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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

adviento de tiempo

adviento de tiempo

ADVIENTO ¿INSPIRAR O EXPIRAR?
Nuestra opción: Una perspectiva determinada
NICOLÁS ALESSIO, sacerdote, Seminario Catequístico “Arnulfo Romero”
CÓRDOBA (ARGENTINA).

ECLESALIA, 25/11/05.- Esta reflexión se hace desde el lugar del empobrecido, es decir, de la víctima. Del empobrecido en los bienes económicos, culturales, étnicos, religiosos y sociales. Se trata de todos aquellos que de una manera tajante ven amenazada su vida. Son amenazados por la exclusión, el desprecio, la humillación, la muerte temprana, los etnocentrismos o prejuicios de toda índole.

Nuestro episcopado, de muchas y diversas maneras, nos ha recordado estas situaciones. Veamos: "...cada uno está medianamente informado de las consecuencias de la crisis: exclusión social y brecha creciente entre ricos y pobres, inseguridad, corrupción, violencia familiar y social, serias falencias en la educación y en la salud pública, aspectos negativos de la globalización y tiranía de los mercados. Pero esta crisis no es sólo un problema estadístico. Ante todo es un problema humano. Tiene nombres, apellidos, espíritus y rostros. Y lamentablemente a los excluidos ya los contamos por centenares de miles. Acostumbrarnos a vivir en un mundo con excluidos y sin equidad social, es una grave falta moral que deteriora la dignidad del hombre y compromete la armonía y la paz social. La gran deuda de los argentinos es la deuda social. Todos debemos preguntarnos si estamos dispuestos a cambiar y a comprometernos para saldarla ¿No deberíamos acordar entre todos que esa deuda social, que no admite postergación, sea la prioridad fundamental de nuestro quehacer? CEA “Afrontar con grandeza nuestra situación actual” 11 Noviembre 2000 nº 6

El primer desafío que plantea el texto es asumir la dramaticidad de la crisis. Todavía muchos creen que la pobreza es solo un problema de aquellos que no quieren trabajar y se han acostumbrado a vivir de la dádiva. O, qué, en todo caso, es un problema que atañe solo al individuo, que, por incapaz, ladrón, ignorante o vago, se queda sumergido en la miseria.

El segundo desafío es no acostumbrarnos a la inequidad social. Y vale la pena preguntarnos, si tantas iniciativas “solidarias”, de comedorcitos, guarderías, fundaciones, caritas, planes jefes y jefas, no nos han acostumbrado a vivir con naturalidad la exclusión, la indignidad, el “usted me tiene que dar”. ¿En qué medida estas solidaridades no son complicidades encubiertas de la injusticia social o el maquillaje benévolo de un sistema violento y perverso? ¿En qué medida no somos la Susanita de Quino que sostiene que no hay que preocuparse tanto, basta con esconder a los pobres?

El tercer desafió es la acción. El texto reconoce que el deterioro de la situación social, humana, que “compromete la armonía y la paz social”, debiera ser la “prioridad fundamental” de nuestras tareas, proyectos, preocupaciones e iniciativas. ¿En el torbellino de “las fiestas” y los pesebres, en donde nos ocupamos de tantas cosas, la “una sola necesaria”, qué lugar podrá ocupar? No solo el Vaticano[1] puede estar distraído en cuestiones menores.

¿Entonces, el Adviento, será una oportunidad para “inspirar” en el Espíritu (valga la tautología), una esperanza primordial o, una vez más, “expirar” en el costumbrismo folklórico religioso? ¿Vale la pena esperar?

Una y otra vez el adviento nos pone en el camino de la esperanza. O mejor, nos desafía a pronunciar un "discurso" creíble sobre la esperanza. Decimos creíble porque las esperanzas vacías y sus correspondientes homilías es lo que sobra. Nos referimos tanto a las que anuncian que Dios no nos defrauda pero no nos ayudan a ver, aquí y ahora a ese Dios, como a los que ya se han resignado a solo esperar en el "mas allá" de vaya uno a saber que frontera[2]. Y también nos referimos a los que se quedan con una crítica amarga del sentido festivo de "las navidades", en una palestra inconsistente contra el "consumismo", insistiendo en un aspecto penitencial y casi doloroso, como si no hubiera derecho a gozar del acontecimiento.

