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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

del sínodo

¿QUÉ ME QUEDA DEL SÍNODO DE MADRID?
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@caminantes.jazztel.es

ECLESALIA, 20/05/05.- Me queda una experiencia de unidad y comunión. En la Asamblea había 626 personas de distintos movimientos, instituciones y sensibilidades eclesiales, como ahora se dice. Estaba toda la jerarquía de la Iglesia de Madrid, muchos curas, bastantes religiosos pero, sobre todo, una gran mayoría de laicos. Fue bonito ver a cada uno mostrarse con sus carismas, sus preferencias, sus devociones, su vocación. Sin embargo se respiró un ambiente de libertad, de fraternidad, de cercanía, de igualdad. Ha sido muy gratificante para mí sentirme un caminante más de este Pueblo de Dios, deseoso de avanzar y hacer camino.

En cuanto a las propuestas aprobadas, como síntesis de las presentadas durante dos años por los muchísimos Grupos Sinodales, han tenido especial resonancia en mí los siguientes temas:

El clamor por la oración, que uno modestamente entiende como medio para descubrir la interioridad, para impregnarse de lo mejor de uno mismo ("el reino de los cielos está dentro de vosotros" -Lc.17, 21-), para desvelar la Palabra, para intuir el rostro de Cristo, es decir, el verdadero rostro de Dios ("¿no crees Felipe que Yo estoy en el Padre y el Padre en mí?" -Jn. 14, 10-) e intimar humildemente con Él.

La oración es nuestra puerta a la seguridad, a la paz, a la verdad, al progreso, a la energía, a la felicidad, porque nos permite apoyarnos en nuestra roca interior. Es el medio del "frui Deo" (disfrutar a Dios), como decían los místicos medievales. Es el camino para encontrarse con Él y dejarse vivificar ("he venido para que tengan vida y la tengan abundante" -Jn. 10,10-).

Hace tiempo que dejé de creer en el "dios de la manga", ése al que es necesario despertar y tirar de la manga constantemente para que se acuerde de nuestras necesidades. Hoy creo en el Dios Torrente que se derrama permanentemente sobre sus hijos. Basta abrir el corazón para ser saciados (“Estoy a la puerta llamando: si me oís y me abrís, entraré en vuestra casa y comeremos juntos” -Ap. 3, 20-. "No os dejaré abandonados nunca" -Jn. 14, 18-).

El clamor por la formación acumuló también muchísimas propuestas. Yo entiendo la formación como camino para conocernos y conocerle a Él ("noverim me, noverim te", decía san Agustín), como luz para nuestra búsqueda de plenitud, como herramienta imprescindible para descubrir y potenciar nuestros talentos (nuestra tierra) y hacerlos fructificar.

La formación, además, nos pone en contacto con las riquezas del otro, nos ayuda a superar nuestra limitación individual, a ver más allá, a encontrar nuestro camino y nuestra caravana. Es previa e imprescindible la determinación de progresar, la búsqueda personal, el hambre de ser más y mejor, la sed del "agua viva". Por eso -creo yo- la formación está conectada con la oración. Ésta nos proporciona la motivación para avanzar, la formación nos ilumina y nos remite de vuelta a la oración para integrar y unificar. Tomás de Aquino, al final de su vida, reconocía que había aprendido más delante del Sagrario que en los libros.

El clamor por la coherencia, es decir, por vivir hacia fuera lo que vivimos dentro. Quien ha bebido en el manantial del "reino de los cielos" (ése que brota en tu hondonada) no puede contenerlo, tiene que comunicar su hallazgo, su alegría, porque "bonum est difusivum sui" (el bien es difusor de sí mismo), como resumían nuestros doctos antepasados. Quien no siente ese ardor expansivo (muy distinto del proselitismo) es que no ha descendido a la fuente de sí mismo y sólo se apoya en ideas, principios, recomendaciones de terceros. La fe cerebral es sólo el poste indicador de la fe vital.

