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taizé al año

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TAIZÉ AL AÑO DE LA MUERTE DEL HERMANO ROGER
Alabado seas por la vida entregada de nuestro hermano Roger
MATEO GONZÁLEZ ALONSO

ECLESALIA, 04/09/06.- El miércoles 16 de agosto, al terminar la catequesis que semanalmente el Papa acostumbra a tener, Benedicto XVI recordaba a alguien especial. Y es que, un año atrás, en el viaje que el pontífice hizo a Alemania para participar en la Jornada Mundial de la Juventud se enteró del trágico fallecimiento -era asesinado por una de las personas que estaba participando en la oración de la tarde- del hermano Roger, el fundador de la comunidad de Taizé. Benedicto XVI le describía con estas pinceladas: “Su testimonio de fe cristiana y dialogo ecuménico fueron una preciosa enseñanza para generaciones enteras de jóvenes. Pidamos al Señor que el sacrificio de su vida contribuya a consolidar el compromiso por la paz y la solidaridad de quienes tienen en sus corazones el futuro de la humanidad”.

En aquel entonces el trágico acontecimiento no interrumpió el ritmo frenético estival de vida de esta pequeña colina de la borgoña francesa, cercana a la, en su día esplendorosa, Cluny. Fue un acontecimiento doloroso pero que no ha hecho más que reforzar la propuesta de sumergirse en las fuentes de la fe, que es Taizé.

Un año después, el recuerdo ha sido sencillo pero emotivamente sentido. Los horarios siguieron el curso habitual: la oración de la mañana y del mediodía, los trabajos cotidianos, las introducciones bíblicas que animan los diferentes hermanos de la comunidad ecuménica, las colas y las comidas frugales, los talleres de la tarde… Y ahí, precisamente ahí, surgía el recuerdo por el hombre que se rodeaba de niños para orar, por quien hacía suyas las ansias de tantos jóvenes y las elevaba a Dios en forma de oración cada mediodía, por quien dio cauce a la gran necesidad de soledad interior de quienes se acercaban a la iglesia románica de Taizé -a cuyas puertas se encuentra la sencilla tumba del hermano Roger-, por quien fue guía y cauce de un hermano que dudaba sobre qué pasos dar para ser más de Dios…

El recuerdo más sentido fue al final del día, con la celebración de la Eucaristía. Unos minutos antes del inicio, los hermanos de la comunidad se reunieron en torno a la tumba de su fundador y cantaron uno de los cantos favoritos del hermano Roger, un canto cuya letra en francés nos ayuda a pedir la luz que nos guíe: “Jesús, el Cristo, luz interior, no dejes que mis tinieblas me hablen, dame de acoger tu amor”.

La eucaristía comenzó pasadas las 20.30 horas en la iglesia de la Reconciliación, y tuvo el ritmo propio de Taizé. Con una estimación de casi 7.000 jóvenes de más de 60 países que estuvieron presentes a lo largo de esa semana en Taizé. La eucaristía fue presidida por Monseñor Gerard Daucourt, el obispo de Nanterre; quien permaneció en la comunidad hasta el día siguiente en el que presidió la misa para el grupo de católicos que se junta cada día a las 7.30 h.

El momento más emotivo fue la lectura del evangelio de las Bienaventuranzas (Mt 5, 1-12) que fue la misma que la del 16 de agosto pasado; precisamente a la misma hora en la que el hermano Roger era herido de muerte con un cuchillo mientras participaba desde su silla de ruedas en la oración de la tarde.

Particularmente intensa fue la lectura de una oración del hermano Alois, actual superior de la comunidad, interrumpida por la fuerte tormenta que en esos momentos se hacía notar con su mayor intensidad en la colina y que llegó a dejar al templo con la luz de emergencia. La oración, leída en varios idiomas dice así: “Dios eterno, alabado seas por la vida entregada de nuestro hermano Roger. Por su vida y por su muerte él nos ha conducido por el camino de la confianza en ti, el Dios de la vida, en quien el amor y el perdón son sin límites. Nosotros mismos, con una fe muy pequeña, podemos abandonarnos en tu Palabra y al soplo de tu Espíritu Santo. Por Cristo tú nos unes en una sola comunión, la de la Iglesia. Y nos envías, con nuestras fragilidades humanas, a transmitir un misterio de esperanza. Que se levante la paz sobre la tierra, esta paz del corazón que nuestro hermano Roger tanto deseaba para cada ser humano”.

En la Iglesia, ese y los días siguientes, un icono nos sirvió de recuerdo de la vida interior del hermano Roger -tanto es así que este icono estaba frecuentemente en su habitación-. El icono de “Jesucristo y el amigo”, en la que alguien con aspecto de caminante, con un sorprendido parecido al hermano Roger, es abrazado por Cristo.

Ha pasado un año, se ha terminado el tiempo de la fundación -decía el hermano Alois a la comunidad tras el entierro un año atrás-, todos los que viven la experiencia de Taizé somos sucesores de su intensa búsqueda de las fuentes de la fe como camino para una auténtica reconciliación, somos portadores del Espíritu que nos impulsa a hacer posible la parábola de la comunidad que constituye Taizé, somos cauce del amor de Dios ante los más alejados, los más necesitados… Es posible vivir en plenitud el programa de las Bienaventuranzas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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