La cuestión es que, tanto en un caso como en otro, esa esperanza no tiene casi nada que ver, no problematiza, no pone en crisis, no acicatea, nuestras opciones, actitudes y acciones. La tarea parece ser la de Dios, "que ya viene", o, en todo caso, soñar con un "más allá" que siempre lo corremos un poco más. O, simplemente, refugiarnos en las navidades familieras y nostálgicas como si fueran lo auténticamente cristiano.

Por otro lado, el "clima navideño", en la vorágine del fin de año, las fiestas, pesebres, gorditos de rojo con nieve, pinitos y villancicos, no deja de aturdirnos. Y en ese aturdimiento socio-religioso-cultural, queda un escaso lugar para la reflexión profunda, el gozo compartido y las opciones esperanzadas, es decir, queda poco lugar para una espiritualidad cristiana.

Y, a la larga o a la corta, esas máscaras de la esperanza, nos desilusionan. Nos cansan. Y los que se cansan de esperar terminan refugiándose en sus trincheras sin importarles demasiado lo que pueda sucederles a los otros. O, peor, desesperan en la angustia y el sin sentido.

Durante mucho tiempo nosotros predicamos el "después" de la esperanza, acaso solo la ilusión del "después", pero nuestra cultura ambiente quiere el "ahora" y Jesús dijo que el Reino está actuando, brotando, leudando. Hace años nos decían los Obispos, citando a Juan Pablo II, que uno de los desafíos del presente histórico era "una justicia demasiado largamente esperada" (cfr. LPNE 11, 1990). Los adjetivos "demasiado" y "largamente" no dejan dudas. ¿Qué adjetivos deberíamos agregar hoy si queremos sincerarnos? ¿Como soportar lo que ya es demasiado, largo, tedioso, y, además, padecido, sin caer en desencantos que nos paralizan? Nos urge una justicia aquí y ahora.

Pero el "ahora" no puede ser el "ya" de la postmodernidad light. Tiene que tener la consistencia de una buena masa con suficiente levadura. De lo contrario, pasamos de la ilusión del más allá al narcótico del efímero presente. Por eso, encontrar "razones" de gozo[3] es fundamental. Y ese gozo, es lo que debemos recuperar de los escombros de una religiosidad de miedos, culpas y castigos. Las razones de gozar ya. Y la mismas razones del gozo son las razones de la esperanza. No hay esperanza sin gozo ni gozo sin esperanza.

Y si nos preguntamos, seriamente por razones de la esperanza no nos queda más remedio que mirar lo que sucede a nuestro alrededor. Y ese "alrededor" es político, económico, social, religioso. Y si no lo miramos profundamente, tendremos, sin darnos cuenta, la mirada que se nos impone. La mirada interesada de los que mandan y se benefician desde el poder. Por otro lado, mirar lo que acontece y lo que nos acontece, es la única manera de poder participar seriamente en el anuncio y construcción del Reino. O es que acaso esperamos que el Reino "llegue" y nos sorprenda con los brazos cruzados.

Algunas pistas...

- En lo eclesial, nos desafía el intento diocesano de renovarnos... y aquí cabe reiterar: " En la Iglesia existen realidades previas a la opción por los pobres -ciertamente Dios, su Cristo y su palabra-, y hay que mantener como verdad central que la iniciativa viene de lo alto, del Dios, que nos amó "primero". Pero el misterio de ese Dios y de ese Cristo se va mostrando en relación con los pobres de este mundo, de modo que ahondar en la figura histórica del misterio de los pobres es ahondar en el misterio de Dios, y a la inversa. En la opción por los pobres se decide, pues, la esencia histórica de la Iglesia de Jesús. El estar "ante" los pobres no expresa un ubi categorial de una sustancia llamada Iglesia, que ya estaría formalmente constituida. En esto reside, en mi opinión, la radicalidad -y la complejidad- de la opción por los pobres para la Iglesia: dicha opción configura esencialmente su misión y, así, su identidad histórica”[4]