La vida de los católicos, si de verdad es "vida", debería notarse en la sociedad, debería tener consecuencias. Si no, es que caminamos en superficie, que no hemos descubierto ese Dios personal que late, llama y provoca desde el fondo. Y he ahí otro hallazgo: todo está relacionado. Sólo a través de la oración, entrelazada con la formación, se puede llegar al encuentro personal y a la coherencia externa.

El grito por la misericordia, finalmente, acumuló innumerables propuestas. Quien ha descubierto a Cristo en su ser ha descubierto al Padre. Quien se ha acercado al Padre tiene experiencia de su Misericordia. No podemos confesarnos católicos sin tener entrañas de misericordia para nosotros mismos y, consecuentemente, para los más débiles, los más desafortunados, los más desorientados, los más atropellados y olvidados, los más pequeños.

No basta la "limosna del céntimo", es necesario darse uno mismo, desde lo mejor de uno mismo, desde los dones que cada uno ha recibido: Quien pueda enseñar que enseñe, quien pueda reír que ría, quien pueda sanar que sane, quien pueda escuchar que escuche, quien pueda acompañar que acompañe, quien pueda levantar que levante, quien pueda aportar que aporte, etc. “El que no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios al que no ve” -Jn. 4, 20-. No podemos seguir mirando al cielo, porque el cielo de verdad está, para nosotros los cristianos, dentro de nosotros mismos y en el fondo de cada persona. Por eso hay que mirar dentro y al lado.

La misericordia no es dar al pobre lo que nos sobra. La misericordia es tener el corazón abierto al otro, la ternura a punto, la sonrisa puesta y el abrazo bien cocido para todo el que nos rodea. Solo así se puede hacer Comunidad de Amor y Misericordia, es decir Iglesia.

como Dios

SER PADRE COMO DIOS
CÉSAR ROLLÁN SÁNCHEZ, papá

ECLESALIA, 19/05/05.- Desde hace dos años, seis meses y veintitrés días me siento como Dios.

En la víspera de Pentecostés celebramos la Eucaristía actualizando el Espíritu. En el tiempo de la palabra compartimos los dones que cada uno sentía tener. Yo conté que el mío es mi hijo y todo lo que despierta en mí de ternura, cuidado, cariño profundo.

Siempre había tenido a Dios como mi buen padre, como mi buena madre, Dios como un ser que me quiere tanto como los que más me quieren. Luego llegó la experiencia de enamoramiento y amor y ver en ella a Dios. Ahora, como padre, me da vértigo sentir a Dios como me siento como padre. Me resulta increíble que Dios me pueda querer tanto… y más.

El noventa y tantos por ciento de los cristianos tiene prole, ¡cuánto sentimiento profundo para explorar y para poder contar qué es eso de Dios! Una teología que huela también a pañales, un Dios que nos cuida incluso más que lo que yo cuido al hijo que tanto quiero, una reflexión sin más dogma que el amor y con el amor todo, como Jesús vivió y contó en su buena noticia.

Dios como el amor de mi padre y de mi madre, Dios como el amor de mi esposa, el amor en el matrimonio, Dios como mi amor de padre; hay montones de libros y tratados sobre la fe en Dios padre, se puede encontrar seria y sesuda teología sobre el amor esponsal de Dios, pero ¿hay algún escrito sobre ser madre o padre como Dios?

etimología

Las etimologías de las palabras nos dan una idea clara de su contenido original: "iglesia", del griego "ekklesía" que significa "asamblea". ¿Qué queda de asamblea en la Iglesia de nuestros días?

(cuatro líneas de reflexión matinal antes del artículo del día publicado por Eclesalia Informativo)

catequistas y veinte

XX ANIVERSARIO DE LA REVISTA ‘CATEQUISTAS’
Publicación editada por los Salesianos

FRANCISCO JAVIER VALIENTE, delegado de comunicación
MADRID.

ECLESALIA, 18/05/05.- Se cumplen, ahora, los 20 años de la aparición de la revista Catequistas, única en su género dedicada a la formación básica de los catequistas. Editada por la Congregación Salesiana y dirigida por el salesiano Álvaro Ginel, la revista quiso ser una respuesta a indicaciones de documentos eclesiales que, en esa época, pedían una mayor formación de los agentes de pastoral dedicados a la catequesis.

