser esclavos… El hombre nuevo se caracteriza por su actitud comunitaria, siempre preocupado po los demás y vive con el corazón agradecido… Mientras que el hombre viejo es un egoísta esclavizado por sus pasiones…

Terminamos rezando juntos el Salmo 32 (31). A cada parte del Salmo contestamos: “Gracias, Señor, por tu presencia en nuestras vidas!”

A todo esto, ¿cómo se sintió Quintina mientras iba viviendo esta experiencia? Ella misma lo ha expresado. “Viera, Hermano, lo contenta que estoy! Primero porque fue una manera nueva de orar por el finado. A las personas presentes les agradó y les hizo mucho bien. Yo me sentía animada por el Espíritu. Ni yo misma sabía cómo podía hablar como hablaba. Las palabras brotaban de mi interior. Miraba a las personas y veía que estaban todas muy contentas. Se notaba que la Palabra de Dios les estaba tocando el corazón!. Entonces me animé y les dije: “Hagan algo parecido en sus propias casas; tengan a mano la Palabra de Dios; aprendan a leerla y a orarla como la hemos leído y orado aquí, juntos!... Claro, yo me doy cuenta de algunas cosas. La gente es muy ignorante en las cosas de Dios. Es difícil leer la Biblia si no se recibe, antes, alguna indicación concreta que ayude. Para eso están las Comunidades. La verdad, Hermano, es que tenemos que dar algunos pasos nuevos y formar más gente en la Palabra!”

¡Qué grande, Quintina, mujer de fe, mujer comprometida con su gente! Y qué importante descubrir en su experiencia caminos posibles para que la Palabra siga entrando en las culturas que nos envuelven… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

amar y reir

amar y reir

LA SERENIDAD AÑORADA
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net

ECLESALIA, 25/06/09.- Un dicho oriental cuenta como dos almas están a punto de encarnarse. Entonces, Dios se reúne con ellas a fin de preguntarles qué desean para la existencia terrena que les espera. Una de ellas dice: “Señor, yo quiero ser una persona rica, dueña de una fortuna fabulosa, y mucho poder a lo largo de toda mi vida”. La otra le responde que solo quiere una mente serena: “te ruego, Señor, que me otorgues una mente serena; con eso me será suficiente”.

Esta reflexión mantiene intacta su actualidad ante nuestro anhelo insatisfecho de serenidad, tantas veces relegado por otras cosas a las que dedicamos nuestros mejores desvelos. Está claro que los éxitos económicos y tecnológicos han relegado el desarrollo en afectos a costa de sacrificar el equilibrio emocional en aras a una vida desenfrenada y consumista.

Las señales de alarma en cada etapa del desarrollo humano, se han convertido en una verdadera patología de nuestro tiempo: desasosiego, estrés, fobia, nervios, obsesiones, angustia, intranquilidad, presión, miedo, alarma… son parte del panorama vital de muchas personas que se manifiesta en forma de cefaleas, problemas musculares y estomacales, insomnios y demás efectos psicosomáticos con los que el organismo nos advierte de que algo no va bien. Vivimos en una sociedad tensionada que no quiere renunciar a nada para recuperar la serenidad, a pesar de tanta insatisfacción, tristeza, ira, culpas, frustraciones, baja autoestima, etc., etc.

Todo esto repercute en la calidad de vida, en el rendimiento y en nuestras relaciones socio familiares, causando mucho sufrimiento en nosotros y en los que más queremos. Tanta obsesión por los logros en el trabajo y la relevancia social nos ha borrado la lucidez para comprender que el mal y la solución están dentro, y no fuera de nosotros.

En el fondo, subyace una complejidad de factores surgidos desde la crisis de la civilización moderna occidental; Ortega y Gasset lo denominaba “el dramático paso de un tipo de fe a otro: de la fe en que Dios es la verdad en las cosas, a la fe en que la verdad de la cosas la constituyen la razón y la ciencia” sin prestar atención a lo verdaderamente relevante en el progreso humano. La ausencia de serenidad señala un punto de deshumanización reflejada en la pérdida del disfrute en las cosas que realizamos, en la incapacidad de admiración ante las maravillas que nos rodean y en la falta de sentido en lo que hacemos sin aceptar los propios límites sabiendo convivir con ellos.

La serenidad no es indiferencia ni complacencia. Las personas serenas no se sienten demasiado asustadas, preocupadas o ansiosas por el porvenir. Tampoco se regodean en la infelicidad del pasado, ni fantasean con catástrofes futuras. Estamos ante una virtud muy evangélica que nos abre la posibilidad de mejorar la calidad de vida. La serenidad cuesta, pero nos predispone mejor al amor y a reírnos de nosotros mismos; el mejor binomio que existe.

