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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

MIGRACIONES. NUEVO ÉXODO BÍBLICO
JUAN LUIS HERRERO DEL POZO, teólogo
LOGROÑO (LA RIOJA).

ECLESALIA, 03/11/05.- No sería extraño que las migraciones Sur-Norte que se están produciendo en la actualidad sean interpretadas en el futuro como realidad decisiva y símbolo de un cambio de época; y, en lo religioso, como reedición del Éxodo bíblico.

Los países del Sur están reventando literalmente de miseria y esparciendo sus entrañas, los mejores de sus hijos, por todo el mundo. Sufridos y vergonzantes los subsaharianos, por ejemplo, recorren miles de kilómetros de noche para atravesar el desierto, salvar luego las vallas de la vergüenza o desafiar el Estrecho. Han dicho ¡basta! Y nadie los va a detener: hoy en pequeños grupos, mañana como nube de langosta penetrarán hasta el último rincón del Norte opulento si éste no renuncia y repara el expolio que los encerró en la miseria. Hay vencedores porque hay perdedores; es la esencia de la lucha competitiva en un mercado libre (¡la gran mentira, por lo demás!). La actuación depredadora del Norte sobre el Sur es de una tan desmesurada injusticia que el Norte no está legitimado para actuar como actúa, atrincherándose en su fortaleza con muros, vallas, metralletas, campos de represión, expulsiones… La presunta regulación, además de llegar tarde, filtra no a los que necesitan comer sino la mercancía de mano de obra barata que precisamos. Digan lo que digan los políticos demagogos y cínicos, las actuales barreras legales a la inmigración son INMORALES porque les niegan el derecho al pan después de habérselo robado. El margen de maniobra, pues, de que dispone nuestra conciencia particular para acogerlos aunque sea fuera de la ley es enorme y habría que organizar alguna protección jurídica de este derecho al comportamiento ético ilegal con los inmigrantes. A su vez, el margen de “ilegalidad” de que disponen ellos, también en conciencia, no tiene más límite que el de no ser “pillados”.

Sería, pues, un enorme avance si los inmigrantes pudieran acceder desde la actitud asustada y vergonzante a la segura y firme de quien está en su derecho ¿Derecho? Más bien obligación moral de conquista de un espacio de dignidad y supervivencia. Como dice la tradición bíblica que ocurrió a los hebreos que, huyendo del infierno egipcio, cayeron sobre las tierras cananeas de “leche y miel”. Que no esperen nuestros hermanos africanos, y con mayor razón si son creyentes, a la hora de ponerse en marcha en busca de pan y vida digna ningún permiso divino especial, ninguna revelación de lo alto; que ésas son conductas mágicas indignas de Dios. Si su conciencia adulta no les basta merecen ser informados y motivados. Para eso están las mensajeras y mensajeros del Jesús liberador (los misioneros) diseminados por toda África y cuya principal función hoy en día más que la de Aarón debiera ser, como en tiempos, la de Moisés: abrir los ojos del pueblo esclavo para que se sacuda el yugo y persiga la libertad.

Si los hebreos de hoy esperan un status de menor esclavitud por parte del faraón (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio,...), si esperan que los cananeos de hoy (el Primer Mundo) derriben voluntariamente sus vallas y murallas (Jericó) y les preparen festejos de acogida… esperan en vano: ¡no les aguantará el estómago y los hijos dejados atrás igualmente morirán de hambre! ¿Qué pueden entonces hacer? No se percibe cómo el llamado Tercer Mundo podría organizarse para reclamar lo suyo. Es claro que la única (¡la ÚNICA!) solución sería que la Bestia neoliberal responsable del des-orden económico mundial se hiciera el harakiri globalizando la justicia y la solidaridad.

Ahora bien, ni de las multinacionales ni de los Organismos internacionales aludidos que las sirven cabe esperar nada eficiente, como testimonia la historia reciente. Al menos a la medida de la urgencia real ¿O es inevitable y fatal que sigan muriendo 100.000 personas diarias de hambre o de enfermedades inducidas por el hambre? Ahora bien, existe, en mi opinión, un supuesto que no tiene vuelta de hoja: una subversión (en el mejor sentido) de las estructuras socio-económicas actuales defendidas con uñas, dientes y, cuando conviene, con armas por los poderosos, parece radicalmente impensable sin un movimiento ciudadano generalizado y contrario de fuerza incontenible. Un movimiento informado por una categoría ética de suficiente densidad ¿Es esto posible? ¿Existe algún mecanismo no violento capaz de desencadenar tan colosal proceso de cambio? ¿Hay alguna levadura tan potente para una masa humana tan átona y egoísta? Que nadie me hable de prédicas y menos por parte de una Institución que no se cree el Evangelio. Hacen falta signos fuertes, rotundos, contundentes… Signos que no se limiten a grandes concentraciones esporádicas y pasajeras como las de Seatle, Bombay o Porto Alegre, válidas para ir cambiando las conciencias poco a poco. No es suficiente el poco a poco .No existe hoy problema humano más grave ni de mayor urgencia. Lo gritábamos en las acampadas de la Castellana y de toda España. Pues bien, lo del 0,7 (y es sólo un símbolo) no cumplido por los países ricos amontona cadáveres en el fondo del Estrecho y ya lleva tiempo dejando jirones de carne en las vallas de Ceuta y Melilla y decenas de abandonados en el desierto.

Sería una buena idea la de abrir entre los lectores y sus amigos un concurso de acciones asequibles para gente de corazón. Es posible más de lo que creemos ¿Qué harían las autoridades si volvieran a sentir la presión de miles de acampados en parques y avenidas? ¿Cómo reaccionarían las familias si miles de jubilados se decidiesen a solidarizarse con los de Ceuta y Melilla y con los de las pateras compartiendo su desesperación con ayunos a pan y agua y visibilizaran su protesta con la i de “inmigrante” en la solapa? ¿Cosas insensatas? Queda abierto el turno de propuestas ¡Algo debemos hacer! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Juan Luis Herrero: herrero.pozo@telefonica.net

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