Catequistas nacía con la vocación de servir para la formación de los catequistas de base, por eso desde el principio se orientó más hacia la formación que hacia la información, convirtiéndose en una escuela de catequistas que, mensualmente, llega a miles de lectores que trabajan en este ámbito educativo dentro de la comunidad eclesial. 20 años en los que muchos de los catequistas de habla hispana han ido profundizando en el ser, en el saber y en el saber hacer como educadores de la fe según las reflexiones y propuestas que se presentaban en las páginas de esta singular publicación.

La revista, con cerca de 6000 ejemplares, está pensada para que los autores mantengan una sección, almenos durante todo un curso, para acompañar en la formación a los catequistas en ese ámbito. Catequistas ha procurado cuidar distintos aspectos de la formación que va desde el ser del catequistas, hasta la teología fundamental, pasando por la catequética básica, la teología moral, el arte y la liturgia, la comunicación, psicología y dinámica de grupo, entre otros. Sin olvidar, claro está, la práctica de la catequesis según las distintas edades: comunión, confirmación, postcomunión, adolescentes... Últimamente está prestando atención, también, a la catequesis de adultos y a la catequesis familiar.

II Jornadas de Amigos de la Revista Catequistas

Para celebrar este XX Aniversario, del 1 al 3 de julio se celebrarán en Madrid las II Jornadas de Amigos de la Revista Catequistas. Las I Jornadas se celebraron al cumplirse los primeros 10 años de vida de la revista. A participar en estas II Jornadas están invitados todos los lectores de la publicación, que podrán encontrarse con los autores y compartir juntos experiencias y dificultades en la acción catequética.

Durante las jornadas, que se celebrarán en el Colegio Salesiano San Miguel Arcángel de Madrid, habrá distintas ponencias en las que se analizará la situación actual de la catequesis. Las ponencias correrán a cargo de la teóloga Dolores Aleixandre, el salesiano Álvaro Ginel, Mari Patxi Yerra y también está prevista la participación de Pascual Chávez, Superior General de la Congregación Salesiana.

---> Revista Catequistas: catequistas@editorialccs.com

Dios

Ser padre es sentirse como Dios. El amor desbordante con el que se vive la vida del hijo me hace pensar en que Dios me debe, nos debe querer al menos como me sale querer a mi hijo. ¿Me lo creo?

catequistas y retribución

LOS CATEQUISTAS Y LA RETRIBUCIÓN ECONÓMICA
Cuestión de justicia y no de libre contribución

JUAN PABLO GASME* juanpablogasme@yahoo.com.ar
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 17/05/05.- Estamos transitando tiempos de reacomodación económica, donde los distintos grupos de trabajadores tratan de ajustar cada vez más su situación a los nuevos indicadores económicos. “Vamos saliendo de la crisis” dicen algunos, expresando más bien una situación particular y no tanto la condición general. En la esfera social (y en los medios de comunicación) se va instalando como tema prioritario la cuestión salarial: en la Argentina post-devaluación el costo de vida a cambiado y llegar a fin de mes es cada vez más complicado. Tal vez en muchos países esté sucediendo lo mismo (¡!).

En un primer vistazo, puede parecer que ésta situación tiene poca relación con la catequesis y con los catequistas, tal vez porque no se ha considerado seriamente el tema de la retribución económica. Nos parece que es tiempo de hacer un primer planteo del asunto...

1. Aproximándonos al tema

No se trata de una problemática exclusivamente “económica”, sino que se relaciona, por un lado con una perspectiva pastoral (ya que se pone en juego la calidad del trabajo catequístico), y por otro, con una cuestión de justicia (en lo referente a la responsabilidad de la comunidad sobre el catequista, ya sea parroquial o escolar).

1.1.- La remuneración de los catequistas parece ser un tema tapado por algunos supuestos; o, peor, por el olvido de la condición laical de la mayoría de las personas que llevan adelante la catequesis.