La serenidad es paciencia para vivir el “ahora”, que es donde debemos concentrar nuestras energías; es abrirse a la esperanza de las múltiples posibilidades de la vida. La felicidad y la serenidad, en fin, son más una consecuencia que una meta de trabajarlas a base de bien, porque no vienen solas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

para curar

para curar

13 Tiempo ordinario ( B ) Marcos 5, 21-43
HERIDAS SECRETAS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 24/06/09.- No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús. No se atreve a hablar con él como Jairo, el jefe de la sinagoga, que ha conseguido que Jesús se dirija hacia su casa. Ella no podrá tener nunca esa suerte.

Nadie sabe que es una mujer marcada por una enfermedad secreta. Los maestros de la Ley le han enseñado a mirarse como una mujer «impura», mientras tenga pérdidas de sangre. Se pasado muchos años buscando un curador, pero nadie ha logrado sanarla. ¿Dónde podrá encontrar la salud que necesita para vivir con dignidad?

Muchas personas viven entre nosotros experiencias parecidas. Humilladas por heridas secretas que nadie conoce, sin fuerzas para confiar a alguien su «enfermedad», buscan ayuda, paz y consuelo sin saber dónde encontrarlos. Se sienten culpables cuando muchas veces solo son víctimas.

Personas buenas que se sienten indignas de acercarse a recibir a Cristo en la comunión; cristianos piadosos que han vivido sufriendo de manera insana porque se les enseñó a ver como sucio, humillante y pecaminoso todo lo relacionado con el sexo; creyentes que, al final de su vida, no saben cómo romper la cadena de confesiones y comuniones supuestamente sacrílegas... ¿No podrán conocer nunca la paz?

Según el relato, la mujer enferma «oye hablar de Jesús» e intuye que está ante alguien que puede arrancar la «impureza» de su cuerpo y de su vida entera. Jesús no habla de dignidad o indignidad. Su mensaje habla de amor. Su persona irradia fuerza curadora.

La mujer busca su propio camino para encontrarse con Jesús. No se siente con fuerzas para mirarle a los ojos: se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. No importa. No importa nada. Para sentirse limpia basta esa confianza grande en Jesús.

Lo dice él mismo. Esta mujer no se ha de avergonzar ante nadie. Lo que ha hecho no es malo. Es un gesto de fe. Jesús tiene sus caminos para curar heridas secretas, y decir a quienes lo buscan: «Hija, hijo, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud». (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

otra dimensión

otra dimensión

QUÉ HERMOSO Y DIFÍCIL SER PAPA
Reflexiones en el Día del Padre, 21 de junio
WILLY SCHEFER, willyschefer@hotmail.com
ARGENTINA.

ECLESALIA, 23/06/09.- No solo en este día, muchas veces pienso mucho en el sentido de ser papá.

Las alegrías, el esfuerzo cotidiano, procurar para que a nuestras niñas no les falte nada. Mimarlas “hasta el cielo”, consentirlas, hasta el límite de ceder a sus caprichitos…

Retarlas, cuando les hace falta, cuidarlas, como el león que ruge cuando presiente que sus cachorros corren peligro, sufrir hasta las lágrimas cuando la enfermedad debilita sus tiernos cuerpitos.

Intentar hacer las cosas lo mejor posible es mi desafío como papá: Darles seguridad en las respuestas, buscar el sentido de las cosas ante los infinitos ¿Por qué?... Trabajar para darle todo lo que necesitan, pero por sobre todas dejarles el ejemplo de trabajar con un sentido ético, aportando cosas que sirven a la sociedad… Buscar juntos con la mujer que amo que la educación sea fundamentalmente de valores trascendentales, no valores efímeros o superficiales.

Y no puedo deja de pensar en la paternidad de Dios…

El sabe siempre que hacer…

Me gusta saber que es eternamente bueno y conoce nuestros corazones.

Cuado siento que no puedo más dejo todo en sus manos, y en esos momentos siento surgir dentro mío una esfuerza maravillosa que me transforma… y vuelvo a empezar…

Qué hermoso y que difícil es ser papá…

Al pasar el tiempo uno va comprendiendo porque la familia es un camino de santidad…

Se vivencia cada día tratando de hacer la voluntad de Dios, que es simplemente vivir sumergidos en su amor, y la ilusión de ser sus amigos, de tener a nuestro lado un Padre Bueno.

Cuando estaba como “Cura” en esta fecha me “felicitaban”, y me sentía raro por ser “un padre sin haber engendrado”, pero me gustaba que me desearan Feliz Día del Padre…

Hoy gozo con las vocecitas de mis nenas que me despiertan deseándome lo mismo….

¡Pero no es lo mismo! ¡Es más pleno, es otra dimensión de la Paternidad!

¡Seguime ayudando, seguí regalándome este Don de la Paternidad!

¡Bendecí a mi papá y todos los papás del mundo!

