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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

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‘Entre ustedes ya no hay judío ni griego; ya no hay esclavo ni libre; ya no hay varón ni mujer, pues todos son uno solo en Cristo Jesús (Gal 3,28)’

MISIONERAS Y MISIONEROS PERTENECIENTES A LA CONFERENCIA DE RELIGIOSOS DE PERÚ, confer@speedy.com.pe 06/07/10

LIMA (PERÚ).

 

ECLESALIA, 08/07/10.- Del mismo modo que en la Iglesia Católica no hacemos diferencia entre ricos y pobres, doctores o analfabetos, ciudadanos de las grandes urbes de la costa e indígenas de la Amazonía, tampoco cuando nos comprometemos en beneficio de nuestro país distinguimos entre los nacidos en esta tierra de los venidos de otros países. En cuanto a la misión de la Iglesia no nos fijamos en el lugar del nacimiento sino en la generosidad e identificación con la cultura local. Por lo tanto la Vida Religiosa Peruana apostólica es una activa y eficiente presencia no sólo de religiosos y religiosas nacidos en el Perú, sino de un vasto número de religiosos y religiosas extranjeros que quieren al país tanto o más que los peruanos y que ofrecen un servicio invalorable en los campos de la educación, salud, organización social y evangelización.

Por estos motivos la Conferencia de Religiosos del Perú expresa su indignación ante la expulsión de nuestro país del religioso británico Paul Mcauley de la Congregación de Hermanos de La Salle. El hermano Paul ha prestado servicios invalorables en el campo de la educación en sectores de la sociedad donde el Estado está ausente. Nos parece doloroso que su compromiso con las minorías y con nuestra la Iglesia que promueve la protección de la creación, hayan sido consideradas pruebas suficientes de que su presencia en nuestra patria resulte incómoda y perturbadora para el gobierno.

El acto de expulsión, explicado por el Gobierno, estaría revestido de toda legalidad: un extranjero no puede comprometerse en situaciones que alteren la estabilidad del pueblo peruano. Con la misma lógica podríamos preguntarnos por la legalidad de muchas de las compañías mineras actuando en abierto y descarado perjuicio de nuestro territorio y la vida de sus habitantes. Por lo tanto nuestra indignación es doble ya que la medida de expulsión no corresponde a la autoridad moral que ha demostrado el Gobierno en el manejo del tema ambiental y la protección de los grupos aborígenes de nuestra patria, temas que el hermano Paul Mcauley ha cultivado con sabiduría, coraje y cariño durante la última década.

La expulsión del hermano Paul es sentida por los miles de religiosos peruanos como una seria afrenta a nuestra misión, cumplida en fidelidad a Cristo; también constituye un grave atentado contra la democracia en el país y contra el convenio que el Estado Peruano y la Santa Sede suscribieron hace años. Los religiosos y religiosas en el Perú somos un cuerpo único extendido en nuestro territorio (peruano), uno de cuyos miembros ya no puede estar con nosotros por decisión del Gobierno. Siguiendo la labor del hermano Paul estamos de pie muchos religiosos, peruanos y extranjeros, listos para continuar siendo una presencia incómoda mientras la codicia de los poderes económicos se cierna sobre los habitantes y el territorio de nuestra Amazonía. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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