Al parecer, no existen muchos documentos que aborden la cuestión globalmente, o por lo menos parecen no muy difundidos. Hemos encontrado algunos[1] que mencionan el tema. De ellos utilizaremos, para estas reflexiones, los criterios que aparecen sobre el asunto que nos ocupa.

1.2.- Es importante enmarcar estos planteos en el nuevo contexto social y pastoral. En un proceso de cambio época con grandes transformaciones culturales (Marcelo González), frente a la crisis del sistema catequístico (E. Alberich), y teniendo en cuenta la apremiante nueva evangelización (Juan Pablo II) que se propone la comunidad eclesial, se pueden vislumbrar las nuevas exigencias que la tarea de la catequesis presenta a los varones y mujeres que le dedican su tiempo. Podemos destacar: la necesidad de formación permanente y actualización, de reflexión sobre la cultura de los destinatarios, mayor preparación de las propuestas, una espiritualidad más profunda y encarnada, más trabajo de planificación en equipo... En síntesis, mayor eficacia y calidad en la tarea de educar en la fe.

1.3.- Decíamos más arriba que la mayoría de los catequistas son laicos. Y en este punto es necesario recordar lo específico de la vocación laical: su presencia en el mundo. Se afirma que su identidad es ser hombres de Iglesia en el corazón del mundo y de hombres del mundo en el corazón de la Iglesia para enriquecer la comunidad. Por la mayor toma de conciencia de la importancia de esta vocación (y por la crisis de agentes pastorales consagrados) afloran los movimientos apostólicos laicales y su compromiso eclesial en diversos ministerios y servicios dentro de la Iglesia. “Pero es en el mundo donde el laico encuentra su campo específico de acción. Por el testimonio de su vida, por su palabra oportuna y por su acción concreta, el laico tiene la responsabilidad de ordenar las realidades temporales para ponerlas al servicio de la instauración del Reino de Dios. En el vasto y complicado mundo de las realidades temporales, algunas exigen especial atención de los laicos: la familia, la educación, las comunicaciones sociales. Entre estas realidades temporales no se puede dejar de subrayar con especial énfasis la actividad política...” (Documento final de Puebla 789 – 791)

Es necesario recordar que los laicos encuentran el sustento económico en la tarea que realizan por su oficio o profesión, y que las actuales condiciones de “flexibilización y precarización laboral”, que el sistema neoliberal ha generado, hacen este propósito (sostenerse materialmente) cada vez más difícil. En este contexto es que creemos más urgente plantear una reflexión acerca de la retribución económica de los catequistas que ocupan gran parte de su tiempo (o su tiempo completo) a la catequesis... Pensamos también en aquellos llevan adelante esa tarea vocacional y profesionalmente: nos referimos también a los docentes catequistas escolares.

La Congregación para la Evangelización de los Pueblos afirmaba en 1993, en la Guía para los Catequistas -haciendo referencia a los catequistas remunerados por la Iglesia, en particular los que tienen una familia a su cargo- que “la cuestión crucial es la proporción entre lo que reciben y las exigencias de la vida”. Podríamos plantearlo de otra manera diciendo que hay una desproporción entre lo que se recibe (si es que se recibe algo) y las exigencias de la vida. Esto tiene algunas consecuencias.

1.4.- A muchos catequistas se les hace imprescindible desempeñar otros trabajos para completar los ingresos y sostener los gastos mínimos de la vida cotidiana, por lo cual destinan poco tiempo a la catequesis, dejándola como actividad secundaria: de esta manera la tarea suele realizarse con poca preparación, no menos apuro y, a veces, con improvisación. En suma, se abandona el objetivo primero de responder a las nuevas exigencias de la situación de crisis catequística y se enfrentan ineficazmente los desafíos...