¡AAhhh!... ¡Feliz Día Papá - Dios! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

torrente IV

torrente IV

¿A QUIÉN ORAMOS? IV
Aclaraciones sólo para adultos
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@gmail.com

ECLESALIA, 18/06/09.- ¡Pues sí que se ha armado oiga! Éste artículo ha levantado ampollas y me han llovido improperios. Aunque fueron muchas más las bendiciones. Me ha causado especial dolor la acusación de escandalizar a “los sencillos”, porque camino entre ellos huyendo de los simples. Me es imposible callar “lo que he visto y oído” (He 4,20) precisamente porque ansío ayudar a “los hambrientos”, a los que buscan con sencillo corazón. “Los hartos”, estáticos en su hartura, llenos de sabiduría y rutina, inmunes a toda conversión, no me interesan. No es mi carisma.

Confieso mi sorpresa por las descalificaciones, insultos, ironías y ataques a mi catolicidad. Quienes así se manifiestan se sitúan fuera de la caridad y, por tanto, fuera del Evangelio. Aunque debo agradecerles sinceramente su vacuna contra toda vanidad.

Mis artículos se publican en diversos medios para hacer el bien. Los escribo con el corazón más que con la cabeza, desde experiencias más que desde teoría o ciencia. Son “confesiones de un pecador en proceso de conversión”, con muchos años y errores a su espalda. ¡Que nadie se ofenda, por favor! Si no te hace bien lo que escribo, deséchalo. ¡Busca lo que te contagie vida! No dicto lecciones y mucho menos dogmas. No hago más que exprimir mis pequeños descubrimientos. Pero vayamos a las siete aclaraciones.

1) No descalifico la “oración de petición”. Es imprescindible para la fragilidad y pequeñez del ser humano (ver parte II). El problema está en cómo oramos, qué pedimos y a quién. Es esencial ser conscientes de todo eso. La “oración de petición” no sólo es buena, puede ser óptima. Hay oraciones sublimes bajo apariencia de petición, como el “Veni Creator Spíritus”, la secuencia “Veni Sante Spiritus”, las invocaciones “Alma de Cristo santifícame”, la oración al Crucificado “Miradme oh mi amado y buen Jesús”, la de san Buenaventura “Traspasa dulcísimo Jesús y Señor mío”, etc. Hoy apenas se usan, las consideramos demasiado almibaradas y anticuadas. Sin embargo, son un verdadero crepitar de corazones incendiados, expresión de aspiraciones profundas de enamorados.

Vengo defendiendo -aunque parezca un contrasentido- que en la “oración de petición” más que PEDIR hay que EXPRESAR nuestras aspiraciones y nuestras necesidades humanas. De esa manera las aspiraciones toman volumen, se expanden, crecen y, si es en comunidad, se contagian. Las necesidades, al expresarlas, contarlas y sacarlas fuera, pesan menos, uno se desahoga y descansa en Quien nos cuida siempre. Eso nos prepara para ACTUAR o ACEPTAR, verbos que olvidamos con frecuencia. Esto no es Teología es pura Sicología. Es justamente lo que hacen los que van al sicólogo. ¿Hay algún sicólogo mejor que el nuestro?

Dios no necesita nuestras oraciones, ni le convencen de nada, ni le mueven a actuar de otra manera, ni va a retirarnos su favor sin ellas. Somos nosotros los que necesitamos la oración -esa bendita sicoterapia- para apoyarnos, afirmarnos y avanzar. Los milagros ya están dentro de ti, en las potencialidades que recibiste al nacer. El “milagro de la espiga” está en el grano de trigo que se deja transformar por la vida que contiene. El “milagro de la bombilla” está en vaciarse y abrirse a la energía para incendiarse. Los “milagros de los santos” no son concesiones extraordinarias de lo Alto, son la manifestación de su transformación. La “imagen y semejanza” creció y les tomó, como el fuego convierte al negro hierro en pura incandescencia. No hay posibilidad de milagro sin transformación. Los milagros nacen de “abajo”, no llegan de “arriba”: “si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: vete de aquí para allá, y se trasladaría; nada os sería imposible” (Mt 17,20). Lo que Dios quiere es que su vida -su reino la llama el evangelio- crezca en nosotros y nos haga felices: “en cambio, buscad que Él reine y lo demás se os dará por añadidura” (Lc 12,31).

2) No niego que haya que rezar por otros. Lo que digo es que tendríamos que ser conscientes de a quién oramos y situarnos en coherencia. Mejor PRESENTAR al otro y nuestra aspiración a ayudarle que COLGARLE al Señor las necesidades del otro como si fuera un perchero milagroso. Hay que partir de la convicción (fe) de que Dios ya está volcado por el otro y no hay que CONSEGUIR nada. Más bien hay que IMITAR sus actitudes hacia ese hermano: “¿Además de traerte a esta persona querida, Señor, qué puedo yo HACER por ella siguiendo tu ejemplo? - ¿Cómo puedo SER para ella tu abrazo, tu beso, tu consuelo?”. Puede que nos sorprendan las respuestas.

