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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

el dios salario

EL DIOS SALARIO

“Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” (Romanos 8.25)

VERÓNICA PÉREZ, Pastora Pentecostal, marimag13@yahoo.es

GUATEMALA.

  

ECLESALIA, 26/07/10.-  El Dios de la vida está siempre presente, en cada mano amiga que se extiende solidaria, se hace realidad en nuestra experiencia cotidiana.

No olvidemos la presencia del Dios de la vida con nosotras y nosotros. Sin lugar a dudas, recibimos muchas bendiciones, una de ellas es el salario. Tenerlo es de estar agradecidas y agradecidos, con alabanza y gloria al Dios de la vida. Cuando se depende ciegamente del salario  se constituye en dios, se le espera cada 15 y 30 días, se sabe que llega completo. Cierto. Es fijo, nos promete seguridad, sentimos que nos da identidad y nos ofrece un poco de dignidad y en muchos casos hasta nos hace sentirnos poderosos. No debemos olvidar que el trabajo y el salario es una bendición de Dios.  Pero cuando el salario se vuelve nuestro dios, nos olvidamos de Ese que lo permitió.  Pero, este, puede esfumarse en un momento inesperado.

Cuando  “dios salario” echa raíces en nuestra vida y  experiencia cotidiana, nos sentimos huérfanos cuando se corta, cuando se trunca por mandato de otros dioses, porque es manipulable por quienes se consideran dueñas o dueños y tienen el poder de decidir. Entonces nos despertamos a la realidad y ¿Qué pasará con tu vida? ¿Qué pasará contigo? ¿Qué pasará con tu familia? ¿Cómo te encontrarás a ti misma de nuevo y cómo te verás sin esos dioses?

En la experiencia cotidiana volver al Dios de la vida nos despierta y mantiene activa, a la expectativa de lo que acontecerá, de cómo actuará y cada día nos sorprenderá.  El Dios de la vida nos mantendrá con fe y enseña a vivir con confianza, en espera de algo mejor, mucho mejor y nos da  firmeza cuando aparezca la duda.

El Dios de la vida no chantajea, no amenaza, no tortura psicológicamente, no corta la libertad, nos invita a vivir con esperanza y a servirle con libertad y alegría, da calma, nos hace ser nosotras mismas, sin chantajes, ni condiciones que esclavicen, no infunde miedo. Fuera de este Dios de la vida, están muchos otros dioses, algunos más perversos que otros.

El Dios de la vida nos lleva por caminos de luz y de amor, demuestra con hechos concretos que está presente, aunque tú veas que ¡nunca es más oscuro que cuando va a amanecer! Dios  nos carga en sus brazos amorosos, hemos caminado, pero no  vemos nuestras huellas… solamente las de Él, porque nos cuida, nos protege y nos provee…

Gracias Dios por ser Dios y a todos y todas por ser sus instrumentos para  dar vida en abundancia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

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