2. Dos imaginarios en torno al tema

Existen muchos imaginarios y exageraciones, entre los cuales señalaremos dos que terminan siendo contraproducentes para la finalidad de la catequesis, y no permiten pensar adecuadamente la cuestión económica:

- “La catequesis es un apostolado”: si bien es cierta la motivación vocacional y el carácter apostólico, puede que esta consideración pese como un “deber” que clericalice[2] al laico y pierda de vista las demás exigencias de su vida o desequilibre los esfuerzos por responder adecuadamente a cada una de ellas, relegando cuestiones fundamentales. No es difícil encontrar personas que, después de sobrellevar mucho tiempo una situación de agotamiento pastoral y por las demandas naturales de las tareas personales, terminen por abandonar la catequesis y “desentenderse” de todo compromiso evangelizador.

- “La catequesis es cuestión de buena voluntad”: detrás de esta absolutización puede esconderse un cierto espiritualismo que desconoce el carácter educativo de la catequesis, olvida la necesidad de la formación permanente de los catequistas (en las tres dimensiones del ser, el saber y el saber-hacer del catequista). Para este tipo de pensamiento, no es prioritaria la capacitación ni la actualización permanente, de lo cual se sigue la poca importancia dada a la búsqueda de los medios económicos necesarios para llevarlas a cabo. Una posible consecuencia es la de sostener procesos técnicamente inadecuados e ineficaces, que ayudan poco a crear comunidades de fe más madura y de talla adulta. Con respecto a la necesidad de formación, se afirma en el decreto AD GENTES que “hay que tener reuniones o cursos en tiempos determinados, en los que los catequistas se renueven en la ciencia y en las artes convenientes para su ministerio y se nutra y robustezca su vida espiritual. Además, hay que procurar a quienes se entregan por entero a esta obra una condición de vida decente y la seguridad social por medio de una justa remuneración”[3]. Si bien se expresa principalmente para las “tierras de misión” es válido considerar esos criterios para otras situaciones. O, mejor, podríamos considerar a toda la iglesia en estado de misión.

3. Algunas consecuencias...

Retomando lo dicho más arriba y completándolo con otros aportes podemos señalar algunas consecuencias que se presentan por no atender adecuadamente la cuestión económica:

· en el número de catequistas, ya que no todas las personas que quieren y sienten el llamado a realizar esta tarea pueden abandonar sus trabajos habituales;

· en la elección, ya que las personas más capacitadas prefieren trabajos mejor remunerados;

· en el compromiso y en la perseverancia, porque resulta necesario desempeñar otros oficios para completar los ingresos;

· en la formación, porque muchos catequistas no disponen del tiempo o del dinero para participar de Seminarios o cursos[4];

· en la valoración, porque en algunos ámbitos (como el escolar) el trabajo se aprecia por lo que retribuye y se corre el riesgo de considerar a los catequistas como trabajadores de inferior categoría, generando malestar en la tarea y desconociendo el carácter educativo que tiene.

4. ¿Y en la Escuela qué?

En los párrafos anteriores expresábamos consideraciones generales, sin distinguir entre la situación de los catequistas parroquiales y los escolares. Algunos piensan que en la escuela está resuelta la cuestión económica de los catequistas, ya que suponen que las regulaciones legales garantizan condiciones laborales justas. Un ejemplo de lo antedicho lo encontramos en un párrafo de la citada Guía para los Catequistas: “Se reconoce unánimemente que la cuestión económica es uno de los obstáculos más serios para poder contar con un número suficiente de catequistas. Ese problema no se plantea, desde luego, con los maestros de religión en las escuelas oficiales, ya que éstos reciben el sueldo del Estado”[5]. Podríamos decir que esta afirmación es demasiado general o desconoce las particularidades de algunos países, como es el caso de Argentina. No siempre la legalidad ha garantizado la equidad...

En Argentina no está generalizada la incorporación de la Enseñanza Religiosa como espacio programático escolar, por lo cual (en ciertas provincias) la propuesta es extra programática, llamándose catequesis. Los docentes catequistas extraprogramáticos han quedado desfasados salarialmente los profesores de otras materias, ya que se rigen por leyes distintas a sus compañeros y no tienen organizado un frente gremial que impulse mejoras y actualizaciones que se correspondan con la actual situación económica[6].