Las súplicas (incluidas las preces de la Misa) no deberían ser para COLGAR de Dios las necesidades humanas y apaciguar nuestra conciencia. Deberían ser para COMPROMETERNOS con las soluciones posibles hoy. Nosotros somos las manos de Dios. Y, como son tan pequeñas, necesitamos hacerlas crecer. ¿La manera? VIVIFICAR nuestras aspiraciones identificándolas y expresándolas. GRITAR nuestro deseo de ayudar: ¡Quiero ayudar a esta persona, Señor, muéstrame cómo!

Esa forma de pedir nos vitaliza y nos predispone a responsabilizarnos, a solidarizarnos, a MOVILIZAR nuestros recursos internos y externos para ayudar. Saldríamos de la oración (o de la Eucaristía) más o menos “transformados”, según la intensidad con que hayamos vivido y expresado nuestras aspiraciones profundas. Por desgracia solemos salir, como entramos, “solitarios entre solitarios, codeándonos más que conociéndonos”. Eso sí, con la conciencia opiada porque ya le hemos colgado a Dios o a los santos nuestras responsabilidades. Eso explica tanta atonía, tanta rutina, tanto aburrimiento y tanta desbandada.

Cuando hablo de responsabilidades no penséis en grandes cosas. Somos demasiado pequeños. Se trata de dar nuestro pasico de hoy, el que podamos. Se trata de VIVIR lo que decimos que creemos. ¿Cuánto cuesta un beso, un abrazo, una sonrisa, una palabra de aliento, una caricia, un piropo sincero, un “estoy contigo”, un “yo te acompaño a casa” o un “estamos en buenas manos”?... “Muéstrame tu fe sin obras (sólo intercesión) y yo con mis obras te mostraré mi fe” (Sant 2,18).

No tiene sentido que una ola interceda ante el Mar para que conceda agua a otras olas. Más bien la ola “intercesora” debería hacerse consciente de quién es y dónde está, para aprovechar su fuerza y levantar las olas desvanecidas en la orilla. La fe no consiste en creer que puedo CONSEGUIR sino en FIARME del Mar -en el que estoy sumergido- y apretarme, fundirme, solidarizarme, abrazarme con esas otras olas por las que me preocupo. Cualquier oración comunitaria debería ser una “sinfonía de agua” cantando al Mar.

3) Tampoco niego la influencia de la Virgen y de los santos en nuestras vidas. No soy un iconoclasta. Para mí, la presencia de Madre en mi vida es esencial. Lo que digo es que no son intermediarios y, por tanto, no se puede hablar de intercesión. Más que orar A los santos hay que orar CON los santos. Y con Madre, por supuesto. Más que pedir hay que VIVIR nuestras aspiraciones CON ellos y COMO ellos.

Nuestra Madre es justamente eso: una “madre” que educa, enseña, aconseja, consuela y acompaña. No es una “diosa menor” a la que haya que pedir milagros, ni el brazo misericordioso que los arranca de un “dios solemne y rígido”. Es la Madre de nuestro Señor y nuestra, la llena de gracia, nada más y nada menos. Los “excesos católicos” en este tema propiciaron (y propician) la huida de hermanos nuestros, temerosos de caer en idolatría. Hay que reconocerlo por mucha carga popularista que tengamos en contra. Ella no es el Camino, solamente quien me impulsa por Él.

Sugiero estas advocaciones: Virgen del Horizonte (imagen de una bellísima mujer judía, con la cabeza descubierta, ataviada para el viaje, con el brazo derecho extendido hacia un camino que se sumerge en el horizonte; en la peana esta leyenda: “Buscad su rostro”); Virgen de la Adoración (la misma mujer profundamente postrada con éste rótulo al pie: “Glorifica mi alma al Señor”); Virgen de la Alabanza (la misma mujer con los brazos extendidos a lo alto y esta frase a sus pies: “Salta de júbilo mi espíritu en Dios mi salvador”. Tal vez algún artista se atreva a plasmarlas.

Todos los que nos aman (en el cielo o en la tierra) NUNCA llegarán a amarnos y estar tan cerca de nosotros como el Padre. Ellos son sólo sus imitadores. Pueden influir en nosotros pero no pueden influir en Dios porque es Inmutable. En esta afirmación -una evidencia para mí- podría resumirse todo lo que vengo diciendo sobre la intercesión.

4) "Cada uno hace lo que puede y es muy respetable". Así me responde un comentarista enojado. ¡Tiene razón! No se puede hacer más que “lo posible” en cada momento. ¡Cierto! Otros me dicen que la intercesión es “de siempre” y figura citada expresamente en la Escritura. ¡También cierto!

