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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

diálogo y justicia

MENSAJE DEL XXV CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE “CRISTIANISMO Y VIOLENCIA”
(Madrid, 8-11 de septiembre de 2005)

ECLESALIA, 12/09/05.- 1. La paz es uno de los bienes más preciados y anhelados por la humanidad, pero, al mismo tiempo, uno de los más frágiles y amenazados. Rastreando las huellas de la historia humana, en vano buscaríamos un estado duradero de paz. La humanidad pareciera seguir la consigna: "Si quieres la paz, prepara la guerra”.

A la causa de la guerra total está contribuyendo hoy el choque de civilizaciones, que constituye el guión de la política internacional y asigna a las religiones la función ideológica de legitimar el enfrentamiento entre civilizaciones y culturas. Otro obstáculo para el logro de la paz en el mundo son los distintos terrorismos: el de Estado y del Imperio, que, en aras de su poder omnímodo, agrede a sociedades enteras; el ecológico, que defiende las hazañas tecnológicas más deslumbrantes generando muerte en derredor, sin resolver el problema de la pobreza; el terrorismo de masas, que, a veces, surge de la miseria y de la marginación; el terrorismo de raíz religiosa, que apela a la imagen de un Dios violento, muy presente en la mayoría de las religiones y en los teísmos políticos, para justificar las acciones terroristas, las agresiones bélicas y las invasiones de otros países.

2. No podemos desconocer otra de las más graves manifestaciones de la violencia: la que genera desigualdad y pobreza: 2.500 millones de seres humanos malviven con menos de dos euros al día; 35.000 niños y niñas mueren de hambre; las 500 personas más ricas del planeta suman más ingresos que los 416 millones de personas más pobres; 18 países, con 460 millones de habitantes, han empeorado su nivel de vida en los últimos 15 años; en España hay más de 8 millones de pobres. Llama la atención, sin embargo, que se condene la violencia del terrorismo y se silencie la violencia que sufren los pobres.

3. Objeto de análisis en el Congreso ha sido la violencia contra las mujeres en la sociedad y en las religiones, que no se llevan bien con las mujeres, y especialmente en la Iglesia católica, cuya jerarquía no suele condenar la violencia de género y, en algunos casos, la fomenta y la ejerce. La violencia está muy presente también en el deporte y en la educación; clama al cielo la que se ejerce contra los niños, como demuestra la terrible situación de los niños esclavos en África.

4. Al actual clima de violencia contribuye el incremento en los gastos militares, que en 2004 ascendió a 1 billón de dólares en todo el mundo, cuyas principales consecuencias son: el sobredimensionamiento de las fuerzas armadas, la potenciación de la industria de armas y de su comercio y la investigación científica con fines militares.

5. Tras el análisis hemos intentado buscar las raíces de las distintas formas de violencia, ya que sólo yendo a las causas se puede poner remedio a sus efectos perversos. Y éstas son las siguientes: antropológica: la agresividad es tan innata en el ser humano como el hambre, el sexo y el miedo; económica: el sistema neoliberal vigente hoy en la mayoría de las sociedades es estructuralmente injusto y generador de pobreza y exclusión; el sistema patriarcal, que ejerce sistemáticamente la violencia de género contra las mujeres; las propias religiones: existe una falta de sintonía entre los mensajes de paz que ofrecen las religiones y algunas de sus manifestaciones históricas violentas a través de las cuales han logrado imponerse por la fuerza de las armas. El cristianismo ha fomentado y practicado la violencia para convertir a los creyentes de otras religiones, conquistar territorios e imponer su fe. Incluso la doctrina social de la Iglesia ha elaborado una teología de la guerra justa sin preocuparse por elaborar una teología de la paz. No fue ése, sin embargo, el espíritu de Jesús de Nazaret, quien continúa las huellas del pacifismo de los profetas, se inscribe en el camino de la sabiduría, trata a Dios con la cariñosa apelación de Abba y fue él mismo víctima de la violencia por denunciar un status político-religioso injusto y violento.

6. Tras el análisis de la violencia y de sus causas, el Congreso quiere ofrecer unas propuestas concretas:

- Creemos necesario transferir recursos del gasto militar a las necesidades sociales, que exigiría entre otras prácticas: la destrucción generalizada de los arsenales nucleares y convencionales, la reconversión de la industria militar hacia las producciones civiles y la desaparición de las alianzas militares, junto con acciones de responsabilidad individual y colectiva como las objeciones fiscal, laboral, científica y financiera.

- Somos partidarios del método de la no-violencia activa liberadora, defendida por la mayoría de los líderes religiosos y morales que trabajan por un mundo reconciliado frente a guerras, dominaciones y terrorismos, aun reconociendo sus importantes limitaciones. En la tradición cristiana nunca han faltado minorías críticas con la violencia y defensoras de la paz, basadas en el Sermón de la Montaña, como Francisco de Asís, los mennonitas (siglo XVI), el Movimiento de los Hermanos (siglo XVII) y los cuáqueros (siglo XVIII). Los teólogos de la liberación han dado importantes pasos en este terreno.

- Es necesario pasar de la actual globalización de la violencia a la mundialización de la paz, que implica la solución de los conflictos a través del diálogo, y sustituir la actual teología de la guerra justa por una teología de la paz. Ello exige comprometerse con la causa de la reconciliación para fomentar una convivencia pacífica y un desarrollo justo y sostenible, y crear una cultura de la paz en todos los ámbitos de la realidad: la educación, la familia, las religiones, el deporte...

En definitiva, la alternativa a la violencia es el diálogo entre culturas y religiones y el trabajo por la justicia. No hay paz social, sin justicia económica y ecológica. Como afirma el salmo “la justicia y la paz se besan”.

Madrid, 11 de septiembre de 2005.
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