Por otra parte, no faltan casos en que la práctica catequística se confunde o se superpone con tareas pastorales, sin distinguirlas o tenerlas en cuenta al momento de evaluar con justicia la remuneración. Podríamos decir, jugando con las palabras, que se da una parroquialización de la catequesis escolar, ya que se considera no tanto profesional sino apostólicamente la tarea, con consecuencias en la retribución y en la exigencia.

Además destacamos el desgaste y el cansancio de los catequistas, la poca disponibilidad de tiempo y recursos para la actualización/formación y el peligro de caer en contradicciones entre “el mensaje proclamado” y el “mensaje vivenciado” en la comunidad educativa[7]. En algunas comunidades educativas, parecería más preocupantes la ortodoxia que la ortopraxis.

5. ¿Y quién se encarga del tema?

En principio podríamos decir que toda la comunidad, ya que es la que requiere la tarea la catequesis para educar en la fe a sus miembros; y dentro de ella las personas a las cuales se les encomienda la misión y la tarea de organizarla, animarla y fortalecerla (obispos, sacerdotes, religiosos, coordinadores laicos, etc.). En la exhortación apostólica Catechesi tradendae, Juan Pablo II se dirige a los obispos diciéndoles: “Vuestro cometido principal consistirá en suscitar y mantener en vuestras Iglesias una verdadera mística de la catequesis, pero una mística que se encarne en una organización adecuada y eficaz, haciendo uso de las personas, de los medios e instrumentos, así como de los recursos necesarios. Tened la seguridad de que, si funciona bien la catequesis en las Iglesias locales, todo el resto resulta más fácil” (CT 63). Y la Guía para los Catequistas afirma, en relación a los sacerdotes que “(...) especialmente los párrocos, como educadores en la fe y colaboradores inmediatos del Obispo, tienen un cometido inmediato e insustituible en la promoción del catequista. Si como pastores, deben reconocer, promover y coordinar los distintos carismas en el interior de la comunidad, de manera especial deberán seguir a los catequistas que comparten su trabajo de anunciar la Buena Nueva. Han de considerarlos y aceptarlos como personas responsables del ministerio que se les ha confiado y no como meros ejecutores de programas preestablecidos. Promuevan su dinamismo y creatividad y eduquen a las comunidades para que asuman su responsabilidad en la catequesis y acojan a los catequistas, colaboren con ellos y los sostengan económicamente, teniendo en cuenta si tienen a su cargo una familia. (GpC 35). Los planteos son claros.

No conocemos textos que definan con precisión las responsabilidades en las comunidades educativas. El sentido común indica que quienes están a cargo de animar y gestionar la escuela tienen el desafío de dar respuesta a este tema y encontrar caminos de diálogo y reflexión creativa para llegar a propuestas de solución justas.

6. Unas palabras para terminar (o para empezar la tarea)

Para terminar y a modo de síntesis (pero sin intención de cerrar el tema), nos hacemos eco de algunas propuestas -criterios o acciones concretas- para avanzar juntos.

· La retribución del catequista es una cuestión de justicia y no de libre contribución. Los catequistas, de dedicación plena o parcial, deben ser retribuidos según normas precisas, establecidas a nivel de diócesis y parroquia, teniendo en cuenta los recursos económicos de la Iglesia particular, de la situación personal y familiar del catequista, en el contexto económico general, reservando especial atención a los catequistas enfermos, inválidos y ancianos.

· En el caso de los catequistas escolares, puede ser interesante la creación de espacios de diálogo y reflexión con los responsables de la administración de las instituciones, para encontrar mecanismos de ajuste y equiparación, de acuerdo al contexto económico, en una actitud superadora del marco legal, si es que el caso lo demandara.

· Los presupuestos de las diócesis y de las parroquias, deberían destinar a la acción catequística una cuota proporcionada de los ingresos, siguiendo el criterio de dar la prioridad a los gastos de la formación. Es importante que los fieles tomen conciencia y se hagan cargo del mantenimiento de los catequistas, sobre todo cuando se trata del animador de su comunidad local (en el caso de comunidades que no son atendidas regularmente por un sacerdote).