Pero... el ser humano es progresivo, está llamado a crecer y madurar ("sed perfectos..."). Las potencialidades del hombre son enormes, bastaría observar el progreso material para darse cuenta. ¿Renunciaremos al progreso espiritual? ¿Nos quedaremos en “esto es lo que me enseñaron mis abuelas”, “se ha hecho o dicho así siempre”? Estamos llamados a crecer -las citas del Evangelio serían interminables-. Y crecimiento significa “movimiento”, “cambio”, “progreso”, “maduración”. El inmovilismo, bajo cualquier ropaje sagrado o profano que se esconda, es totalmente negativo para el cuerpo y para el alma. Lo que hoy no veo o no puedo, tal vez lo vea o pueda mañana. El cristianismo es Camino. No es posible permanecer en camino sin caminar. El cristianismo es Verdad. No eres de la verdad si no te “desnudas” y te dejas penetrar por ella hasta lo más íntimo, aun “soltando” los libros. El cristianismo es Vida. No estás vivo si no creces y maduras.

Hay quienes ven en la Escritura un límite, una gran cárcel, y la utilizan para encerrarse y encerrar a otros. Incluso para amenazarles, injuriarles, despreciarles y agredirles. No practican la Palabra sino “el palabrazo” que es, justamente, la negación de la Palabra. Yo estoy convencido de que la Escritura es una oportunidad, un inmenso camino por recorrer, un precioso canto a la luz, la libertad y el amor, genes dominantes recibidos del Padre. Hay quien confunde la perla -me decía una lectora uruguaya inteligente- con la rugosa valva, la ostra o la baba.

Nos lo dejó dicho el Señor: "Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero ahora no estáis capacitados para entenderlas. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa. Pues no os hablará por su cuenta, sino que os dirá lo que ha oído y os anunciará las cosas venideras" (Jn 16,12). ¿Quién se atreverá entonces a enjaular la Luz? ¿Quién le pondrá cadenas al Espíritu?

No me preocupa que en la Escritura se mencione la judaizante “intercesión”. Si descubro que esa palabra u otras me impiden poner a Dios en el lugar supremo de mi vida, si me oscurecen su Rostro, si me impiden ver su Amor, es que no son perla.

5) Más reflexiones sobre la oración. Hay a quien este artículo le ha sabido a poco y me pide más. ¡Bendita el hambre de estos hambrientos! Tened paciencia. Sólo he tocado la “oración de petición” y dentro de ella la “intercesión”. ¡Ojalá tenga luz y tiempo para escribir sobre la “oración de impregnación” o sobre la “experiencia de Dios”! No sé si lograré hacer la “O” con un canuto. Pero, estad seguros, si encuentro el canuto os lo pasaré.

6) También hay quien pregunta por la santa Misa (o me golpea con el Misal llenito de intercesiones) y el santo Rosario. La santa Misa es nuestra suprema oración comunitaria, la “celebración” gozosa de nuestras aspiraciones, especialmente adoración, alabanza y acción de gracias. También el “llanto” por nuestras necesidades. No para que sean atendidas -que con toda seguridad lo están- sino para “descargar” el corazón y unirnos a las aspiraciones del Anfitrión. Ese doble movimiento: expresar las necesidades y adherirse a las aspiraciones del Señor, me dará luz y fuerza para los caminos a tomar. Será un baño de auténtica conversión, un “hacer y sentir en memoria del Señor”. Para mí, sobran las intercesiones y la rutinaria memoria de tanto principal. Estoy convencido de que el Misal puede y debe mejorarse con oraciones más “vivas” y realistas, menos abstractas, rutinarias y anticuadas (por ejemplo, las referidas a una redención por sangre). Cabe celebrar desde el fondo con palabras preciosas -que las hay- evitando que otras te obstaculicen orar con Él, por Él y en Él.

El santo Rosario es una oración maravillosa y acumula las oraciones primarias de todo cristiano. Para mí, que crecí a los pies de la Virgen del Rosario, tiene todavía más carga emotiva. Quien lo reza sólo con los labios o sólo pasa cuentas, sacará poco provecho. Más fruto sacará quien reza esa “salmodia popular” mientras su corazón se sumerge en ese Padre, al que invoca, o paladea la compañía de la Madre.

La llamo “oración de tren” porque se repite y avanza sobre raíles seguros. Cuando, siguiendo el consejo evangélico, “bogas mar adentro” (Lc 5,4) ya no te sirve el tren y cambias los raíles por el equipo de inmersión. Si la oscuridad, viento o tormenta, te impiden navegar, puede que vuelvas a ese tren seguro y te dejes llevar.

