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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

de mediación

MANIFIESTO DEL ’MOVIMENT CRISTIÀ DE PROFESSIONALS DE MALLORCA’ CON MOTIVO DE SU XXV ANIVERSARIO
MOVIMENT CRISTIÀ DE PROFESSIONALS DE MALLORCA
PALMA DE MALLORCA (ISLAS BALEARES).

ECLESALIA, 31/01/06.- El Moviment Cristià de Professionals (MCP) nació en 1980 como un movimiento especializado de Acción Católica que definía su ámbito de presencia en el mundo profesional. Lo formaba un pequeño grupo de creyentes procedentes del mundo universitario y de comunidades de base. El reto era vivir la fe en medio de la sociedad tratando de aportar su testimonio, sus valores, allá donde vivían y particularmente, donde trabajaban. Es decir, intentar vivir un “cristianismo de mediación”, que entendía que el mundo, las personas, la creación, son mediaciones para descubrir a Dios.

A lo largo de estos años hemos visto como han caído muros y sistemas políticos, como todavía se habla de Norte (los ricos) y Sur (los pobres). También han surgido nuevos conceptos como globalización o era digital. A pesar de ello, la distancia entre los estados ricos y pobres ha ido aumentando y el desarrollo industrial sin control nos está conduciendo al desastre medioambiental cuya manifestación más evidente es el cambio climático.

Nuestro sistema político se ha consolidado; se ha desarrollado el estado de Derecho, ha habido alternancia política y se ha producido un proceso de descentralización del Estado. No obstante, la política -y los políticos, en general- parece haber caído en un gran descrédito, la estructura organizativa de la sociedad civil no se ha fortalecido y el terrorismo no ha desaparecido.

Dentro del ámbito económico, el sistema se ha modernizado; ya formamos parte del club de los europeos ricos y de diferentes organismos internacionales. Pero todavía existe una importante diferencia entre personas y territorios de más renta con los de menos y nuestro estado de bienestar se encuentra distanciado respecto al de otros países de nuestro entorno.

La sociedad se ha secularizado y se ha hecho individualista, nihilista y consumidora. Al mismo tiempo es capaz de realizar grandes manifestaciones de religiosidad colectiva y gestos significativos de solidaridad. El concepto de familia se ha ampliado, con todas sus consecuencias en el funcionamiento de la sociedad. Prima el éxito fácil y eso los jóvenes lo han aprendido rápidamente.

La educación secundaria se ha hecho accesible a todas las capas de la población, pero el índice de fracaso escolar es elevado. La Universidad ha pasado de la masificación a la pérdida progresiva de alumnado. Se echa en falta un pensamiento más riguroso y crítico; la Cultura se ha hecho espectáculo. Los descubrimientos científicos y tecnológicos avanzan demasiado deprisa para dar respuestas adecuadas desde el mundo de la fe.

Como Iglesia Católica, hemos visto como los templos se han ido vaciando, al tiempo que se mantiene una gran capacidad de movilización en la calle gracias a la fuerza de los nuevos movimientos de “cristianismo de presencia” y a las tradiciones de religiosidad popular. Observamos también, como el Concilio Vaticano II se ha arrinconado como un mal recuerdo. Por otro lado, la Iglesia ha perdido el monopolio religioso; aun muestra su incapacidad para autofinanciarse, no encuentra su lugar en un estado laico y los postulados de la jerarquía ya no se identifican con ninguna fuerza política concreta. Evangelizar más que un reto, comienza a ser un gran problema.

Ahora, después de veinticinco años, somos tal vez, más conscientes de los grandes retos y también de nuestras limitaciones, que se presentan al comenzar el siglo XXI.

Sabemos que la opción por el seguimiento de Jesús de Nazaret nos supone una conversión permanente a la radicalidad evangélica que rechaza el poder, el prestigio y las riquezas. Somos conscientes de que necesitamos hacer un discernimiento continuo para dar a conocer su mensaje a la sociedad actual y para estar atentos a los signos de los tiempos. También de que somos pocos, que nuestro testimonio no siempre es significativo y que, muchas veces, nos encontramos aislados en medio de la tempestad, perdidos, llenos de incertidumbres.

Con toda humildad, sabiendo que llevamos un tesoro en vasijas de barro, queremos manifestar nuestro deseo de trabajar con todos los hombres y mujeres que quieran:

- Construir un mundo más justo y una sociedad más solidaria, donde no sobre nadie, donde se pongan las bases para que los pobres y excluidos salgan de su miseria: promoviendo la condonación de la deuda externa de los países más empobrecidos, unas reglas más justas para el comercio internacional y el control de la industria armamentística.

- Transformar nuestra sociedad mallorquina, siendo capaces de acoger a los inmigrantes, de vivir el reto de la multiculturalidad, de trabajar por la erradicación de las bolsas de pobreza, de luchar contra la marginación y la desigualdad de numerosos colectivos, de defender políticas que promuevan una mayor distribución de la riqueza, de colaborar a desarrollar el tejido asociativo de la sociedad civil.

- Comprometerse a sentirse parte de una comunidad de ciudadanos, libres y conscientes de sus derechos, sus necesidades y deberes; siendo capaces de crear espacios de diálogo, de reflexión, de confrontación de ideas, con tolerancia y respeto; participando en los diferentes niveles de debate público: barrio, escuela, trabajo, asociación, parroquia, familia. Sin olvidar nunca que trabajamos con personas, ritmos, sentimientos y creencias diferentes.

- Defender el medio ambiente con actitudes personales consecuentes, apoyando y participando en iniciativas que denuncien su destrucción por intereses políticos, económicos o especulativos y luchen por preservar el regalo de la Creación.

- Construir una Iglesia de todos y para todos, que sea fiel al mensaje de Jesús, que anuncie la Buena Noticia (Dios es amor, amor encarnado y concretado en nuestro prójimo y es ésta la fuerza de salvación que hace que los ciegos vean y los oprimidos sean liberados). Una Iglesia que celebre y viva el Misterio con alegría y esperanza.

- Llenar de sentido frases como “Iglesia, pueblo de Dios” y “Sacerdocio común de los bautizados” para que los ministerios de servicio no se conviertan en organigramas de poder y los laicos no sean cristianos de segunda o fuerza de choque contra las supuestas amenazas del mundo; y hacer que la Iglesia sepa convivir en sociedades secularizadas y estados no confesionales, sin privilegios de ningún tipo y sea madre acogedora y misericordiosa que respete sin matices los Derechos Humanos y no, una institución inquisidora y excluyente.

- Dar esperanza al ser humano, ayudarlo a descubrir su transcendencia; iniciando un proceso de liberación interior para crear una mujer y un hombre nuevos, que vivan desde su libertad un proyecto personal, familiar o comunitario que les realice como personas.

- Anunciar que hay mucho por hacer y que queremos ponernos manos a la obra. Que fe no es esperar, que nos mueve la esperanza y que el amor no pasará nunca. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Palma de Mallorca, 17 de diciembre de 2005.

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