· Remarcar la necesidad de la adecuada formación y actualización de los catequistas, como una cuestión prioritaria, ya que la calidad de las personas que desempeñan tareas pastorales y catequísticas tienen prioridad respecto a las estructuras. Dicho de otra manera, que los presupuestos destinados a la catequesis no se destinen a otros fines ni se reduzcan.

· Buscar modos de colaboración económica y sostenimiento para los centros de catequistas, favoreciendo el acceso a becas para aquellos catequistas que lo necesiten.

· Al mismo tiempo será importante promover y multiplicar los catequistas voluntarios, que se comprometan a una cooperación a tiempo limitado (y establecido claramente), con regularidad, pero sin una verdadera remuneración porque tienen ya otro empleo fijo. En este sentido, es necesario educar a la comunidad a considerar la vocación del catequista como un servicio a la Palabra, más que como un empleo de vida, aunque corresponda retribuir a algunos por las razones mencionadas en el artículo.

Terminamos citando al texto inspirador de estas reflexiones, cuando dice: “en resumen, el problema económico exige una solución a partir de la Iglesia local. Todas las otras iniciativas son una buena contribución y han de potenciarse, pero la solución radical hay que buscarla localmente, especialmente con una acertada administración, que respete las prioridades apostólicas, y educando a la comunidad a dar la debida contribución económica”[8].

El tema recién está planteado. Ojalá ustedes puedan hacer sus aportes para seguir pensando...

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*Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación (Pastoral Juvenil). Docente Seminario Catequístico. Catequista. Responsable del Área Formación en la Secretaria de PJ en su diócesis.

[1] Fundamentalmente nos referimos a: Decreto AD GENTES; Guía para los Catequistas; Ex. Ap. Catechesi Tradendae, que citamos más extensamente abajo.

[2] El documento de Puebla afirma en el punto 815. a): “Conviene evitar los siguientes peligros en el ejercicio de los ministerios: la tendencia a la clericalización de los laicos o la de reducir el compromiso laical a aquellos que reciben ministerios, dejando de lado la misión fundamental del laico, que es su inserción en las realidades temporales y en sus responsabilidades familiares...”

[3] Concilio Vaticano II (1965), Decreto AD GENTES SOBRE LA ACTIVIDAD MISIONERA DE LA IGLESIA.

[4] Me resulta muy triste ser testigo de cómo muchos de mis alumnos/as deben dejar sus estudios en el Seminario, debido a las dificultades para costearse los viáticos o responder a otras exigencias personales.

[5] Cf. Con el documento de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Diciembre de 1993). Las negritas son nuestras.

[6] Remitimos a la ley 13047 que rige a los docentes extraprogramáticos en la provincia de Buenos Aires. Desde el año 1998 que no se registra un aumento proporcional con relación a los demás educadores.

[7] No es raro escuchar en alguna sala de maestras y profesores de colegios confesionales frases tales como: “en este colegio mucha solidaridad para afuera, pero para adentro...”, “Acá se habla mucho de justicia y de fraternidad. Puras palabras...”

[8] Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Diciembre de 1993). Guía para los Catequistas. Documento de orientación vocacional, de formación y de promoción del Catequista en los territorios de misión que dependen de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Número 31 –32, Remuneración del Catequista.

cuatro líneas

Se termina el sínodo diocesano de Madrid. Allí se ha empleado mucho espíritu y tiempo. Allí se dejaron pensamientos y palabras. Esperamos el documento final para leer las conclusiones. ¿Qué esperamos?

(cuatro líneas de reflexión matinal antes del artículo del día publicado por Eclesalia Informativo)

verano en curso

XVIII ESCUELA DE VERANO PARA EDUCADORES DE LA FE
Del 4 al 8 de julio de 2005

INSTITUTO SAN PÍO X
MADRID.