Me han hecho notar que el “ave maría” contiene una intercesión: “ruega POR nosotros”. En coherencia con lo expuesto, sería más adecuado “ruega CON nosotros”. No rezamos a María para conseguir (mediación) sino que acudimos a Madre para que nos acompañe y enseñe a sumergirnos en el Dios que nos abraza desde dentro. Un servidor reza así: “Santa María, Madre de Dios, ruega con nosotros tus hijos, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Alguien me cita el “yo pecador” (oración oficial porque está en el Misal). Allí se dice: “Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor”. A la luz de lo dicho, es evidente que sería mejor: “que me ayudéis a convertirme a Dios, nuestro Señor”.

Tengo la esperanza de que éstos y otros brotes verdes del Pueblo sean pronto canonizados, es decir, recogidos por los pastores y propuestos a toda la Iglesia. No esperemos a que nos alimenten sólo desde arriba, como niños pequeños. Ofrezcamos a la Iglesia las espigas nuevas que brotaron en nuestros campos al calor del Espíritu. Así es como avanza nuestra Comunidad a la que cada uno debería ofrecer lo mejor de sí mismo.

7) ¿Olvido la doctrina oficial? A Pablo también le intentaron frenar los legalistas: “Éste incita a los hombres a que den culto a Dios en contra de la ley” (He 18,13). Y escuchó esta voz: “No tengas miedo, habla y no calles, porque Yo estoy contigo” (He, 18,9). Yo no soy Pablo claro, pero estoy convencido de que “sus hermanos pequeños” podemos y debemos aportar a nuestra Iglesia lo mejor de nosotros mismos con valentía. La “doctrina”, recogida en libros, es la contabilidad pasada, el cierre anterior, la cristalización del pasado. ¿No habrá que estar muy atentos a las “novedades” del Espíritu? ¿Algún católico sincero puede pensar que ya le hemos agotado? El Evangelio dice cómo actuar: “poner la luz en el candelero” (Mt 5,15).

¿Acaso tú y yo no somos Iglesia? ¿Cómo se renovará la Iglesia si cada uno no aporta su propia renovación? ¿Qué es nuestra Iglesia un cementerio de personajes célebres, de libros sabios, de rutinas multiplicadas? ¿O tal vez un Pueblo que camina, progresa, avanza, se renueva y busca apasionadamente al Padre del que nunca debió alejarse?

Los que creen que la Iglesia está asegurada por la “doctrina oficial” son unos ingenuos, razonan como terrícolas, de tejas para abajo. El seguro a todo riesgo de nuestro Pueblo está suscrito por el Espíritu Santo, no hay nada que temer. Sólo hay que dejarse inundar y ser dóciles a ese Maestro interior que se manifiesta en las “intuiciones profundas” de quien lo busca con sincero corazón. Los libros oficiales nunca pueden ser un obstáculo, deben ser una ayuda.

¿Por otro lado, hay doctrina “más oficial” que el Evangelio? ¿Aquél, al que queremos imitar, fue un cultivador de ritos y rutinas? ¿O más bien un reformador, un sembrador de vida y esperanzas nuevas? ¿Puso “el sábado” por encima de todo o puso todo -incluso su vida- para dar vida a sus criaturas? “He venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10). Que cada uno busque sus respuestas. Por mi parte, me siento orgulloso de pertenecer a un Pueblo que camina con la “gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom 8,21) bajo el brazo.

Hubo un tiempo en que las letras, los libros, las autoridades, los signos suntuarios, etc. me amedrentaban, dominaban mi “conciencia social” o “cerebral”, me hacían dudar, me hacían sentirme culpable. Eran los tiempos del autoritarismo global y de mi inmadurez total. Hoy me he dado cuenta que nuestra Comunidad Católica no está protegida por enormes murallas (el Papa las descalificó hace muy poco), ni por mandatos severos, ni por sabidurías centenarias. He podido comprobar que en nuestra Comunidad late el Espíritu Santo, que todo lo inunda, que todo lo ilumina, que todo lo renueva. Más que memorizar libros, necesitamos ser dóciles al Espíritu. A esa docilidad nos debe empujar -nunca frenar- la pedagogía de libros y doctrinas.

Juan Pablo II lo expresó magníficamente: “La fe se propone, no se impone”. Si la fe no se puede imponer, menos aún la monocromía. Nuestra Iglesia es una Comunidad llena de luces, colores y carismas. ¿Cómo pretendes tú imponer tus rígidas cuadrículas? Un profeta del siglo XX, Marcel Légaut, lo sintetizó así: “Herederos de una labor inmensa, visitados por una Presencia que no manda sino que llama. Empujados, levantados, solicitados, alzados por encima de nosotros mismos, emergiendo de la servidumbre, alcanzando la libertad. Obreros de un porvenir sin fin, inseparable de Ti, mi Dios”.

No, hermanos míos, no. La “Iglesia oficial” no es para mí un ancla, ni una grúa que me mantenga en dique seco. ¡Todo lo contrario! ¡Es el velero que me invita a domar el viento, a conquistar horizontes, a descubrir al Señor en todos los rincones de la creación! ¡Es el velero que me permite superar el miedo a las aguas profundas y a mi propio miedo! Tal vez un tanto anticuado, con algunas tablas carcomidas y velas remendadas. Pero es mi velero, el que tengo, al que amo, el que me ha sido dado. No renunciaré a él por nada del mundo y en él gastaré mi vida.