Y podemos cuestionarnos ¿en las búsquedas diocesanas, parroquiales, los pobres[5], ocupan la centralidad o son solo una preocupación importante entre otras? Nosotros queremos volver a decir que desde ese lugar, el lugar de las victimas, es necesario y urgente recrear, sostener, animar y vivir la esperanza. La esperanza que dice y nos dice que tal situación de violencia no puede ser para siempre, no puede ser irreversible, no puede ser designio divino, no puede ser "la última palabra". Ese "no puede ser", genera el "poder ser" desde otro lugar, la perspectiva utópica irrenunciable de la esperanza. La esperanza es todo lo contrario a la resignación. La esperanza es una realidad activa, dinámica, creadora. La esperanza se hace realidad virtuosa en la lucha cotidiana para advertir, criticar y denunciar "lo dado", como grito que clama al cielo y, en la misma lucha, ir avanzando, construyendo y gozando la utopía. El hacer y quehacer esperanzado no dependen tanto de la seguridad del éxito o de la eficacia histórica como de la certeza tozuda de las posibilidades y las siembras, también históricas. El que espera, se inspira en un mismo Espíritu, que todo lo cubre, lo anima, los invade, lo penetra. Ese Espíritu y las esperanzas que fundamenta, están latentes y patentes en la historia y los pueblos.

- en lo social, nos desafía el problema instalado por la realidad, pero más instalado por los MCS, de la "inseguridad" como un caballito de batalla de los desestabilizadores. ¿Nos vamos a dejar contaminar por el discurso de la "mano dura" y "la tolerancia cero" de la blumbermanía mediática o intentaremos reflexiones que ayuden a ver más allá de la superficie? Qué se puede esperar de la demonización de la pobreza y la criminalización del pobre. Hace un tiempo, un graffiti, nos ilustraba sobre estas medidas de pretendida seguridad, decía: “Colabore con la policía... péguese usted mismo”. Nuestras barriadas, casi todas catalogadas como “zonas rojas”, son muy permeables al discurso de la mano dura, en el simplismo de los análisis sociales y, estas propuestas represivas, se instalan en la cáscara de la problemática, descuidando las causas hondas de la multifacética inseguridad ciudadana[6].