ECLESALIA, 16/05/05

A. Cursos sobre Biblia, Teología y Espiritualidad

A1. José Antonio Pagola: Jesús de Nazaret. Vida y Mensaje. Por las mañanas.
A2. Dolores Aleixandre: La sabiduría de las parábolas. Por las mañanas.
A3. Alberto de Mingo Kaminouchi: Jesús: De la historia al relato. Por las mañanas.
A4. Fidel Aizpurúa: Una lectura “social” del evangelio de Marcos. Por las tardes.
A5. Josep Rius-Camps: La obra de Lucas. Por las tardes.
A6. Andrés Torres Queiruga: El Dios que crea por amor y resucita a los muertos. Por las tardes.
A7. Nicolás Castellanos Franco: Profecía en cambio de época. Tiempos de inclemencia social, eclesial y de laicidad. Por las mañanas.
A8. José María Castillo Sánchez: El Cristianismo como religión laica. Por las tardes.
A9. Juan Antonio Estrada Díaz: La Iglesia cuarenta años después del Vaticano II: Los retos actuales. Por las mañanas.
A10. Xabier Pikaza Ibarrondo: Violencia y diálogo entre las religiones. Por las tardes.
A11. Lluís Diumenge i Pujol: La Moral en un mundo poliédrico. Por las mañanas.
A12. Manuel José Barco Estévez: Orar desde la Vida y la Palabra. Por las mañanas.
A13. Pedro José Gómez Serrano: Economía y fe cristiana. Por las mañanas.

B. Cursos sobre “Evangelización, Catequesis y Pastoral”

B1. Carlos Esteban Garcés: La Enseñanza de la Religión hoy: Nueva Ley educativa y pers-pectivas de futuro. Por las mañanas.
B2. M. Ángel del Barrio-Carmelo Bueno: La Enseñanza Religiosa Escolar en 1º y 2º de la ESO. Por las tardes.
B3. Encarnación Pérez Landáburu: Iniciación a la Fe en la Infancia. Desde la Vida, los Símbolos, la Palabra. Por las tardes.
B4. Alejandro Pérez Urroz: Las Bienaventuranzas, el camino cristiano. Por las tardes.
B5. Secundino Movilla López: Recursos y materiales para la animación de grupos cristianos. Por las tardes.
B6. Ignacio Ortiz Cabañas: Desarrollar la autoestima y la asertividad del profesor de Religión. Por las tardes.
B7. Jesús Sastre García: Acompañamiento personal y Discernimiento vocacional. Por las mañanas.
B8. Juan Carlos Hervás Hernando:Formación de animadores y amantes de la Pastoral Juvenil. Por las mañanas.
B9. Enrique Martínez Reguera: Niños y Jóvenes en riesgo. Por las mañanas y por las tardes.

C. Cursos sobre “Recursos educativos”

C1. José Ponce López: Cómo desarrollar reuniones de trabajo eficaces. Por las tardes.
C2. Ángel Zamora Vázquez: Danzas del mundo. Por las tardes.
C3. Siro López Gutiérrez: El derecho a la ternura. Comunicación y afectividad. Por las tardes.
C4. Verónica Macedo: El humor y la filosofía del “clown”. Recursos para jugar a ser divertidos. Por las tardes.
C5. María Ángeles Ciprés: Danza Contemplativa. Por las mañanas.
C6. Ana García-Castellano: Cuentos con alma y cuerpo. Taller de cuentacuentos. Por las mañanas.
C7. Marisa Fernández -Mª Carmen Ramírez: Danzas. Decorados y disfraces en el Aula y en la Catequesis. Por las mañanas.
C8. Herminio Otero Martínez: Recursos creativos en la Educación de la Fe. Por las tardes.
C9. José María Martínez Beltrán: ARPA: Actividades para Reforzar el Potencial de Aprendizaje. Por las mañanas.

---> Organización, Información e Inscripciones de Matrícula: Instituto San Pío X, c. Marqués de Mondéjar, 32. 28028-Madrid. Tf: 91.725.25.78.
La matrícula de cada curso es de 65 €, excepto el B9 (115 €) y el C9 (125 €).

Para más información: www.lasalle.es/spx E-Mail: ispx@lasalle.es