Tengo claro que el timón de mi vida es mi responsabilidad, que mi discernimiento, mi libertad y mi conciencia no pueden navegar en la bodega, que debo estar alerta y gritar a mis hermanos las tierras, luces o mares nuevos que entrevea. De ellos espero lo mismo. Y todos juntos reparar y modernizar nuestro barco para llegar más lejos y abrirnos a otros hermanos cristianos (¡qué escándalo tanta ruptura!). A veces me siento frágil, ignorante, dubitativo, inconstante, incluso retenido y apaleado. Pero me tranquiliza oír la voz de Pablo a babor: “El Señor es Espíritu y donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad” (2Cor 3,17) y a Santiago a estribor: “Hablad y obrad como quien debe ser juzgado por una ley de libertad” (Sant 2,12). Pero lo realmente definitivo es oír la dulce voz del Señor a proa: “la verdad os hará libres" (Jn 8,32), “duc in altum” (Lc 5,4).

Finalmente, la certeza permanente que habita mis artículos de religión es: Dios nos ama infinitamente porque no puede hacer otra cosa, ya que Él mismo es el Amor. En consecuencia doy pistas de reflexión, delato o critico algunos andamios mentales o prácticas religiosas que oscurecen u olvidan esa verdad. Si alguien cree que eso me aparta de mi Iglesia, que se haga revisar la vista por favor. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: http://blogs.periodistadigital.com/jairodelagua.php

huellas

huellas

12 Tiempo ordinario (B) Marcos 4, 35-40
¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 17/06/09.- «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?

El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla ». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.

De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No sólo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.

Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados».

Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.

El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a «a otra orilla».

La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro os da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.

Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

no nos pertenece

no nos pertenece

DECÁLOGO PARA PENSAR EL COMPROMISO DE LA IGLESIA ANTE LA CRISIS
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, Profesor de Moral Social Cristiana, igcalleja@euskalnet.net
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 16/06/09.- 1. En el comienzo está la memoria de la denuncia, “no podéis servir a Dios al dinero”, y el recuerdo de que cuando se comparte, “pudieron comer todos hasta quedar satisfechos”.

2. Y la memoria se hace interpelación personal con la voz y la presencia de los que no hallan un modo digno de vida para ellos y sus hijos, provocándonos el “no hay derecho”, esto “ofende al mismo Dios”.

3. Y desde la indignación ética nos vemos reclamados al conocimiento crítico de la realidad, para comprenderla en sus relaciones materiales y morales más determinantes, “porque si un ciego guía a otro ciego…”.

4. Y el conocimiento crítico de la realidad nos recuerda que aún hay un mundo más allá del nuestro, donde las pobrezas y la exclusión degeneran, más si cabe, en pecado estructural de inhumanidad que, por acción u omisión, compartimos.

5. Y el sentido crítico nos hace advertir que ninguna relación material de injusticia viene sola, sino que se subsume en el fracaso de unos valores. Introducir esta diferencia, ilumina el análisis; olvidar su relación sustantiva e inseparable, nos avoca a un idealismo moral tan estéril como manipulable.

6. Y en el diálogo de la Palabra, el análisis social y la conciencia moral, surge un compromiso efectivo de la fe de los cristianos y de la Iglesia toda, primero, como exigencia pública de justicia. Es la denuncia de las estructuras y comportamientos sociales que no pueden ser, “porque no se puede dar en caridad lo que se debe en justicia”.

7. Y porque la justicia imprescindible no llega, y la correlación de fuerzas que la debería impulsar es tan desigual, y ante la urgencia de tantos y tantos casos de necesidad inaplazable en la crisis, la caridad se vuelca en ayudas particulares, y en proyectos y programas, que alivien a los más necesitados y débiles. Siempre será necesaria la caridad social; lo peculiar de nuestros días es la extensión que adquiere la injusta suplencia de la justicia por la caridad. Por eso es imprescindible el análisis crítico de la realidad, y la denuncia de la injusticia social originaria en cada supuesto de la caridad personal y, sobre todo, eclesial. Pueden darse casos de llamada a la desobediencia civil de “los pobres” ante los injustos efectos de algunas leyes o situaciones.

8. Y porque la caridad tiene su valor religioso y moral propios, la comunidad cristiana se vuelca en sus Cáritas con programas, proyectos y ayudas precisas, que palian las urgencias de los más pobres, implican a sus destinatarios como sujetos y se proponen su inclusión en la vida laboral y social.