- en lo político, nos desafía una participación que no se quede en la queja y la denuncia fácil haciendo el “eco”, con variaciones, de aquel "que se vayan todos"...así lo expresábamos el año pasado... "estamos viviendo entonces una etapa de mesurada esperanza. Y esta espera “en tensión” nos exige un protagonismo social-político-comunitario más hondo, más fuerte, más inteligente. La metáfora de las cacerolas, más allá de si nos gustan o no los cacerolazos, nos puede ayudar a entender esta necesidad de un protagonismo especial. La olla, la paila, la cazuela, la marmita, representan la casa, el hogar, la cocina. El ámbito de lo pequeño, lo cotidiano, lo familiar, el ámbito más chiquito. Cuando la cacerola sale a la plaza, la cacerola deja de ser un instrumento para cocinar en la familia, y pasa a ser un instrumento político para “cocinar” en un ámbito mayor, la sociedad, pasa a ser un grito por nuestros derechos. Pero tiene que salir a la plaza, a la calle, mientras se queda solamente en la casa es sólo un utensilio para cocinar, cuando sale a la plaza o a la calle es un instrumento de acción política, es un instrumento de participación. Y ahora nos podemos preguntar ¿cuál fue, en esta etapa que va de la desilusión al desencanto, uno de los grandes aprendizajes, descubrimientos que hicimos en estos 20 años de democracia? Lo que aprendimos es que la democracia no es sinónimo de libertad, no es sinónimo de crecimiento económico, no es sinónimo de ética si no la hacemos nosotros, si no la hacemos nuestra, si no es realmente “gobierno del pueblo”. La “representatividad” ha sido la trampa, canalizada por vetustos partidos políticos. Mientras sigamos dejando, solo en manos de “los representantes” la democracia, seguirá siendo un gran engaño. Si la democracia la hace el pueblo, de la casa a la plaza, dejar de ser televidentes para ser actores, espectadores para ser protagonistas, entonces dejará de ser una democracia formal y será social, será popular. Si bien con matices, con ambigüedades, después del basta del Diciembre del 2001, el pueblo dijo “la democracia es nuestra”. Y si la democracia tiene que ser libertad, ética, crecimiento económico, la tenemos que hacer nosotros, recrear nosotros, protagonizar nosotros.... y con los ojos bien abiertos. Estar siempre muy atentos, para no volver a desencantarnos" [7] (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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[1] Ciudad del Vaticano, La Congregación para el Culto Divino señaló en el documento “El Año de la Eucaristía: sugerencias y propuestas”, la importancia de recuperar el uso del latín y el canto gregoriano en las liturgias eucarísticas, y recomienda que en los seminarios “el sagrario esté situado en un lugar que ayude a la oración privada”. Octubre 25 2004 (AICA)“Gran misterio la Eucaristía! Misterio que ante todo debe ser celebrado bien. Es necesario que la Santa Misa sea el centro de la vida cristiana y que en cada comunidad se haga lo posible por celebrarla decorosamente, según las normas establecidas, con la participación del pueblo, la colaboración de los diversos ministros en el ejercicio de las funciones previstas para ellos, y cuidando también el aspecto sacro que debe caracterizar la música litúrgica. Un objetivo concreto de este Año de la Eucaristía podría ser estudiar a fondo en cada comunidad parroquial la Ordenación General del Misal Romano..” Juan Pablo II, doc. Preparatorio del año de la Eucaristía, nº 17 Mane Nobiscum Domine Octubre 2004
[2] " ...a lo más que han llegado los teólogos, con sus teologías, es a prometer una felicidad futura y eterna, que se sustenta en la esperanza. Pero es claro que vivir siempre esperando que nos llegue la muerte, para disfrutar de la oferta, que nos hace la teología, resulta penoso y es ya demasiada la gente que se cansa de tanto esperar." José María Castillo FELICIDAD, BIENAVENTURANZA Y VIDA CRISTIANA
[3] "En el vocabulario del Nuevo Testamento, el término makários, que expresa felicidad, dicha, bienaventuranza, aparece hasta 50 veces. Se trata de un término usado en la literatura griega, desde Píndaro, para expresar el estado de embriagadora dicha, de que gozan los dioses, así como también los humanos, que gozan de extraordinaria felicidad " (Idem).
[4] Cfr. XXIV Congreso de Teología, celebrado en Madrid 9-12 de septiembre de 2004(cerca de 1.500 participantes) EPIRITUALIDAD DEL SEGUIMIENTO DE JESUS DESDE LA OPCION POR LOS POBRES: HUMANIZAR LA HUMANIDAD (Jon Sobrino. Centro de Reflexión Teológica. SAN SALVADOR)
[5] “Pero no es nada fácil elevar a nivel teologal y mantener la centralidad del pobre, su sufrimiento y su cercanía a la muerte. Y sobre eso hay que reflexionar en serio al pensar en la opción por los pobres. En las iglesias siempre ha habido, y sigue habiendo, algún interés por el pobre, pero en la actualidad no lo hacen realidad central y decisiva, ni arriesgan mucho por ello. Pero, además de lo costoso y arriesgado, hay un problema teórico grave, en el que ha insistido Metz. Su tesis es que "la primera mirada de Jesús no se dirigía al pecado de los otros, sino a su sufrimiento". Pero el cristianismo muy pronto tuvo serias dificultades con esa sensibilidad fundamental hacia el sufrimiento del otro, que es inherente a su mensaje. La inquietante pregunta por la justicia para con el inocente que sufre, que está en la entraña de las tradiciones bíblicas, se transformó con demasiada rapidez en la pregunta por la salvación de los pecadores” Jon Sobrino art. cit.
[6] “El desinterés desdeñoso que el ex jefe de la policía de Nueva York, William Bratton, exhibe por las causas profundas de la inseguridad –miseria, desocupación, ilegalidad, desesperanza y discriminación- confirma, por si hubiera necesidad, que el objetivo de la penalidad punitiva made In Usa es menos combatir el delito que liberar una guerra sin cuartel contra los pobres y los marginales del nuevo orden económico neoliberal que, por doquier, avanza bajo la enseña de la “libertad” recobrada” Cfr. Las Cárceles de la Miseria, Loic Wacquant, Berkeley, ed. Manantial, Marzo 2000
[7] Cfr. Material publicado Seminario de Catequesis El Despertar de un Pueblo

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