9. Y la Comunidad se vuelca en sus Cáritas, (¡también es exigente con ellas, como obra propia y de todos que son!), desde los Presupuestos de Roma, de las Diócesis y de las comunidades cristianas particulares, desde todas las organizaciones de la Iglesia y desde los cristianos particulares, encomendando la coordinación del conjunto de las iniciativas a Cáritas, como servicio de todos a los más pobres, dentro y fuera de la comunidad. Esto no significa que no pueda haber otras iniciativas en la Iglesia o que no puedan coordinarse con el movimiento civil laico en lucha por la una sociedad más justa. Los pobres llegan al centro de la Iglesia y la reconfiguran en todas las manifestaciones de su misión y organización; éste es el sueño y la intención.

10. Y la acción caritativa, que es moral y espiritual, personal y asociada, de cada uno y de la Iglesia toda, y que es ayuda, programa y proyecto, y que es denuncia, siempre, y acción, y que es donativo y promoción de personas y contextos, es, a la vez, educación y evangelización de las conciencias; en el compartir hoy y ya, “porque si se comparte, llega y sobra”. Y en la sobriedad de otro modo de vida, porque para sobrevivir todos, hay que vivir de otro modo, y para que llegue a todos, eso de lo que nos privamos, hay que ponerlo en común: “en caso de extrema necesidad, todos los bienes creados son comunes” y “lo que no es estrictamente necesario para una vida digna, no nos pertenece; es de los pobres”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

lloran

lloran

CRUCIFICADOS EN LA HISTORIA
Masacre en Bagua, Perú
JOSÉ MORENO LOSADA, sacerdote capellán en la UEx y consiliario de Acción Católica, jmorenol@unex.es
BADAJOZ.

ECLESALIA, 15/06/09.- Estoy impactado y casi no sé que decir, pero tengo que gritarlo. Acaban de llegarme las fotografías espeluznantes de la masacre en Bagua, población del departamento de Amazonas en Perú. Me las ha hecho llegar, Manolo Vélez, misionero extremeño que vive en aquella zona. He pasado por ese pueblo en muchas ocasiones en mis viajes a Perú, un pueblo de mucho movimiento comercial, lugar de paso y ni puesto a soñar podría imaginar que algún día podría recibir en mi correo electrónico por la mañana, tanto dolor y tanto sufrimiento de una población como aquella. Una vez más me encuentro con los crucificados de la historia, con el sufrimiento de los inocentes, con el pueblo linchado. No puede ser, me digo y me duelen las entrañas. Empiezo a recordar personas concretas que conozco de allí, religiosos, el sacerdote peruano Castinaldo que estuvo varios años realizando sus estudios en Salamanca y los veranos los pasaba en la parroquia de San Fernando en Badajoz y que ahora es párroco de aquella población, catequistas, hombres de campo que aprendieron a leer con la Biblia, y los imagino en medio de la masacre con el corazón en un puño y desgarrados de dolor, algunos de ellos seguro que heridos y con familiares muertos. Y todo ello producto de un sistema neoliberal capitalista donde los pobres no cuentan de ningún modo y cuando pretenden tener autonomía y protagonismo son masacrados, desaparecidos del mapa, posiblemente en un fosa común o con un féretro que habrá sido utilizado para más de uno.

Me pregunto qué tengo que hacer, no puede ser que sigamos durmiendo y que no seamos conscientes del trabajo que cada día nos toca hacer a favor de los últimos. Necesito pensar desde ellos y actuar desde ellos. Cómo pensar y luchar por un mundo en el que quepamos todos con dignidad y justicia. Es necesario repensarnos y poner a la persona en el centro de todo. Trabajo con jóvenes y me prometo en mi interior que esto lo van a conocer todos los que me rodean. Será parte de la formación de los jóvenes universitarios en las jornadas de este verano. Queremos trabajar lo que se refiere a las emociones en las personas humanas, especialmente en los jóvenes, y considero necesario que las realidades de pobreza, de dolor y de injusticia lleguen de un modo directo a los jóvenes para que ello les ayude a salir de la indiferencia y de la actitud indolora ante el sufrimiento humano de la sociedad. Sé que los jóvenes son especialmente abiertos a la vida y a la reflexión pero necesitan espacios que de verdad que les lleven al centro de la realidad y puedan tocar el dolor con sus propias manos. Recuerdo el pasaje de Jesús Resucitado cuando le pide a Tomás, descreído y alejado, que meta su mano en el costado abierto y el dedo en la señal de los clavos, y miro y remiro las fotografías y grito en mi interior: ¡Señor Mío y Dios mío! Tú sigues presente en los crucificados de la historia y lloro y rezo desde Bagua. Sueño y espero un mundo nuevo y me alegro de Manolo Vélez, de Lolo, Antonio, Ángel, Diego, Joseli, Leonardo, Kati, Amor… Personas queridas extremeñas que están dando la vida en aquella parte del mundo donde hoy los crucificados lloran desconsolados. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).